Domingo Milanesio nació en Settimo Torinese, Italia, el 18 de agosto de 1843, pasó su infancia trabajando en la huerta y haciendo canastas. A los 23 años se presentó a Don Bosco y le dijo que quería ser misionero, fue admitido como aspirante y profesó como salesiano en 1869, a los 26 años, en Trofarello. Con mucho empeño completó en poco tiempo los estudios para el sacerdocio. La consagración sacerdotal le fue conferida el 20 de diciembre de 1873 en Albenga. Trabajó como director del Oratorio Festivo de Valdocco.
En 1877, a los 34 años, formando parte de la tercera expedición misionera, dirigida por Costamagna, el padre Domingo Milanesio llegó a América. Pasó 3 años en la Boca del Riachuelo, Buenos Aires, allí sufrió la agresión de un apóstata de la fe cristiana, que puso en peligro su vida: fue herido de gravedad por un feroz golpe en la cabeza.
Monseñor Mariano Antonio Espinosa, vicario del arzobispo de Buenos Aires, creó en el año 1880 la parroquia de Viedma, que juntamente con las difíciles misiones de la Patagonia, fue encomendada a los salesianos. El primer párroco fue el padre Domingo Milanesio. Su jurisdicción abarcaba 800.000 kilómetros cuadrados. Su cargo duró sólo 3 años, en mayo de 1883 asumió Beauvoir.
En 1883, Milanesio comenzó a explorar, a caballo, el Neuquén y la Cordillera de los Andes. Visitaba las chozas de los indígenas para predicar el Evangelio, impartir sacramentos a las tribus y aliviar su mucha miseria. Alentaba a los colonos blancos a perseverar en la fe de sus antepasados. Cruzó al menos, en veinticinco oportunidades, las altas y peligrosas cimas de la cordillera de los Andes en busca de personal salesiano y medios econónicos para sostener la obra misionera. Visitó Chile en 1886, siendo el primer salesiano que pisó tierra chilena.
Milanesio estudió y logró hablar mapuzungun en 1885. Escribió catecismos y léxicos en lengua originaria. Valoraba los momentos de encuentro con los indígenas para aprender su lengua y hacer extensas anotaciones. Su método, lo humanizó poniéndose “a la par” en un ida y vuelta, en una suerte de alfabetización mutua.
El padre Raúl Entraigas dijo:
El padre Domingo Milanesio; italiano él, se encargó en soledad de descifrar el idioma de los aborígenes, ordenar alfabéticamente los vocablos, usos de armas, herramientas; la interpretación de gestos, sonidos guturales, sistematizó la región con dibujos y mapas, al final publicó, en 1915, un libro denominado: ‘Etimología araucana. Idiomas comparados de la Patagonia. Lecturas y Frasario Araucano’.
Fue mediador en la capitulación del cacique Manuel Namuncurá desde 1881 hasta 1884. El 12 de enero de 1883 el comandante Rufino Ortega escribió al gobierno nacional: “Namuncurá escapó de caer en poder del mayor O’Donnel”. Milanesio intervino: se entrevistó con embajadores del cacique y le envió una carta con fecha del 20 de abril de 1883 donde aprueba la decisión de “tratar la paz con las autoridades militares”.
Ante el problema de la posesión de las tierras para los pueblos originarios, propuso y gestionó un proyecto superador al modelo de reducciones: sugería una colonización agrícola en base a colonias mixtas, ofreciendo espacios de organización donde pudieran convivir criollos, inmigrantes e indígenas; espacios de contacto interétnico o entre grupos de diferente procedencia.
Esta idea entró en colisión directa con el modelo latifundista y ganadero impulsado desde el Estado Argentino. Por eso, a pesar de su astucia e inteligencia para buscar formas de inclusión, chocó con la indolencia de un Estado que no tenía conocimiento, ni interés en la realidad indígena.
Su experiencia de misionero itinerante durante 30 años le permitió conocer la realidad y expresarla. El proceso de invisibilización de los pueblos indígenas estaba en acto. El religioso veía que se vendían indiscriminadamente los terrenos para cubrir necesidades fiscales del Estado, como si no hubiera gente en ellas. Esto producía la concentración de la propiedad de la tierra en pocas manos y generaba un vaciamiento de la población existente en la Patagonia. “Se reemplazan personas por vacas”, decía el padre Milanesio.
En una, de sus cartas pide:
(...) que se le reconozca el derecho como primeros ocupantes de tierras fiscales, derechos a los que se han hecho acreedores por sus trabajos, aunque rudos, en el ramo de agricultura y ganadería. Es cierto que con sus pequeños ensayos han descubierto miles y miles de lugarcitos en donde producen las legumbres, pastos domésticos, hortalizas, etcétera. Ellos han sabido elegir el retazo de tierra más abrigado y de mejor clima y han señalado con eso la ruta que debe seguir el agricultor en mayor escala. Todo esto no tiene mérito?
Su objetivo siempre fue evangelizar y eligió un modo de hacerlo: aprender de la cultura, hablar el idioma y respetar la manera de vivir de los habitantes del lugar.
En 1886 y 1887 cruzó la cordillera de los Andes y visitó Chile junto con Cagliero.
El 24 de diciembre de 1888, en Chimpay, bautizó al hijo del cacique Namuncurá: Ceferino. En 1889 estuvo en Choele Choel. En 1890 se inaugura la misión de Bahía Blanca, Milanesio llega en mayo. Toma contacto con el hermano Rosetti. En sus misiones por la colonia Tornquist, La Vitícola, Sierra de la Ventana, Napostá, y el curso del Sauce Chico llevó al niño Esandi, quien luego sería el primer obispo salesiano. En 1890 en Viedma visitó a los reclusos.
En 1894 fundó la obra salesiana de Junín de los Andes y en 1897 viajó a Chile para recaudar fondos y traer las primeras misioneras para que se hicieran cargo, en Junín de los Andes, de un asilo para indiecitos y niñas pobres.
La libertad y la vida de este intrépido misionero estuvieron en peligro muchas veces. Supo llarmar la atención a los que abusaban de su autoridad en detrimento de los paisanos e indígenas, y por ello, tuvo que soportar la prisión.
El misionero no agradaba al gobernador de Río Negro, el general Lorenzo Vintter, y mientras estaba misionando en Choele Choel, una orden militar lo obligó a galopar casi 400 kilómetros hasta Viedma y quedó detenido. El padre José Fagnano logró liberarlo y lo "exilió" a Buenos Aires, hasta julio de 1885.
El padre Milanesio sufrió otra prisión en Chos Malal, detenido arbitrariamente del 1 de septiembre hasta 22 de noviembre de 1887 por el gobernador del Neuquén, el coronel Manuel José Olascoaga, que trataba de obtener dinero del misionero con la excusa de construir una capilla. Ya se había guardado en su bolsillo 20.000 pesos que le habían sido remitidos desde la Capital Federal para su construcción. Recuperada la libertad, el misionero construyó los caminos para traer los postes y otros materiales para la construcción de la capilla de Chos Malal, ésta se inauguró el 8 de diciembre de 1888.
Desde 1902 y hasta 1906 se encuentra en ltalia y en México, buscando fondos para las misiones.
En 1913 realizó sus últimas excursiones prolongadas. Resentida su salud, vio grandemente disminuida su posibilidad de acción. Se retiró a Viedma el año 1914, afectado de un reumatismo, un año después lo enviaron al Colegio Pío IX de Buenos Aires.
En 1920, se retiró al estudiantado de Bernal donde terminaría sus días. Sin embargo, no olvidó a los pueblos indígenas de la Patagonia. Por ellos siguió llevando adelante ingentes gestiones ante el Estado para lograr la propiedad de las tierras que ocupaban y defender sus derechos. Ese mismo año predicó en mapuzungun en una misa que se llevó a cabo en la Basílica de San Carlos y María Auxiliadora, con motivo del primer Congreso Nacional Indígena en el que tomaron parte delegados y caciques de distintas agrupaciones. En ese congreso se fundó la Asociación Nacional de Aborígenes (ANA) y tuvo repercusión en el Bolettino Salesiano, en su edición de noviembre de 1920.
Trabajó hasta el final de sus días, redactando sus memorias. Murió en Bernal, el 19 de noviembre de 1922, a los 79 años de edad, 49 de sacerdocio y 53 de profesión religiosa. Los restos mortales del “Patiru Domingo”, como lo llamaban los originarios, reposan en el templo parroquial Nuestra Señora de las Nieves de Junín de los Andes.
Bernardo Vacchina nació el 19 de marzo de 1859, en Revignano d' Astí, uno de los tantos pueblitos que rodean la capital del Piamonte, pertenecientes a la provincia de Alessandria, Italia. Hijo menor de una familia de campesinos.
Los primeros años de su infancia los pasó en la casa familiar y ayudando en las tareas campesinas. En esos tiempos la fama de Don Bosco, tanto como sus escritos y el trabajo educativo con los jóvenes pobres y abandonados se iba difundiendo en esa zona norteña italiana. Esto habría alimentando en Bernardo el deseo de conocer el Oratorio de Turín, al que ingresó en 1873.
Vacchina descubrió en Don Bosco una personalidad de un carisma y afecto que llamaron su atención. En 1875 cursaba el bachillerato, enfermó gravemente de tifus. Pero Don Bosco le vaticinó una larga y prolífica vida. Los tiempos que vivió en el oratorio fueron los años de la "euforia misionera por la patagonia”.
Vacchina llegó a América en 1880, tomó contacto con Luis Lasagna y fue encomendado a trabajar como secretario del nuncio, Monseñor Luis Matera. La experiencia no fue buena y pidió ser relevado.
Hacia el año 1882 Vacchina fue destinado a la comunidad de San Nicolás de los Arroyos. En abril, monseñor Aneiros, lo ordenó sacerdote.
Durante 1883, 1884 y 1887 residió en la parroquia San Juan Evangelista, primera parroquia salesiana de América, en el barrio porteño de La Boca. Interrumpidos en 1885 y 1886 en que residió en la comunidad de San Carlos del barrio de Almagro, donde trabajó en una experiencia de vanguardia que fue la implementación de la catequesis en los colegios estatales.
En 1887 Cagliero le pidió que se hiciera cargo de la parroquia de Viedma donde residió entre 1888 y 1892. Como párroco de Viedma, que era la casa central de las misiones del vicariato, el novel misionero tuvo que ir desplegando su creatividad para seguir afianzando la obra de la Iglesia en la región. Asumió la responsabilidad de abrir el colegio, el oratorio, hacerse cargo del cuarto grado, y de recibir a los primeros 12 pupilos “... entre los cuales cuatro eran indiecitos”. Intercedió ante las autoridades para mejorar el cementerio y empezó a recorrer los rancheríos en busca especialmente de los enfermos.
Como director de Viedma creó en 1889 su obra de mayor impacto social: el Hospital "San José" de Viedma. La precariedad de los pobladores se veía reflejada también en las severas dificultades de salud que experimentaban sobre todo los más pobres.
En 1891 realizó una misión itinerante en el sur de la provincia de Buenos Aires, jurisdicción de la parroquia de Bahía Blanca, a cargo del padre salesiano Miguel Borghino: por Coronel Suárez, Pigüé, Saavedra, Arroyo Corto, Torquinst, Napostá, Vitícola, Colonias rusas, Coronel Suárez, entre otras predicando, catequizando, casando, visitando enfermos y sobre todo preparando primeras comuniones.
Esta fue la única experiencia como misionero solitario de Vacchina, y de tal manera marcó su corazón, que escribió una memoria aparte para describir lo que vivió en esos días. Terminada su misión, se dirigió a Bahía Blanca a rendir cuenta al párroco, y transcribir los datos de la administración de los sacramentos realizados. Luego de culminado este trámite se dirige a Buenos Aires. Allí, en 1892 recibió la designación como capellán del Chubut.
Vacchina tomó posesión de la misión de Rawson el 4 de diciembre de 1892 en un informe del 26 de diciembre que remite al vicario con los proyectos a realizar que podemos sintetizar en:
• Abrir dos colegios, uno para niños y otro para niñas a cargo de los salesianos y las Hijas de María Auxiliadora respectivamente.
• Abrir un pequeño pupilaje y una escuela de Artes y Oficios... para los indios, para los católicos y para los protestantes...;
• Abrir una enfermería para los adultos;
• Pide recursos para emprender la expedición al interior de la provincia, para comenzar la evangelización de los aborígenes que "... es la obra máxima y la que importa mayores sacrificios".
La primera concreción será la atención de los enfermos, que del mismo modo que en Viedma, se fue dando espontáneamente. Poco a poco se fue constituyendo en algo permanente que fue dando forma a lo que sería el hospital "Buen Pastor" de Rawson. A mediados de 1893 ya funcionaba la escuela de varones. Al poco tiempo, y aprovechando la visita del padre Domingo Milanesio en Rawson, Vacchina parte a Buenos Aires con el fin de conseguir recursos para afianzar la misión y traer a las Hijas de María Auxiliadora para abrir el colegio de niñas. En la Capital logra reunirse incluso con el presidente Sáenz Peña, que le ofrece una importante ayuda económica. No tuvo tanto éxito en el Consejo Nacional de Educación ante una propuesta suya de hacerse cargo de los colegios nacionales de la zona, la cual fue rechazada. Llegó Vacchina a Rawson el 18 de noviembre, con medios materiales y cuatro hermanas, que a los pocos días, el 20 de noviembre, abrieron el colegio para niñas.
Hacia junio de 1894 el presidente Luis Sáenz Peña firmó un decreto donde determinaba que los menores delincuentes o depositados (huérfanos) les serían entregados a la custodia de los R.P. Salesianos o a las Hijas de María Auxiliadora. De modo que ya para octubre de 1894 tenían gran cantidad de niños originarios y galeses.
En 1895 se nombró gobernador a Eugenio Tello, quien con sus decisiones gubernamentales benefició a la obra salesiana. Trabajaron juntos en la construcción del cementerio de Rawson y realizaron una travesía a lo ancho, por primera y única vez del territorio a su cargo. Será para Vacchina la experiencia más importante por el contacto con las poblaciones aborígenes en su medio ambiente.
En diciembre de 1897 llegó a su antiguo primer destino patagónico con el cargo de director de la casa central de las misiones y provicario-delegado del obispo. El motivo del traslado del padre Bernardo fue que, en el traslado del gobernador de ese territorio, don Eugenio Tello, de Chubut a Río Negro, habría dicho al obispo: "No vendré si no viene también el padre Vacchina”. La intención tanto del nuevo gobernador como del vicario era repetir la experiencia del trabajo mancomunado que habían tenido en el Chubut. El misionero fue encargado de preparar la fiesta de bienvenida al nuevo gobernador, que llegaba a esa ciudad a principios de 1898. Este hecho no fue muy bien visto por los anticlericales y liberales de Viedma y sospechaban de cierta obsecuencia del gobernante ante el poder eclesial.
Esto trajo como consecuencia una marcada hostilidad de un sector de la población, que se extendió a lo largo de los años, canalizada sobre todo a través de la prensa local.
Vacchina trabajó como provicario o delegado y de Director del colegio. Los pupilos estudiantes y artesanos llenaban la casa; también la casa de las Hijas de María Auxiliadora estaba repleta de postulantes, novicias, profesas, pupilas, externas, señoritas depositadas por la autoridad. Las confesiones y sermones eran incontables. Monseñor Cagliero con frecuencia se ausentaba para sus apostólicas excursiones quedando Vacchina con sobrecargo excesivo de trabajo.
Vacchina visitaba a los presos, como capellán de la cárcel de Viedma llevaba “diarios, libros, cigarros, fruta y remedios de la enfermería” “me los gané y deseaban que los visitara con más frecuencia”. MV 14 f. 4 y 5 r.
El 17 de mayo de 1903 comienza a publicarse el periódico “Las Flores del Campo”, que sirvió, sobre todo para contrarrestar los ataques de la prensa, contraria a la misión católica. En el mismo año comienza las actividades del Círculo Católico de Obreros de Viedma, buscando integrar a la comunidad eclesial a un sector que se había mostrado reacio y contrario a la iglesia.
En la segunda mitad de julio de 1899, el desborde de los ríos Negro y Chubut, arrasó prácticamente con las más importantes poblaciones de la Patagonia septentrional. En Viedma todo el personal de la misión debió ser evacuado. En la correspondencia con Cagliero, Vacchina se muestra “destrozado” porque “nuestras misiones ya no existen”, “lo que me aflige y destroza mi corazón, es el abandono en que necesariamente han de quedar tantas almas, tanta juventud que sin nuestros pobres trabajos y nuestros colegios, han de ser víctimas del vacío y de la impiedad”. BS 1899, 266.
Cagliero le sugirió visitar Italia para pedir ayuda económica. Fue en noviembre y volvió en diciembre de ese año, con remedios, aportes económicos y maquinarias para los talleres.
El entusiasmo por el retorno de Vacchina se demuestra por algunas acciones inmediatas; las crónicas de la casa nos cuentan que el 5 de diciembre “principian a levantar los talleres de zapateria y carpintería”; el 7, “se confesó toda la tarde”; el 8 “Fiesta de la Inmaculada; Gran solemnidad” el 16 “se instalaron los talleres de sastreria y carpintería”. Con el primer día del año 1905, comienza a salir el periódico “La Cruz del Sur”, publicación análoga a la realizada en Viedma, y con los mismos objetivos. El 9 de febrero de 1908 se comenzaba con la atención sistemática y continua de los presos de Rawson, iniciativa que también imitaba a la hecha en Río Negro.
Se funda el Colegio Domingo Savio y apoya la creación del Colegio María Auxiliadora de Trelew.
Este brío que siempre lo caracterizó se comenzaba a opacar. Vanzini, su biógrafo, lo cuenta así:
“El valiente misionero de antaño, ya siente que no puede más, y tiene terror que su salud y el mal carácter que le provoca, hagan derrumbar lentamente lo construído con tanto esfuerzo. Así, en el año 1917 deja Vacchina la tierra que lo vio crecer como hombre, como misionero.”
No se sabe mucho de los últimos años. Si bien descansó algún tiempo en Asunción del Paraguay, se instaló en La Boca, Buenos Aires, desde donde dirigió la publicación parroquial “La Verdad”.
Falleció en 1935, a los 76 años de edad.