Santiago Costamagna nació en Caramagna, pequeño poblado a treinta kilómetros de Turín, el 23 de marzo de 1846. Tenía doce años cuando lo enviaron a Turín para que estudiara con Don Bosco, quién era conocido del párroco y de los feligreses de Caramagna por las visitas que había realizado a ese pueblo en los famosos “paseos otoñales”.
Ingresó al oratorio en 1858. Además de adelantar en el estudio, se fue perfeccionando en la música. Don Cagliero fue su profesor de música. Don Bosco produjo en él, por su paternidad, cercanía y afecto, una verdadera fascinación.
Así fue transcurriendo su vida entre el estudio, la oración, la alegría de los recreos y la música. Descubrió que se sentía llamado a seguir con Don Bosco en el oratorio, para darles a muchos jóvenes la oportunidad de una vida plena; de un encuentro real con Jesús, como él mismo había experimentado y disfrutado. Siendo ya clérigo, Don Bosco lo envió al colegio San Felipe Neri, de Lanzo. Allí ejerció como maestro de música, y compartió la vida con otros clérigos que se transformarían en amigos y compañeros en las tierras de misión: Luis Lasagna y José Fagnano.
El 28 de junio de 1868 recibió el diaconado, y el 18 de septiembre el sacerdocio. El 23 de septiembre de 1870 hizo los votos perpetuos como salesiano.
Llegó a Mornese el 6 de noviembre de 1874, enviado por Don Bosco como director espiritual de la entonces casa central de las Hijas de María Auxiliadora. Se consagró al acompañamiento del naciente Instituto, y pudo ser testigo de la ejemplar santidad de Madre Mazzarello.
En 1877 Don Bosco preparaba la tercera expedición misionera a Buenos Aires, y pensó en él para encabezar el grupo de diecisiete salesianos y la primera expedición de Hijas de María Auxiliadora: seis salesianas de Mornese, entre ellas sor Ángela Vallese. Ese mismo año se embarca junto a otro salesiano para venir a la Patagonia en el vapor Santa Rosa y naufragan. Se salvan de milagro, frente a las costas de Mar del Plata.
Después de muchas peripecias, y contando con el aliento y la insistencia de Don Bosco, el 17 de abril de 1879 inició la marcha hacia la Patagonia acompañando la expedición al desierto del general Julio Argentino Roca, junto con monseñor Espinosa y el clérigo Luis Botta, llegando hasta Choele-Choel, y realizando numerosos bautismos que dejó registrados en un cuaderno.
El 25 de mayo, le escribe a don Bosco:
Mientras llegan los otros compañeros de misión, ya estoy catequizando algunas pobres indias, a las que se les han muerto los patrones, los padres y los esposos. ¡No se extrañará por tanto, si alguna vez, armado con la caridad de Cristo, grite contra esta barbarie civil…!”.
Dejé que todos celebraran la fiesta patria del 25 de mayo y busqué enseguida a mis indios prisioneros de guerra para catequizarlos.
La miseria en la que los encontré es algo extraordinario. Algunos estaban semidesnudos y no tenían más que una piel de carnero para cubrirse; no tenían toldos y dormían al descubierto sin ningún reparo; una sucia vejiga que llenaban de agua les hacía el oficio de botella y de vaso al mismo tiempo, ¡pobrecitos!
Al verme llegar me rodearon enseguida hombres y mujeres, niños y niñas, y todos juntos formábamos un grupo tan original que el mismo ministro (Gral. Julio Argentino Roca) lo quiso ver un día y mandó que se sacase una fotografía.
El 4 agosto de 1880 falleció el padre Francisco Bodratto, primer inspector de la Argentina. Inmediatamente nombraron a Costamagna como nuevo superior de América. Fueron años de muchísima actividad, donde acompañó el trabajo de sus hermanos salesianos. En 1881 le tocó visitar las casas de Uruguay, donde pudo comprobar la espiritualidad y sacrificio de las nacientes comunidades. En 1883 visitó Valdocco, y allí vio por última vez a Don Bosco.
En 1886 acompaña a Mons. Cagliero a entrevistarse con el Presidente de la Nación: Julio Argentino Roca.
El 6 de marzo de 1887, el padre Santiago Costamagna, inició la misión salesiana en Concepción, Chile. Desde hacía unos años se estaba escribiendo con Blas Cañas y había aceptado el patrocinio de la obra.
En 1890 Don Rúa lo llamó a Italia para encabezar una nueva expedición misionera. En esa oportunidad, delegó en él la facultad de visitar las casas del Pacífico, las repúblicas de Chile y Ecuador. Pudo ver la expansión de la obra de Don Bosco en tantas regiones de América del sur. Mientras tanto, seguía ejerciendo su servicio de inspector en Buenos Aires.
Fue consagrado obispo el día 23 de mayo de 1895 en la Iglesia de María Auxiliadora de Turín.
Llegado a Buenos Aires, parte el 15 de enero de 1896 para fundar la Primera Casa Salesiana en Bolivia-La Paz y en Sucre. En 1897, Mons. Costamagna será nombrado Vicario General del Rector Mayor Don Rúa para las casas de la Costa del Pacífico e Inspector de la Nueva Inspectoría Chileno-Peruana y Boliviana.
Recién a mediados de junio de 1902 obtuvo permiso del gobierno de Ecuador para visitar, sólo por tres meses, a los misioneros afincados en el vicariato apostólico de Méndez y Gualaquiza. En esa oportunidad se embarcó en el puerto del Callao rumbo a Guayaquil, y de allí pasó a Cuenca a lomo de mula. Hasta Cuchil, último puesto poblado, los acompañaron tres soldados: ahí les pidió que regresaran, para que la cruz entrase en el vicariato sin la compañía de la espada. Tuvo contacto con los naturales del lugar y pudo observar la tarea abnegada de los misioneros. La segunda visita al Ecuador la pudo comenzar el 22 de agosto de 1903, recorriendo el vasto territorio de Azuay y del Guayas. Luego visitó Panamá, donde se embarcó para San Salvador. Volvió a Turín en 1904 para participar del Capítulo General X de la Congregación Salesiana. Terminado el mismo se embarcó para la Argentina, adonde llegó los últimos días de 1904, continuando el viaje para Chile y las costas del Pacífico con el carácter de visitador para el que lo había reelegido Don Rúa.
Permaneció en Buenos Aires desde 1910 hasta mediados de 1913. El 16 de agosto de 1912 se encuentra en Bahía Blanca, donde iniciaron las obras de la nueva iglesia del colegio Don Bosco. Monseñor Santiago Costamagna bendijo y colocó la piedra fundamental de lo que sería el templo del “Sagrado Corazón de Jesús”.
El 11 de junio de 1914, entró definitivamente a Méndez y Gualaquiza, Ecuador. Se dedicó al estudio del idioma jíbaro y se consagró a la redacción y traducción de un catecismo en ese idioma. Recorrió todo lo que pudo el vicariato, y trató de acompañar paternalmente a los misioneros.
A mediados de 1918, sintiendo que su salud declinaba, presentó su renuncia a la Santa Sede y regresó a Buenos Aires. En 1920, habiendo sufrido una operación el padre Vespignani, éste le pidió que hiciese la visita canónica a las casas salesianas de la inspectoría: las de la ciudad de Buenos Aires, San Nicolás, Rosario, Córdoba, Rodeo del Medio, Salta, Tucumán y las casas de la Patagonia. Al regresar a Buenos Aires vivió en la casa de formación de Bernal, acompañando novicios y formandos.
En julio de 1921 encargó la nueva edición de sus “Alabanzas a María” donde entre muchísimas obras musicales en honor a la Virgen, destaca el conocidísimo “Venid y vamos todos con flores a María”.
Monseñor Santiago Costamagna falleció en Bernal el 9 de septiembre de 1921, sin embargo sus composiciones musicales y su obra misionera siguen hablándonos e invitándonos a continuar la obra de Don Bosco.
Mendez y Gualaquiza, Ecuador
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