Série 2 - Escritos

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AR AHS ARS/BB 4.BrJ.2

Título

Escritos

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Nome do produtor

(1870 - 1944)

História biográfica

José María Brentana nació en Chiari, Brescia, Italia, el 14 de marzo de 1870, en una familia profundamente cristiana. Entró en el seminario diocesano y en 1886 recibió el hábito eclesiástico.
José María era un asiduo lector del Boletín Salesiano a través del cual conoció las aventuras de los primeros misioneros en la Patagonia. A sus compañeros de seminario les comentaba sus lecturas. Un buen día, improvisadamente, manifestó a las autoridades del seminario su vivo deseo de hacerse misionero salesiano. Inútiles fueron los esfuerzos y los ruegos de los superiores para que desistiera. Guiado por su férrea voluntad, dejó el seminario ese mismo día.
Ya en su casa, le dijo a los padres y parientes de su ideal, y éstos, algunos años más tarde, le permitieron ingresar en el Oratorio de Turín, donde fue recibido por don Miguel Rúa el 20 de octubre de 1888.
José María estuvo en el oratorio solamente un año. Con la expedición del mes de noviembre de 1889, partió de Turín para América. Arribó a Montevideo y de ahí a Paysandú. Enseguida aprendió el castellano. Hizo su noviciado en Villa Colón en 1890 y el 3 de octubre de 1894 hizo la profesión perpetua. Aún estudiante, su nuevo destino fue Bahía Blanca.
Cuando llegó Brentana a Bahía Blanca, era apenas un pueblo de tres mil habitantes. Si bien los salesianos ya iban disipando el sectarismo y la indiferencia religiosa, eran muy pocos los que concurrían a la parroquia. Brentana, recorría las polvorientas calles del pueblo tocando una campanilla e invitando a concurrir al oratorio. Como por arte de magia, decenas de niños y jóvenes, atraídos por su sus modos suaves y su natural afabilidad llenaron el oratorio, y su alegría y entusiasmo invadió la población. El programa era muy simple: un poco de catecismo, alguna oración, y en seguida, función de títeres.
Ya ordenado sacerdote en Viedma en 1895, trabajó sucesivamente en Carmen de Patagones y en Bahía Blanca con admirable dedicación a su ministerio sacerdotal.
Retornó a Viedma y tuvo a su cargo la dirección del semanario "Flores del Campo", poniéndose en evidencia como escritor y periodista. Pero donde más se manifestó su fibra misionera por más de 25 años fue en el valle superior del río Negro. Misionó en General Roca, Allen, Cipolletti, Neuquén, Cinco Saltos, Contralmirante Cordero. Todos: ricos y pobres, jóvenes y viejos, y también los indiferentes y hasta los opositores, admiraban la bondad de su corazón y su sencillo y humilde modo de proceder. Supo conquistar el aprecio de los ferroviarios: todo el personal lo respetaba sin distinción de jerarquías. Católicos o protestantes, sin medir distancias, lo visitaban para informarse de su estado de salud o pasar un rato en su compañía. En el tren lo rodeaban, le manifestaban su aprecio y admiración y la alegría de verlo. Más de una vez se paró el tren en pleno descampado o retardó su salida de la estación al ver llegar jadeante al Padre José . En el tren le pedían el pasaje y como no lo tenía, ni disponía de dinero para pagarlo, le secuestraban la valija, para devolvérsela luego, llena de regalos.
No tuvo nunca dinero, no comió ni durmió con regularidad, no se concedió nunca una sola hora de distensión. Nunca tuvo fijos un lecho, una mesa y una cocina. Muchos fueron testigos de cómo vestido pobremente y calzado con alpargatas, hacía largos caminos de a pie para cumplir con su ministerio sacerdotal en los diversos pueblos. Lo que recibía de la caridad para que se vistiera y calzara, antes de llegar a casa, ya le había servido para socorrer a algún pobre o enfermo.
El padre José María era un hombre de erudición no común; estaba siempre al corriente de las novedades culturales, especialmente ascéticas y místicas, y era capaz de sostener conversaciones brillantes sobre muchos temas del saber humano.
Con los años, había quedado sordo, con los ojos muy debilitados y con la voz tan cascada que era difícil entenderlo. Por eso pasó a la casa de Fortín Mercedes, donde se vio rodeado por el afecto de los hermanos, de los estudiantes, novicios y aspirantes.
Sus males se fueron acentuando, especialmente la diabetes. Esto obligó a internarlo en el hospital salesiano San José de Viedma. Los médicos y los salesianos le dispensaron todas las atenciones del caso. Falleció el 7 de marzo de 1944 en Viedma, a los 74 años de edad.
Sus restos descansan ahora en el templo parroquial San Juan Bosco de la ciudad de Cipolletti.

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Âmbito e conteúdo

Entre los escritos de Brentana se encuentran recibos, notas, recordatorios y otra documentación administrativa. También se encuentra un escrito titulado: “Memoria de las Misiones Salesianas de la Patagonia. Narradas por el p. Brentana al clérigo Osvaldo Francella. Bahía Blanca. Desde el año 1857 en que se fundó la parroquia de Bahía Blanca”. Se refiere a parajes como Algarrobo, Saavedra, Médanos, Tornquist, Pigüé, Arroyo Corto, Puerto de Ing. White. También comenta la visita de Cagliero, el conflicto con la prensa bahiense y la muerte edificante de Esteban Vitalini.
Entre los escritos sobre él se encuentran: “Recuerdos del p. José M. Brentana” (1952) por el p. Giacomini (cuaderno II manuscrito). “Recuerdos del p. José M. Brentana” por p. Garnica (cuaderno manuscrito). “Recuerdos del Rev. P. Brentana” por p. Arrio (cuaderno I y cuarderno II manuscrito). “Para una biografía… El Apóstol del Valle”, mecanografiado. “Para una biografía… Breves referencias al p. Brentana”, mecanografiado. Recorte periodístico del “Diario La Nueva Provincia” sobre su necrologio (8/03/1944). Recorte periodístico “El hombre que paraba el tren” por el p. Entrigas (7/3/1954). Otros artículos periodísticos sobre p. Brentana. Entre los testimonios se encuentran: testimonio mecanografiado original del sr. Glez Dorrego y Medela sobre p. Brentana. Testimonio manuscrito del sr. Augusto Rabola. “Los títeres del padre José María”, escrito mecanografiado del Sr. Domingo Pronsato y una hoja dibujada como programa, entre otros…

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