Showing 35 results

Geauthoriseerde beschrijving
Beauvoir, José María
AR-AHS ARS/BB ISAAR 4.BJo · Persoon · 1850 - 1930

José María Beauvoir, nació en Alassio, Reino de Piamonte, el 1 de junio de 1850. Ingresó al Oratorio el 18 de octubre de 1866. Allí estudió, obteniendo el título de maestro elemental.
El 9 de octubre de 1869 ingresó al noviciado. Recibió el hábito talar de manos de don Miguel Rúa, el 18 de marzo de 1871. El 16 de septiembre de 1873 hizo la primera profesión religiosa y, la profesión perpetua, el 16 de mayo de 1876.
Ya salesiano, fue maestro y asistente y, al mismo tiempo, estudiante de Filosofía y Teología. El 15 de septiembre de 1875 recibió el subdiaconado en Casale; el diaconado en Alberga el 7 de noviembre y fue ungido sacerdote por monseñor Manacorda en Fosano, el 18 de diciembre de ese mismo año. Se desempeñó como docente en Alazio desde 1876 a 1878.
Por invitación de don Bosco partió hacia América como misionero. El 2 de enero de 1879 acompañó la cuarta expedición misionera de Salesianos y la segunda de las Hijas de María Auxiliadora, recalando en Montevideo y en Buenos Aires.
Su primer campo de apostolado americano fue el incipiente colegio de San Carlos de Almagro: allí ejerció la docencia y prestó su colaboración como vice-párroco en la parroquia salesiana que se extendía hasta la localidad de Flores.
Fue trasladado a La Boca, donde enfermó a principios del mes de agosto de 1881. Ese mismo mes, si bien convaleciente, fue enviado a acompañar al padre José Fagnano a Carmen de Patagones, arribando el 30 de agosto de 1881.
Ese mismo año, el padre Beauvoir inició, junto al padre Domingo Milanesio, su primera gira apostólica a Guardia Mitre. Por desavenencias entre ambos regresó a Viedma y el 30 de agosto de 1882 inició una nueva excursión misionera a lo largo del Río Negro. Visitó Cubanea, Pringles, Fortín Mercedes, Conesa y Choele Choel.
El 11 de ese mismo mes, emprendió una nueva gira en una expedición más extensa, hasta el fuerte General Roca, donde estaba acantonado el ejército y habitaban varias tribus. Allí se incorporó a las tropas del general Conrado Villegas como capellán. El 1 de enero de 1883 celebró la Eucaristía a orillas del río Collón Curá y el 4 partió hacia la cordillera hasta las orillas del lago Nahuel Huapi, donde catequizó a la tribu de Curruhinca. El 20 de mayo ya estaba de regreso en General Roca, y poco tiempo después, en Viedma.
Un confuso acontecimiento, en medio de la persecución religiosa que acontecía en el país, el padre Beauvoir, entonces párroco de Viedma, tuvo que emigrar a Buenos Aires, porque las autoridades militares lo culparon a él del incendio de la iglesia.
Creadas la Prefectura y el Vicariato Apostólico, en 1884 el arzobispo de Buenos Aires lo nombró primer capellán del territorio nacional de Santa Cruz. Allí realizó el primer casamiento de la región. En marzo de 1886 fue enviado por monseñor Juan Cagliero, junto al padre Ángel Savio, a la gobernación de Santa Cruz, convirtiéndose en los primeros en ejercer la enseñanza en la provincia.
Ese año recorrió el estrecho de Magallanes junto a una comisión enviada por el entonces gobernador, Carlos Moyano al Cabo Vírgenes.
En 1887 los padres Beauvoir y Savio regresaron a Puerto Deseado en el vapor “Magallanes”. Fuertes vientos provocaron el naufragio de la nave cerca del puerto. Los viajeros y tripulantes fueron rescatados por el navío chileno “Mercurio” en viaje a Punta Arenas. Repuestos del susto viajaron a Ushuaia.
Fue también fundador de la Presencia Salesiana de Río Gallegos en 1888 y precursor de la Obra Salesiana en San Julián.
El 11 de noviembre de 1893 el P. Beauvoir con los otros primeros misioneros: los hermanos coadjutores Antonio Bergese, Pablo Ronchi y Juan Ferrando, fundaron La Candelaria. Se instalaron en Barrancos Negros, al margen norte del Río Grande y en 1894 se mudó a Los Chorrillos donde Beauvoir reside hasta agosto de 1896, año en que viajó a Italia, llevando al Archivo Central las crónicas de la misión. En diciembre de ese año, la misión se incendió.
En todo este proceso los salesianos constataron que las matanzas hacia los originarios no cedieron y no dejaron de denunciarlas: Beauvoir, Borgatello, Carvajal, Migone, Bernabé y Fagnano denuncian el pago de los estancieros por cada “cabeza de indio”. Beauvoir, en sus memorias escribe: “Para que los indios, acosados por el hambre, no roben ovejas, los estancieros contaban con cuadrillas de peones a caballos que, armados de buenos rifles y cuchillos, recorrían todo lo largo de los alambrados; y a cuantos desgraciados indígenas les venían a la vista, les daban balas hasta alcanzarlos, y cortándoles las cabezas, se las llevaban al dueño, que les daba por cada una de ellas, una libra esterlina”.
Retirado a Punta Arenas, Chile, pensó dejar constancia de toda su experiencia y comenzó a trabajar en escritos sobre lingüística y etnografía. Publicó en 1900 su “Pequeño diccionario de idioma fueguino Ona”, editado en Buenos Aires por la Escuela Tipográfica Salesiana, con un amplio éxito en los ambientes científicos de su época y que aún hoy es estudiado por científicos y lingüistas en el ámbito académico.
En 1907 publicaron en Turín su segundo libro: “Pequeño álbum de retratos de aborígenes fueguinos y patagónicos y de varias apreciaciones de las misiones salesianas de la Patagonia Meridional y de la Tierra del Fuego, editado también por la Escuela Tipográfica Salesiana.
En 1915 apareció en Buenos Aires su tercera publicación: “Los Onas, tradiciones, costumbres y lengua”. Seis años más tarde, en 1921, publicó en Puerto Deseado, su residencia en ese tiempo, su cuarto y último escrito: “Leyendas Onas”. En esta población construyó y fundó en 1926, el colegio salesiano San José.
José María Beauvoir falleció el 29 de abril del año 1930, en Buenos Aires.

Crestanello, Augusto
AR-AHS ARS/BB ISAAR 4.CA · Persoon · 1862 - 1925

Augusto Crestanello nació en Pressana, Vicenza, Italia, el 24 de marzo de 1862. El Colegio Salesiano de Valsálice lo acogió como alumno el 25 de noviembre de 1888. El mes de septiembre de 1890 fue novicio en Foglizzo, para hacer su profesión perpetua en Valsálice el 3 de octubre de 1891. En 1893 llegó a la República Argentina.
En menos de un año recibió todas las órdenes sagradas de manos de monseñor Cagliero en 1894 y el sacerdocio en 1895.
Formado en la escuela de don Bosco y de don Rúa adquirió un conocimiento profundo del Sistema Preventivo que puso en práctica en su misión.
En 1897 el padre Augusto Crestanello ya se encontraba en Junín de los Andes, fue encargado de la obra durante las muchas y prolongadas ausencias del padre Milanesio. Construyó una modesta casa para las hermanas, contigua a la misión salesiana. Fue confesor de la beata Laura Vicuña y su primer biógrafo. Registra su fallecimiento en 1904.
En marzo de 1911 fue destinado a Bahía Blanca. Pero en 1912 lo encontramos como prefecto en Viedma.
En 1913 pasó a Comodoro Rivadavia alquilaron una casa de 4 habitaciones y ahí mismo, abrieron una escuela. “El día 13 de abril de 1914 aparecía sobre la puerta de la calle de la casita la inscripción ‘Colegio Salesiano’ y el 4 de marzo del mismo año comenzaban las clases.” Ese mismo año le ponen el nombre de Miguel Rúa en homenaje al primer sucesor de San Juan Bosco. El Padre Crestanello fue su fundador y director.
Entre 1918 y 1922 fue director de la casa de Rawson, terminó la construcción del templo parroquial y fundó la asociación de exalumnos de Don Bosco de esa localidad. En ese período oficiaba como confesor de la casa de Trelew.
Luego regresó a Comodoro Rivadavia donde permaneció hasta su muerte, acaecida el 25 de julio de 1925, a los 63 años de edad. 30 de sacerdocio y 34 de profesión.

Stefenelli, Alejandro
AR-AHS ARS/BB ISAAR 4.SA · Persoon · 1864 - 1952

Alejandro De Stefenelli nació en Fondo, Val di Non, Trento, Italia, el 15 de diciembre de 1864. Fue el séptimo de doce hijos del doctor Enrique De Stefenelli y Catalina De Stefenelli. Su padre, quien ejercía la profesión de médico comunal, falleció cuando Alejandro tenía once años. Tres meses más tarde falleció su mamá. Él y sus siete hermanos (cuatro fallecieron tempranamente) quedaron al cuidado de su tío paterno, Guido De Stefenelli, sacerdote, quien se preocupó de que sus sobrinos recibieran una esmerada educación.
En la mente joven de Alejandro se encontraban y oponían varias tendencias con respecto a su futuro. Amante de la matemática, la mecánica y del arte de construir, deseaba ser ingeniero, pero a menudo se veía misionero en países lejanos, predicando y a la vez, construyendo casas, hospitales e iglesias.
Su párroco, que era Cooperador Salesiano, le habló de don Bosco y le propuso que vaya a vivir y estudiar en el Oratorio de Turín. Su tutor, el tío Guido De Stefenelli, se opuso terminantemente considerando que ni el ambiente ni el cura turinense tenían el nivel social que quería para su sobrino. Pero Alejandro y el párroco insistieron hasta conseguir el permiso para llegar a Turín a modo de prueba: iría a conocer a Don Bosco y ver si se adaptaba a la forma de vida del Oratorio. Como reaseguro llevaba en su bolsillo el dinero para comprar el boleto de regreso.
Alejandro De Stefenelli ingresó en el Oratorio el 15 de marzo de 1879. Evidentemente, el estilo de vida era muy diferente al de su casa: la pobreza y austeridad, la dieta poco atrayente, la rusticidad de los utensilios de latón y madera chocaron con sus costumbres señoriales. Incluso el clima de Turín le generó serios problemas de salud en la piel y consecuencias pulmonares. Pero el ambiente de estudio y alegría y el acompañamiento espiritual de don Bosco, terminaron definiendo el camino a seguir.
Según las costumbres de la época y con diecisiete años de edad, el 4 de noviembre de 1881, recibió la sotana de manos de don Bosco y el 11 del mismo mes inició el noviciado. El 7 de octubre de 1882 hizo su profesión perpetua. En 1884 terminó sus estudios de filosofía, al tiempo que había profundizado en sus ciencias preferidas: matemática, física y química.
Don Bosco y monseñor Juan Cagliero, recientemente designado Vicario Apostólico de la Patagonia septentrional y central, recibieron del padre Denza, barnabita de Moncalieri - insigne físico y astrónomo - la solicitud para que los Salesianos fundasen en la Patagonia una red de observatorios metereológicos. Ante esta propuesta, Don Bosco eligió a Alejandro De Stefenelli para capacitarse como meteorólogo.
El 1 de febrero de 1885, partió con Juan Cagliero hacia la Patagonia. Durante el viaje desde Marsella a Buenos Aires, Stefenelli, que ya había renunciado al “De” de su apellido señorial, tuvo que cambiar el lugar de su destino misionero, de Tierra del Fuego a Carmen de Patagones.
El 8 de junio de 1885 arribó al muelle de Carmen de Patagones. Instaló el observatorio e hizo estudios climatológicos de la región. En el último semestre de 1885 el observatorio funcionó con regularidad, cumpliendo sus tres observaciones diarias, con los cálculos respectivos y enviando los registros al padre Denza, en el Observatorio Moncalieri.
Stefenelli realizaba las puntuales mediciones sin interrumpir sus numerosas horas de clase en el colegio “San José”. Sus colaboradores fueron los marinos de la guarnición en el puerto de Patagones, particularmente el comodoro Martín Rivadavia, jefe naval del puerto.
El de Patagones se convirtió en el primer observatorio permanente y técnicamente organizado de la Patagonia, lo que en 1887 le valdrá al clérigo Stefenelli, el diploma de Socio Efectivo de la Sociedad Meteorológica Italiana.
En ese mismo tiempo, tal como lo hacían los misioneros itinerantes, recorrió a caballo el valle inferior del río Negro. Y, en 1888, remontándose en barco, acompañó al padre Andrés Pestarino al fuerte General Roca, que entonces era un pequeño pueblo-guarnición de apenas mil habitantes.
En 1889 fue ordenado, con pocos días de diferencia, subdiácono, diácono y sacerdote, de manos de monseñor Cagliero en Carmen de Patagones. Fue la primera ordenación sacerdotal al sur del Río Colorado.
Él mismo se ofreció para quedarse como capellán permanente del fuerte General Roca. Consciente de que no sería tarea fácil relata en sus memorias: “preparé cuatro caballos, puse en mis alforjas el altar portátil, objetos de devoción, catecismos, medicinas y la máquina fotográfica”. La primera noche durmieron en el suelo con los aperos. Al día siguiente, les regalaron dos bolsas; las que llenaron de pasto y en adelante fueron sus “cómodos colchones”.
Y sigue recordando el misionero en sus memorias:
“Era urgente preparar la escuela tanto más que la del estado estaba cerrada por falta de maestro. Con diez tablones construí cinco bancos con patas clavadas en el piso que servían para los alumnos y los fieles. Un cajón vacío sirvió de púlpito para la sacristía. Así, con una silla para el maestro, la escuela fue inaugurada el 20 de julio con catorce alumnos, que a fines de agosto, fueron ya veintisiete.”
Y con un proyecto apenas iniciado, comenzó a planificar otro... Había muchos niños abandonados que vagaban por el pueblo y, analizando la potencialidad que ofrecía la naturaleza, sintió la necesidad de fundar una escuela de agricultura, considerando que sería mucho más útil que una escuela de artes y oficios.
Las fechas siguientes dan una clara impresión del ritmo de trabajo de aquellos tiempos fundacionales: en 1889 el padre Stefenelli pone en marcha no solo el colegio San Miguel, sino también la primera parroquia de General Roca. Ese mismo año, un estudio minucioso realizado por el ingeniero Francisco Dehais, registra que “el cura realiza el primer riego en todo el alto Valle de Río Negro. Con una noria construida con tachos de cinco litros comprados en Buenos Aires alcanza a regar seis hectáreas de los lotes 255 y 256, de cien hectáreas cada uno”.
En la Pascua de 1890 se bendijo la piedra fundamental de la nueva iglesia de San Miguel. Ese mismo año, 18 de julio, con un carromato que le prestaron en Patagones y una tropilla de caballos, también prestada, llevó hasta General Roca a las primeras Hijas de María Auxiliadora que luego fundarían el colegio para las niñas. En 1894 inaugura la iglesia de San Miguel.
A comienzos de 1895, Stefenelli consiguió una audiencia en Buenos Aires con el Presidente de la República José Evaristo Uriburu. Con diez años de estadía en el país, el joven misionero ya puede presentar al primer mandatario una memoria de su actividad y algunos proyectos. Lo hace de esta manera:
En numerosos viajes de excursión tuve la ocasión de conocer palmo a palmo las riberas de los ríos Negro y Colorado y desde entonces sueño con ver transformadas aquellas tierras en preciosos centros agrícolas, activados por laboriosos agricultores que disfrutando de las aguas corrientes, enriquecerían a sus hogares y al país.
En septiembre del ´88 llegué por primera vez a la colonia de General Roca. Aquel embrión de canal que se acababa de abrir decía cuán fácil hubiera sido darle proporciones suficientes para regar las cuarenta mil hectáreas que constituyen los lotes rurales de la colonia, de suerte que, ayudado por la nivelación natural de esos terrenos, fácilmente transformaría estos arbustos amarillentos en lozanos pastizales y verdes trigos y, el espinoso piquillín y el alpataco, en árboles frutales, viñedos y olivares.
Desde luego me di cuenta de la necesidad de preocuparnos no solo de la educación intelectual sino también de dar una profesión o un oficio a los numerosísimos niños desvalidos de aquellas regiones y con permiso de mi Superior, a costa de importantísimos sacrificios, por ser extremada la pobreza de aquella Misión, y antes de tener casa para el misionero, se pensó en tener terreno para una futura escuela de agricultura práctica a beneficio de los niños pobres”.
En 1896, con la intención de ampliar la superficie de riego, Stefenelli compró en Barracas al Sud (la actual ciudad de Avellaneda, al sur de la Capital) un motor a vapor de catorce caballos que pesaba seis mil kg y una bomba de diez pulgadas de diámetro para elevar trescientos metros cúbicos de agua por hora. Con enorme esfuerzo logró trasladarla, primero en barco hasta Patagones y luego en grandes carros tirados por veintiséis bueyes que recorrieron a la rastra, durante veintisiete días, los 620 km restantes hasta Roca. Fue la primera bomba de agua en el alto Valle.
En 1898 con una ayuda recibida del General Roca, que por segunda vez había asumido la presidencia de la nación, Stefenelli consiguió abrir un nuevo canal.
Cuando el cura le comunicó la noticia, el presidente le respondió con un telegrama diciendo: “si alcanza a mantener con agua el canal durante cuatro meses, le doy mi palabra de que le enviaré el mejor ingeniero para construir el canal definitivo”. El cura lo consiguió y el presidente cumplió. Así fue que poco después arribó al Valle del Río Negro el ingeniero italiano César Cipolletti. Enseguida trabó amistad con el cura que lo hospedó durante algunos días y fue el encargado de acompañarlo en las recorridas de reconocimiento y estudio de la zona.
En 1899 todo estaba listo para estrenar el nuevo edificio del colegio San Miguel con la presencia del presidente Roca, que atravesaría en tren el Valle del Río Negro inaugurando las nuevas estaciones del Ferrocarril Sud. Pero apenas antes de la fecha fijada una terrible inundación -provocada por los deshielos en la cordillera- no sólo impidió cualquier festejo sino que arrasó con la pequeña población de la que sólo el nuevo colegio y apenas un poco más quedó en pie cuando bajaron las aguas. Las crónicas del colegio San Miguel recuerdan aquellas horas críticas, con el rescate de los más pequeños en carros, subiendo hasta lo más alto de las bardas, desde donde se escuchaba el rugir de las aguas caudalosas arrasándolo todo. Con lo poco que lograron rescatar a las apuradas, improvisaron un campamento en lo alto de la barda durante quince días, racionando los alimentos y cocinando en grandes fogones que también servían para aliviar el frío. Después, el padre Stefenelli consiguió alquilar carros para trasladar a niñas, niños y hermanas. La caravana tardó siete días para llegar hasta Choele Choel, y varias horas más en tren hasta Bahía Blanca. Los colegios María Auxiliadora y La Piedad se organizaron para albergarlos a todos durante varios meses, hasta que bajaron las aguas y pudieron regresar.
Comenzar todo de nuevo no fue tarea fácil. Pero Stefenelli no era hombre de achicarse a la primera contradicción. Después de la gran inundación, el pueblo nuevo de General Roca se reconstruyó en una parte más alta y segura, a 5 km de la ubicación anterior.
Contra la opinión de muchos, apostó a quedarse en el lugar en el que estaba Roca antes de la gran inundación, confiando tozudamente en que la población se restablecería allí cosa que finalmente no sucedió.
Con dificultad, tanto el colegio como la escuela de agronomía práctica fueron retomando su ritmo hasta que un decreto del presidente Roque Sáenz Peña, fechado el 30 de diciembre de 1912, impuso el desalojo de todas las tierras del colegio agrícola, para instalar allí una estación experimental de agronomía.
Stefenelli viajó a Buenos Aires intentando hacer volver atrás una decisión que le resultaba incomprensible. Lamentablemente no lo logró y la primera escuela de agronomía de la Patagonia terminó siendo expropiada por el gobierno.
Quien había superado el desprecio total en sus inicios, la inundación devastadora e incluso atentados contra su propia vida, no pudo soportar el disgusto que le provocó esa decisión arbitraria del gobierno. Desalentado recaló en Bahía Blanca, donde en poco tiempo levantó la torre de la Iglesia del Sagrado Corazón junto al colegio Don Bosco. Fue su despedida de la Argentina.
Después de casi tres décadas en la Patagonia, partió definitivamente a Italia.
Vivió primero en su pueblo natal, en el Trentino, durante los horrores de la Primera Guerra Mundial ejerciendo su ministerio sacerdotal y ayudando en el cultivo del campo a tantas familias pobres que tenían a los varones enrolados en las filas del ejército.
Finalizada la guerra, su destino fue la Escuela Agrícola de Mandrione, que los Salesianos levantaron en las afueras de Roma para los huérfanos de la guerra.
Desde 1927 a 1929 se desempeñó como administrador en Rovereto colaborando con la fundación de la obra salesiana en esa ciudad. Luego pasó al aspirantado “María Auxiliadora” en Trento donde permaneció durante 23 años hasta su fallecimiento el 16 de agosto de 1952 a la edad de 88 años.
En 1933 la antigua estación de ferrocarril “Los Perales”, vecina a General Roca, fue rebautizada en su homenaje con el nombre de Padre Alejandro Stefenelli.
En sus memorias, que redactó en sus últimos años, dejó escrito: “el lugar donde se ha consumado lo mejor de nuestra vida, no puede menos que ser nuestra verdadera patria”.

AR AHS ARS/BB ISAAR. 10.1. Prefectura Apostólica_01 · Instelling · 1883-1916

La Prefectura Apostólica de la Patagonia Meridional, Tierra del Fuego e Islas Malvinas fue erigida por Propaganda Fide el 16 de noviembre de 1883 y finalizó el 4 de octubre de 1916, pocos días después del fallecimiento del Prefecto Apostólico monseñor José Fagnano (1844-1916) quien ocupó el cargo durante todo el período. Comprendía la totalidad de la actual provincia argentina de Santa Cruz, Tierra del Fuego, Islas Malvinas y la región de Magallanes en Chile, aunque no estaba precisado su límite.

La ocupación efectiva se realizó en 1887 cuando Fagnano llegó y fundó la casa de Punta Arenas en Chile. Desde allí, Fagnano decidió las fundaciones de las presencias salesianas. Se instalaron en Chile: en Isla Dawson, la misión de San Rafael (1889) y la misión del Buen Pastor (1898); y Porvenir (1908). Del lado Argentino se fundaron las casas de Río Gallegos (1885), Puerto Stanley (1888), Río Grande (1893), Puerto Santa Cruz (1886), Ushuaia (1905) y Puerto San Julián (1912).

La Prefectura Apostólica finalizó en 1916 y en el mismo año se fundó el Vicariato Apostólico de Magallanes, otra jurisdicción eclesial que administraba el mismo territorio.

Ambas jurisdicciones, eclesiales, tienen la característica de ocupar un territorio binacional: entre Argentina y Chile.

A esta jurisdicción eclesial, se le superpuso la jurisdicción salesiana: es por eso que desde 1902, la prefectura apostólica tomó el nombre de Inspectoría Salesiana de San Miguel y el prefecto apostólico, monseñor Fagnano, también tomó el título de inspector salesiano.

El Prefecto Apostólico visitaba las misiones, proveía a las necesidades existentes, sobre recursos y personal y decidía sobre las problemáticas emergentes.

ISAAR 5.69. · Instelling · 1904-1924

La presencia salesiana en Puerto Santa Cruz se reaviva el 15 de mayo de 1904, cuando llegan en el vapor Lovart el prefecto apostólico Mons. José Fagnano, el padre Ludovico Dabrowsky (primer director), el coadjutor Benjamín Motter y las Hermanas de María Auxiliadora: María Gutiérrez (directora), Margarita Álvarez y Adela Alarcón.
Esta llegada marca el inicio de una obra educativa y pastoral estable, con colegio, escuela de niñas y parroquia. Entre 1904 y 1924, la obra salesiana se caracteriza por: Escuela primaria para varones (Salesianos) y escuela para niñas (Hijas de María Auxiliadora); catequesis, oratorio festivo y actividades recreativas. La tarea educativa, siguiendo el espíritu salesiano, trasciende lo escolar: visitas a familias, actividades culturales, apoyo a la vida parroquial y presencia en celebraciones locales, además de viajes a lugares cercanos. En 1908, bajo la dirección del padre José Crema, se inicia la construcción de la nueva iglesia parroquial, según planos del arquitecto salesiano Juan Bernabé. El 14 de septiembre de 1908 monseñor Fagnano bendijo y colocó la piedra fundamental. Cabe afirmar, entonces, que la congregación se dedicó principalmente a la educación de niños y jóvenes.
Como nota distintiva puede decirse que, en el caso de este colegio de Puerto Santa Cruz, se implementó lo dispuesto por el Decreto del 9 de agosto de 1894 que establecía que en los Territorios Nacionales del Sur, mientras no existieran cárceles o asilos adecuados, las mujeres y menores que delinquieran serían entregadas a la custodia de los salesianos. En la década del 30 ingresaron, por disposición del Patronato de Menores o del Juez de Paz, varios niños tanto abandonados como huérfanos, pobres, dementes, de familia numerosa o indígenas. Posteriormente la Congregación no siguió aceptando estos niños debido a que, sugiere Milagros Pierini, las partidas otorgadas por las autoridades nacionales eran muy reducidas y a que el ingreso de niños delincuentes perjudicaba la buena marcha del alumnado.