La misión se fundó el 13 de junio de 1893. En 1886 Fagnano había presenciado la matanza al pueblo Selk'nam en manos del capitán Ramón Lista, mientras participaba de la expedición científico militar que lo llevaría hasta Punta Arenas, sede de la Prefectura Apostólica. Decidió entonces fundar en las proximidades del Río Grande una misión en favor del pueblo selk´nam, para protegerlos del genicidio al que estaban siendo sometidos.
Se necesitaron tres emplazamientos hasta llegar al definitivo: el primero fue Barrancos Negros, Puerto Golondrina. Se fundó el 11 de noviembre de 1893, pero allí la tierra era anegadiza, de modo que se trasladaron a la segunda ubicación a dos kilómetros y medio, en “Los Chorrillos”, pero la misión que ya tenía dos capillas, la casa de los salesianos, la casa de las Hijas de María Auxiliadora, anchos corredores para los recreos, salones dormitorios, salones de clases, talleres, comedores... se incendió, el 12 de diciembre de 1896. Durante un año las hermanas durmieron en las casitas que habían construído para las indias y los salesianos en un cobertizo utilizado para guardar objetos.
En Cabo Domingo se realizó la tercera y definitiva instalación, inaugurada el 6 de noviembre de 1897. Las construcciones se realizaron todas por separado, para poder contener el fuego, en caso de que volviera a suceder.
La vida cotidiana en la misión: salían a pasear salesianos y originarios, los niños tenían clases, las mujeres asistían a talleres para aprender a hilar y tejer con las hermanas, los hombres acompañaban a los salesianos en el trabajo del campo, y al final del día, cada familia construía su toldo en los terrenos de la misión para alojarse. Los salesianos faenaban una vaca por día para alimentar a los 350 indios que frecuentaban los terrenos de la misión.
Eran abastecidos económicamente por los barcos que enviaba Fagnano desde Punta Arenas: la goleta María Auxiliadora y el vapor Torino. También compraron lanares, en 1897 para que los originarios se aprendieran a criarlos y pudieran usarlos para su manutención. En 1912, se comenzó a pagar a los originarios por su trabajo de crianceros, esquiladores y pastores de ovejas.
En las crónicas, los salesianos todas las semanas hacían una lista de los trabajos realizados, entre los que incluyen: arreglar los alambrados, contar y enfardar cueros y lanas, el marcado de los animales, atender la ropa, recoger y cortar leña (para ellos y las hermanas) cortar turba, atender al comedor, la ración, componer zapatos, cortarle las uñas a los caballos, trabajar en la huerta, atender a los enfermos, el cuidado y mantenimiento de la casa, hacer muebles, reparar el piso, forrar con papel el comedor, hacer las ventanas, etc.
También se registra en las crónicas las muertes de los originarios: su nombre, su edad, el parentezco y la causa.
Mucho esfuerzo hicieron los salesianos para poder obtener los terrenos, ya que para comprarlos debían ocuparlos y eso dispersó a la comunidad: los salesianos vivían solos, en viviendas precarias, uno o dos en cada terreno. Finalmente los lograron escriturar en 1913. Pero en 1914 fueron vendidos por ser acusados de latifundistas a la Sociedad Menéndez Behety. En 1934 el padre Aliberti logró comprar 2464 hectáreas con la intención de formar la escuela agrícola que fue oficializada en 1946 y que aún funciona.
Domingo Milanesio nació en Settimo Torinese, Italia, el 18 de agosto de 1843, pasó su infancia trabajando en la huerta y haciendo canastas. A los 23 años se presentó a Don Bosco y le dijo que quería ser misionero, fue admitido como aspirante y profesó como salesiano en 1869, a los 26 años, en Trofarello. Con mucho empeño completó en poco tiempo los estudios para el sacerdocio. La consagración sacerdotal le fue conferida el 20 de diciembre de 1873 en Albenga. Trabajó como director del Oratorio Festivo de Valdocco.
En 1877, a los 34 años, formando parte de la tercera expedición misionera, dirigida por Costamagna, el padre Domingo Milanesio llegó a América. Pasó 3 años en la Boca del Riachuelo, Buenos Aires, allí sufrió la agresión de un apóstata de la fe cristiana, que puso en peligro su vida: fue herido de gravedad por un feroz golpe en la cabeza.
Monseñor Mariano Antonio Espinosa, vicario del arzobispo de Buenos Aires, creó en el año 1880 la parroquia de Viedma, que juntamente con las difíciles misiones de la Patagonia, fue encomendada a los salesianos. El primer párroco fue el padre Domingo Milanesio. Su jurisdicción abarcaba 800.000 kilómetros cuadrados. Su cargo duró sólo 3 años, en mayo de 1883 asumió Beauvoir.
En 1883, Milanesio comenzó a explorar, a caballo, el Neuquén y la Cordillera de los Andes. Visitaba las chozas de los indígenas para predicar el Evangelio, impartir sacramentos a las tribus y aliviar su mucha miseria. Alentaba a los colonos blancos a perseverar en la fe de sus antepasados. Cruzó al menos, en veinticinco oportunidades, las altas y peligrosas cimas de la cordillera de los Andes en busca de personal salesiano y medios econónicos para sostener la obra misionera. Visitó Chile en 1886, siendo el primer salesiano que pisó tierra chilena.
Milanesio estudió y logró hablar mapuzungun en 1885. Escribió catecismos y léxicos en lengua originaria. Valoraba los momentos de encuentro con los indígenas para aprender su lengua y hacer extensas anotaciones. Su método, lo humanizó poniéndose “a la par” en un ida y vuelta, en una suerte de alfabetización mutua.
El padre Raúl Entraigas dijo:
El padre Domingo Milanesio; italiano él, se encargó en soledad de descifrar el idioma de los aborígenes, ordenar alfabéticamente los vocablos, usos de armas, herramientas; la interpretación de gestos, sonidos guturales, sistematizó la región con dibujos y mapas, al final publicó, en 1915, un libro denominado: ‘Etimología araucana. Idiomas comparados de la Patagonia. Lecturas y Frasario Araucano’.
Fue mediador en la capitulación del cacique Manuel Namuncurá desde 1881 hasta 1884. El 12 de enero de 1883 el comandante Rufino Ortega escribió al gobierno nacional: “Namuncurá escapó de caer en poder del mayor O’Donnel”. Milanesio intervino: se entrevistó con embajadores del cacique y le envió una carta con fecha del 20 de abril de 1883 donde aprueba la decisión de “tratar la paz con las autoridades militares”.
Ante el problema de la posesión de las tierras para los pueblos originarios, propuso y gestionó un proyecto superador al modelo de reducciones: sugería una colonización agrícola en base a colonias mixtas, ofreciendo espacios de organización donde pudieran convivir criollos, inmigrantes e indígenas; espacios de contacto interétnico o entre grupos de diferente procedencia.
Esta idea entró en colisión directa con el modelo latifundista y ganadero impulsado desde el Estado Argentino. Por eso, a pesar de su astucia e inteligencia para buscar formas de inclusión, chocó con la indolencia de un Estado que no tenía conocimiento, ni interés en la realidad indígena.
Su experiencia de misionero itinerante durante 30 años le permitió conocer la realidad y expresarla. El proceso de invisibilización de los pueblos indígenas estaba en acto. El religioso veía que se vendían indiscriminadamente los terrenos para cubrir necesidades fiscales del Estado, como si no hubiera gente en ellas. Esto producía la concentración de la propiedad de la tierra en pocas manos y generaba un vaciamiento de la población existente en la Patagonia. “Se reemplazan personas por vacas”, decía el padre Milanesio.
En una, de sus cartas pide:
(...) que se le reconozca el derecho como primeros ocupantes de tierras fiscales, derechos a los que se han hecho acreedores por sus trabajos, aunque rudos, en el ramo de agricultura y ganadería. Es cierto que con sus pequeños ensayos han descubierto miles y miles de lugarcitos en donde producen las legumbres, pastos domésticos, hortalizas, etcétera. Ellos han sabido elegir el retazo de tierra más abrigado y de mejor clima y han señalado con eso la ruta que debe seguir el agricultor en mayor escala. Todo esto no tiene mérito?
Su objetivo siempre fue evangelizar y eligió un modo de hacerlo: aprender de la cultura, hablar el idioma y respetar la manera de vivir de los habitantes del lugar.
En 1886 y 1887 cruzó la cordillera de los Andes y visitó Chile junto con Cagliero.
El 24 de diciembre de 1888, en Chimpay, bautizó al hijo del cacique Namuncurá: Ceferino. En 1889 estuvo en Choele Choel. En 1890 se inaugura la misión de Bahía Blanca, Milanesio llega en mayo. Toma contacto con el hermano Rosetti. En sus misiones por la colonia Tornquist, La Vitícola, Sierra de la Ventana, Napostá, y el curso del Sauce Chico llevó al niño Esandi, quien luego sería el primer obispo salesiano. En 1890 en Viedma visitó a los reclusos.
En 1894 fundó la obra salesiana de Junín de los Andes y en 1897 viajó a Chile para recaudar fondos y traer las primeras misioneras para que se hicieran cargo, en Junín de los Andes, de un asilo para indiecitos y niñas pobres.
La libertad y la vida de este intrépido misionero estuvieron en peligro muchas veces. Supo llarmar la atención a los que abusaban de su autoridad en detrimento de los paisanos e indígenas, y por ello, tuvo que soportar la prisión.
El misionero no agradaba al gobernador de Río Negro, el general Lorenzo Vintter, y mientras estaba misionando en Choele Choel, una orden militar lo obligó a galopar casi 400 kilómetros hasta Viedma y quedó detenido. El padre José Fagnano logró liberarlo y lo "exilió" a Buenos Aires, hasta julio de 1885.
El padre Milanesio sufrió otra prisión en Chos Malal, detenido arbitrariamente del 1 de septiembre hasta 22 de noviembre de 1887 por el gobernador del Neuquén, el coronel Manuel José Olascoaga, que trataba de obtener dinero del misionero con la excusa de construir una capilla. Ya se había guardado en su bolsillo 20.000 pesos que le habían sido remitidos desde la Capital Federal para su construcción. Recuperada la libertad, el misionero construyó los caminos para traer los postes y otros materiales para la construcción de la capilla de Chos Malal, ésta se inauguró el 8 de diciembre de 1888.
Desde 1902 y hasta 1906 se encuentra en ltalia y en México, buscando fondos para las misiones.
En 1913 realizó sus últimas excursiones prolongadas. Resentida su salud, vio grandemente disminuida su posibilidad de acción. Se retiró a Viedma el año 1914, afectado de un reumatismo, un año después lo enviaron al Colegio Pío IX de Buenos Aires.
En 1920, se retiró al estudiantado de Bernal donde terminaría sus días. Sin embargo, no olvidó a los pueblos indígenas de la Patagonia. Por ellos siguió llevando adelante ingentes gestiones ante el Estado para lograr la propiedad de las tierras que ocupaban y defender sus derechos. Ese mismo año predicó en mapuzungun en una misa que se llevó a cabo en la Basílica de San Carlos y María Auxiliadora, con motivo del primer Congreso Nacional Indígena en el que tomaron parte delegados y caciques de distintas agrupaciones. En ese congreso se fundó la Asociación Nacional de Aborígenes (ANA) y tuvo repercusión en el Bolettino Salesiano, en su edición de noviembre de 1920.
Trabajó hasta el final de sus días, redactando sus memorias. Murió en Bernal, el 19 de noviembre de 1922, a los 79 años de edad, 49 de sacerdocio y 53 de profesión religiosa. Los restos mortales del “Patiru Domingo”, como lo llamaban los originarios, reposan en el templo parroquial Nuestra Señora de las Nieves de Junín de los Andes.
Mario Luis Migone nació en Montevideo, Uruguay, el 13 de diciembre de 1863. Fue la primera vocación y el primer sacerdote salesiano de América Latina. Cuando ingresó en el colegio Pío IX de Villa Colón, solo tres comunidades salesianas existían en América: San Nicolás de los Arroyos de Buenos Aires y Villa Colón de Uruguay.
Ingresó el año 1877 en el colegio Pío IX. Dejó sus tierras y puso pie en Buenos Aires como aspirante a la vida salesiana.
Realizó un viaje a Europa en compañía de sus padres. Al visitar el Oratorio de Turín con su progenitor, don Bosco invitó a ambos a sentarse a su mesa, esta distinción incitó aún más al joven uruguayo a seguir su vocación salesiana.
Grandes salesianos intervinieron en su formación cultural y religiosa: monseñor Luis Lasagna; monseñor Santiago Costamagna; monseñor Juan Cagliero, monseñor José Fagnano y don Rúa.
Finalizados sus estudios secundarios ingresó en el noviciado, mientras trabajaba en el Boletín Salesiano, editado en castellano, como corrector y redactor. Ya desde 1881 era asistente de los aspirantes y ayudante del padre José Vespignani. Profesó el 27 de enero de 1882. Siendo estudiante de teología, se ocupaba también de la traducción de los artículos del Boletín Salesiano italiano para publicarlos en la edición nacional.
Cuando monseñor Cagliero regresó de Chile, en 1887, lo consagró sacerdote. Elegido secretario de monseñor Cagliero, pasó 3 años en Viedma, desempeñando al mismo tiempo el cargo de director espiritual de los alumnos del colegio San Francisco de Sales.
Cuando se estableció la Prefectura Apostólica, las Islas Malvinas quedaron a cargo de los salesianos. Entre 1889 y 1891, no habiendo otro salesiano que supiese hablar inglés para acompañar al padre Patricio Diamond, monseñor Cagliero envió a Migone a las Malvinas. No pudo soportar los grandes fríos... se le hincharon los pies y las manos de tal manera que apenas podía celebrar la misa. Cagliero lo hizo retornar y lo nombró provicario y director de Viedma.
En 1892 acompañó a Cagliero en la visita a la casa de Concepción, Chile. Al retornar, pasó por la ciudad de Punta Arenas y visitó la Isla Dawson, donde monseñor Fagnano había fundado la floreciente misión San Rafael para evangelizar a los kawéskar y selk’nam.
Cagliero le asignó ser director de Patagones o de las Malvinas, Migone eligió las Malvinas. Paulatinamente se fue habituando al lugar, considerado por otros como de destierro. Vivía feliz y deseaba quedarse hasta la muerte. Pero pronto le cambiaron los planes. La Congregación acababa de aceptar la dirección del colegio “El Patrocinio de San José" de Santiago, Chile. Monseñor Santiago Costamagna necesitaba un director y Migone fue elegido para el cargo.
Desplegó una actividad multifacética: organizó la educación católica de la capital malvinense y fue concentrando poco a poco la misión en la propuesta de las Hijas de María Auxiliadora, que llegaron a las islas de su mano, en 1907.
Escribió sus memorias, publicadas en Buenos Aires en 1948: “Treinta y tres años de vida malvinera”, intenta ser una demostración científica de la soberanía argentina sobre las islas. En él se lee: “De las conversaciones con el gobernador de Malvinas salí convencido de que el mentado derecho inglés no tenía más apoyo que la fuerza”. Y escribió también una biografía de Fagnano “Un héroe de la Patagonia. Apuntes biográficos de José María Fagnano”, publicado en el Colegio Pío IX de Buenos Aires en 1933. En este libro denuncia, entre otros atropellos, el rapto de las mujeres originarias para el servicio doméstico y sexual, por parte de los blancos criollos o extranjeros.
Sacerdote de vasta cultura, además del castellano, hablaba y escribía el inglés, el francés, el italiano y el alemán.
El cine, primero y único en Puerto Stanley por mucho tiempo, fue creación del padre Migone. Él lo cuenta así:
El gasto era grande, porque incluía la adquisición de maquinaria eléctrica para la producción de esa luz que aún no existía en la Colonia. En aquellos tiempos, los jóvenes tenían pocos medios de distracción, y ese hecho contribuía a que se reunieran en las casas de bebida para pasar el tiempo, expuestos a la adquisición de malos hábitos...
Escritor y fiel observador de la realidad, el padre Migone expresó libremente su opinión respecto de la soberanía de las islas, sin tapujos y defendiendo la causa argentina, aún siendo de origen uruguayo. En su libro “Treinta y tres años de vida malvinera” escribió:
Debo confesar que aún antes de tener ideas propias sobre el litigio, mis simpatías se inclinaban en favor de la Argentina. Me movía a ello su ecuanimidad y paciente tolerancia, que se daba por satisfecha protestando continuamente contra el hecho consumado, en contraposición a la arrogancia inglesa, que mira y miró siempre con desdén lo que califica de pretensiones argentinas.
Sus siete últimos años de vida fueron de tribulación por una enfermedad que exigía diariamente dolorosas curaciones. En medio de aquella soledad tuvo el consuelo de verse amado por católicos y protestantes, que se alternaban para asistirlo. Lo estimaban las autoridades, los trabajadores, los marineros... y lo reconocían como un hombre santo.
Celebró sus bodas de oro sacerdotales en el mes de junio de 1937. Murió en Puerto Argentino, Islas Malvinas, el 1 de noviembre de 1937 a los 74 años de edad.
Su sepelio fue un homenaje de todos los pobladores de las Malvinas, incluidas las autoridades civiles, que ya en vida de Migone le habían dedicado una calle como ciudadano benemérito. Sus restos descansan en el cementerio de Puerto Argentino que él mismo había construido.
Zacarías Genghini nació en Coriano, Forlí, Italia, el 25 de marzo de 1870. A los doce años de edad quedó huérfano de padre, y al difundirse en su tierra natal la fama de don Bosco, entró como alumno interno en San Benigno Canavese, el 11 de marzo de 1882 en calidad de artesano. A principios de 1885 y hasta 1888 ingresa en el Oratorio de Turín como estudiante donde conoció a Don Bosco.
En 1889 viajó a América como misionero en compañía de monseñor Cagliero. Estuvo un mes en Buenos Aires, desde donde pasó a Carmen de Patagones como maestro y asistente hasta el mes de febrero de 1893. Desde marzo de ese año y hasta mayo de 1895 trabajó en Viedma. Se preparó para el sacerdocio y para la misión entre los indígenas de la Patagonia. A fines de 1894 sufrió una grave enfermedad y monseñor Cagliero le confirió el orden del presbiterado para darle el consuelo de morir como sacerdote. Era el 10 de febrero de 1895. Su salud mejoró y comenzó su vida de misionero.
En el mes de mayo de 1895 fue destinado a Pringles, Río Negro, donde permaneció hasta marzo de 1898. A partir de esa fecha y hasta fines de 1899 se desempeñó como vicario parroquial en Carmen de Patagones.
En el mes de febrero de 1900 llegó a Junín de los Andes como misionero ambulante. Zacarías se convirtió en hombre sano y robusto. Montó a caballo con destreza y visitó choza tras choza de los indígenas, habló correctamente el mapudungun y trató con familiaridad a los indígenas, que lo estimaron y amaron como a uno de ellos. Se encontró innumerables veces con los caciques Cotaro, Namuncurá, Sayhueque. El padre Zacarías visitó los valles del Neuquén, del río Negro, el Nahuel Huapi, EI Bolsón, Los Copahues, el lago Lácar, el volcán Lanín.
En 1906, el padre Esteban Pagliere le encargó la construcción de la capilla "La Inmaculada" de San Carlos de Bariloche, toda en madera, cuya piedra fundamental bendijo el misionero en el mes de febrero de 1907, y ya en agosto estaba concluida.
Desde marzo de 1909 hasta marzo de 1910 desempeñó el cargo de director espiritual y luego de administrador, del colegio Don Bosco de Bahía Blanca. A fines de marzo de 1910 pasó a Viedma, hasta mayo de 1911.
A principios de junio de 1911 pasó nuevamente a Junín de los Andes hasta fines de 1924. Bendijo la piedra fundamental de la capilla "San José" de San Martín de los Andes que el padre Pedro Bonacina, director de Junín de los Andes, inauguró el 19 de marzo de 1922.
En 1925 fue administrador de la escuela agrícola San Isidro de Viedma.
En 1926 con ocasión de la exposición salesiana en Europa viajó a Italia para volver a encontrarse con sus familiares y conocidos.
Vuelto a la Argentina, reinició sus actividades supliendo al director de Bariloche hasta el mes de agosto del año 1927, para luego volver a su viejo y querido Junín de los Andes, donde concluyó su vida misionera desde agosto del mencionado año hasta septiembre de 1933. Este último año, a causa del gran frío reinante en la cordillera se vio materialmente imposibilitado de continuar la vida de misionero ambulante por una llaga en el pié.
Se internó en el hospital "San José" de Viedma, alternando su estadía entre el nosocomio y el colegio San Francisco de Sales. A pesar de los cuidados, la llaga empeoró, dificultándole cada vez más su andar.
No obstante, continuó trabajando desde el confesionario, la predicación y la enseñanza del catecismo a los niños de primera comunión. Mientras tanto, la enfermedad progresaba inexorablemente y le hacía cada vez más penoso el movimiento. Pudo festejar sus bodas de oro sacerdotales.
Murió en Viedma, Argentina, el 1° de noviembre de 1945, a los 75 años de edad, 56 de profesión religiosa y 50 de sacerdocio.
Mateo Gavotto nació en Rocoatorte, Mondovi, Italia, el 14 de septiembre de 1848. Desde 1880 trabajaba como empleado en la casa salesiana de San Benigno en el cultivo de la viña y el cuidado de la bodega. Era apreciado como hombre alegre, piadoso y diligente trabajador.
Don Bosco, ya anciano, en una visita a San Benigno, dijo al verlo: "Será sacerdote". Inició los estudios en horas nocturnas, mientras de día continuaba atendiendo la viña y la bodega.
El 10 de octubre de 1885 hizo la profesión religiosa con los votos perpetuos. En 1889, el 21 de diciembre, fue ordenado sacerdote, y partió para tierras argentinas. El destino fijado fue la nueva obra de General Roca, donde llegó a caballo costeando el caudaloso río Negro. Pero el misionero que debía ir a Chos Malal enfermó, y su lugar fue ocupado por el padre Gavotto, que se hizo presente como personal de la pobre casa de esa localidad neuquina fundada por Milanesio y Panaro hacía tres años.
A los pies de la cordillera de los Andes, el padre Mateo Gavotto misionó durante 33 años en esa región. No olvidó ningún paraje ni rancho, diseminados en la inmensa zona de su apostolado de 60.000 kilómetros cuadrados.
Trabajador infatigable, era para blancos e indígenas del noroeste neuquino, el padre solícito que acudia presuroso para socorrerlos en sus necesidades. El "padrecito Mateo" era siempre esperado y bienvenido como amigo. Su ayudante era el coadjutor Serafín Sambernardo. Los parajes que visitaron eran: El Roblecillo, en Baños de Molina, Coyamuela, Malbar, Los Menucos, Tricao Malal, Barrancas, Buta Ranquil, Lentue, Ovunco, El Cholar, La Fragua, Pichinire, Cullincó, Las Ovejas, Andacollo.
En marzo de 1921 ocupó el cargo de director de Chos Malal, pero por breve tiempo; a instancias suyas, fue exonerado del mismo para continuar sus andanzas misioneras. Fue un hombre obediente y caritativo, de gran delicadeza en el trato y de cordial hospitalidad. El padre Pedro Ricaldone, con ocasión de su visita extraordinaria a Chos Malal, quedó gratamente impresionado y conmovido por las atenciones recibidas a pesar de la pobreza verdaderamente franciscana en que vivían aquellos salesianos. Dijo de Gavotto: "Condiciones intelectuales más bien escasas. Buen criterio. Excelente en lo moral".
A su muerte, la comarca entera se conmovió, y desde todas las laderas de la cordillera descendieron sus moradores para rendir tributo al amigo y padre. Murió el 29 de julio de 1922 y sus restos mortales reposan junto a los del padre Bartolomé Panaro en el cementerio de Chos Malal.
Evasio Garrone nació el 1 de diciembre de 1861, en un pequeño pueblo ubicado en las colinas de Monferrato, Italia, llamado Grana. Hijo de Pedro Garrone y Olimpia Maggiora, transcurrió su infancia y adolescencia acompañándolos en los trabajos de la granja y en las tareas agrícolas del Piamonte.
Tenía diecisiete años cuando, el 14 de agosto de 1878, ingresó al Oratorio Salesiano de Turín. El trabajo en el campo y en el pequeño negocio que tenía su padre no le había permitido estudiar. Por eso, la novedosa vida cotidiana del Oratorio y la atención dispensada por el mismo don Bosco, consolidaron en él sus deseos de ser sacerdote. Según los testimonios manifestados en la causa de canonización de don Bosco, Evasio, fue testigo y destinatario de los dones proféticos y místicos de don Bosco.
Para cumplir con el servicio militar obligatorio, el 6 de enero de 1882, ingresó al Regimiento 14° de Infantería en Catanzaro, Calabria. Ese mismo año, fue llamado a Turín para prestar servicio en una Compañía de Sanidad del Hospital Militar en el área de enfermería del 5° Regimiento de Alpinos. Durante el tiempo que estuvo en el ejército estudió todo lo relativo a la medicina. Rindió exámenes de competencia ante el Consejo Sanitario de la ciudad de Turín y se perfeccionó en la ciencia médica, con tal aplicación que le confiaron la dirección interna del Hospital Militar de Susa.
Cumplidos los deberes con su patria volvió al Oratorio. Ingresó al noviciado de “San Benigno de Canavese” e hizo su primera profesión religiosa el 11 de octubre de 1885 en manos de don Bosco y la profesión perpetua el 3 de octubre de 1886.
En 1889, junto a un numeroso grupo de salesianos, se embarcó como misionero hacia Argentina. Los acompañaba Monseñor Juan Cagliero, que regresaba a la Patagonia por tercera vez. Cagliero fue quien el 12 de mayo de 1889 lo ordenó sacerdote en Carmen de Patagones junto a otros cuatro compañeros.
El 15 de junio se integró como personal del colegio “San Francisco de Sales” en Viedma. A partir de entonces, además del ejercicio sacerdotal, dedicó todas sus fuerzas a socorrer a los enfermos, conquistando la estima y reconocimiento de los pobladores de Viedma, Patagones y de todo el extenso territorio de Río Negro. En las crónicas del Colegio “San José” de Patagones del 29 de junio, se lee: “El farmacéutico sacerdote salesiano don Garrone, comienza a practicar excelentes curaciones en el pueblo”. Y poco después, monseñor Cagliero, escribió a Don Rúa: "la habilidad de nuestro don Garrone y sus remedios son de una eficacia maravillosa”.
No había hospital ni aistencia pública en Viedma, Patagones, ni en toda la zona, por lo que monseñor Cagliero comenzó a pensar en fundar un hospital salesiano. Fue así que bajo la guía y dirección del padre Evasio Garrone, nacieron casi inmediatamente dos instituciones de suma necesidad: el hospital “San José”, asistido por las hermanas de María Auxiliadora y la farmacia “San Francisco de Sales”.
Los testimonios de la época dan cuenta de las curaciones que realizaba no sólo a la gente sencilla, sino también a militares de alta jerarquía y a familias distinguidas en ambas márgenes del Río Negro. Esto le valió el mote de “padre Dotor”.
La valiosa obra del médico misionero fue uno de los factores más eficaces para llevar a cabo la evangelización de la Patagonia. Para socorrer a los enfermos recorría a caballo centenares de kilómetros hasta Pringles (hoy Guardia Mitre), General Conesa, Río Colorado, Cubanea, China Muerta, San Javier...
Como fruto de su experiencia inventó medicamentos para los salesianos, que luego fueron reconocidos y aprobados por médicos, como específicos y muy eficaces contra la tuberculosis, la neurastenia y otros males de la época.
En 1902, enfermo de tuberculosis, llegó a Viedma Artémides Zatti. Él mismo dio testimonio de que su curación fue dada por la intervención del padre Garrone. De él aprendió la ciencia médica y lo sucedió en la dirección del hospital. Y un año más tarde, en enero de 1903, recibió a Ceferino Namuncurá, también afectado de tuberculosis.
Es necesario destacar que el padre Garrone por ejercer la medicina en forma gratuita, padeció la persecución originada por celos profesionales y por intrigas sectarias y antirreligiosas que, hasta llegaron a contratar sicarios, para quitarle la vida.
Estas oposiciones sirvieron para confirmar y extender la acción benéfica y la fama del “padre doctor”. En varias oportunidades, se elevaron peticiones y testimonios a las autoridades nacionales avaladas por millares de firmas dejando en claro la pericia médica del misionero, su asidua y desinteresada asistencia a los enfermos y las ayudas gratuitas en el suministro de medicamentos y alimentos que oportunamente se distribuían.
El 6 de julio de 1904, partió hacia Italia donde se realizaba el Capítulo General en Roma. Acompañaba a monseñor Cagliero y a Ceferino Namuncurá. Regresó a Turín, donde además de revivir sus orígenes tuvo la oportunidad de sanar al sucesor de don Bosco, don Miguel Rúa. En su pueblo natal fue recibido con honores y gratitud. La comuna lo condecoró con una medalla y un diploma de honor. Algunos superiores le pidieron que se quedara en Italia, pero regresó a Viedma, donde cada vez era más necesaria su labor.
En 1908 una nueva amenaza de retirarle la autorización de ejercer la medicina, sumado al cansancio por exceso de trabajo, resintieron su salud. Comenzó a experimentar una somnolencia invencible y, en proximidades de las celebraciones navideñas de 1910, fue afectado por una grave neumonía.
Mientras permanecía en cama, un movimiento popular testimoniaba su gratitud, declarando que a él le debían su salud y la de sus seres queridos. El mismo gobernador del entonces territorio de Río Negro, el ingeniero Carlos Gallardo, el 24 de diciembre de 1910, se constituía en intérprete del pueblo ante el ministro del Interior de la República Argentina en los siguientes términos:
Pocas veces se ha presentado un caso como el presente, en el que el gobernador del territorio pide al Señor Ministro, se haga una excepción en la aplicación de la ley que regula el ejercicio de la medicina; pero pocas veces, o quizá ninguna se tratará de una instancia más atendible que la presente, que se refiere a un sacerdote que durante ya hace casi un cuarto de siglo dedica su saber y todas sus energías a socorrer y aliviar las penas y los dolores físicos de los pobres habitantes de estas regiones, prodigando a su prójimo todo su amor. Las informaciones que he recogido me permiten asegurar que, tanto en el pasado como en el presente, el padre Garrone ha empleado su ciencia con la prudencia de un sabio y con el desinterés de un apóstol, y que, si quisiera prohibírsele el ejercicio de la medicina, se presentaría un verdadero problema no sólo de orden moral, sino también material, que esta gobernación no encontraría modo de resolver, a no ser que dispusiese de fuertes y extraordinarias ayudas.
Esta carta, acompañada de otros pedidos de asociaciones, magistrados y médicos y, corroborada por más de mil firmas de todo el territorio, llegó a Buenos Aires juntamente con la triste noticia de la muerte del misionero, el 8 de enero de 1911. Tenía 49 años de edad, 22 de sacerdocio y 25 de profesión religiosa.
Un artístico monumento en el cementerio de la ciudad de Viedma perpetúa su memoria, y una calle de la ciudad, lleva su nombre.
José Fagnano nació el 9 de marzo de 1844 en Rocchetta Tánaro, Reino del Piamonte. Comenzó el seminario a los doce años. Durante un periodo fue voluntario de la Cruz Roja en las tropas de Giuseppe Garibaldi, pero prefirió seguir con sus estudios religiosos. Entró en el oratorio de Don Bosco en 1860, profesó en 1864 y en 1868 fue ordenado sacerdote.
Tenía 31 años cuando llegó a la Argentina en 1875 con el primer grupo misionero salesiano a cargo de don Cagliero. El 1 de febrero de 1876 y hasta 1880 asumió como director del colegio de San Nicolás de los Arroyos, que fue la primera institución educativa salesiana en el continente americano.
En noviembre de 1879 Don Bosco le adelantó, por carta, que podía ser elegido para ir a la Patagonia, y en 1880 empezó su obra misional como párroco de Carmen de Patagones. Allí, a pesar de ser atacado por la prensa, fundó dos colegios: el “San José” para varones y “Nuestra Señora de las Indias” para niñas; formó una banda de música con los chicos de la escuela y gestionó la instalación del Banco Nación. Fagnano construyó un observatorio que comenzó a prestar importantes servicios gracias a la capacidad y formación de Stefenelli. Misionó por Pringles, Conesa, Guardia Mitre, Colonia Roca y llegó hasta el Nahuel Huapi. Había considerado fundar una colonia indígena a las puertas de la patagonia, para la atención de los tehuelches y araucanos, con la intención de elevar sus condiciones de vida.
El 16 de noviembre de 1883 la Santa Sede creó la Prefectura Apostólica de la Patagonia y nombró al padre José Fagnano Prefecto Apostólico de la Patagonia Meridional, Tierra del Fuego y Malvinas, con el título de monseñor. Era una jurisdicción binacional que abarcaba desde Punta Arenas hasta las Islas Malvinas.
Llegó a la Isla Grande de Tierra del Fuego el 21 de noviembre de 1886 en la expedición del militar Ramón Lista, desembarcando en la bahía de San Sebastián. Se interpuso temerariamente a la matanza de originarios para hacer cesar la masacre. Recorrió la Tierra del Fuego hasta Bahía Thetis donde rezó la Misa el 13 de enero de 1887.
El 21 de julio de 1887 fijó su sede en Punta Arenas y el 16 de agosto fundó el Liceo Salesiano San José, primero de los cuatro colegios salesianos de la ciudad. Entre otras iniciativas culturales, promovió la instalación del observatorio meteorológico de Punta Arenas, el museo regional y el templo mayor.
En la Isla Dawson fundó la Misión de San Rafael el 14 de febrero de 1889 para los kawéskar, isla que alquiló por 20 años, y luego debió dejar, perdiendo todas las construcciones. En 1892 recorrió a caballo la zona norte de la isla Grande de Tierra del Fuego junto al padre Beauvoir, eligiendo el lugar para establecer la Misión de la Candelaria, destinada a los selk’nam, para enseñarles el cuidado de los ovinos y la venta de la lana y de los corderos. Los misioneros de Río Grande, Ushuaia, Malvinas, e Isla Dawson todos los años recibían la visita de monseñor Fagnano. Para abastecer a las misiones, había adquirido la goleta María Auxiliadora y luego el vapor Turín, para transportar víveres, elementos de construcción y animales.
Emprendedor y audaz, monseñor Fagnano fue muchas veces arriesgado en la administración y vivió envuelto en una multitud de deudas, sin embargo, así lo describe el misionero Maggiorino Borgatello en una carta a Don Rúa, sucesor de Don Bosco, el 20 de agosto de 1894: “Verdaderamente admiro el sacrificio a que debe sobreponerse nuestro pobre y carísimo Monseñor Fagnano. Siempre en la brecha, animado del mejor celo de la gloria de Dios y la salvación de las almas, no conoce peligros de ninguna clase y estimula a todos con su noble ejemplo. ¡Yo me avergüenzo de compararme con él!” (Bruno, 1981. Tomo I, p. 452).
Monseñor José Fagnano falleció a causa de una hemiplejia en Santiago de Chile el 18 de septiembre de 1916. Sus restos descansan en la catedral del Sagrado Corazón de Jesús en Punta Arenas, a ambos lados de su mausoleo donde hacen guardia dos indios: un selknam y un kaweskar.
Nicolás Esandi nació en Bahía Blanca, Argentina, el 6 de diciembre de 1876. Los padres de Nicolás, José Joaquín y María Nicolao, originarios de España, cristianos, tuvieron dos de sus hijos sacerdotes y dos de sus hijas como integrantes de las Hijas de María Auxiliadora. Su padre José fue el constructor del templo Sagrado Corazón de Jesús de Bahía Blanca y otras obras salesianas de la región.
Nicolás, cuando apenas había cumplido catorce años de edad, acompañaba al padre Domingo Milanesio en sus extensas giras misioneras por el territorio de Río Negro y sur de la Provincia de Buenos Aires. En sulky o a caballo viajaron largas horas, lo que pudo haber influenciado en la formación salesiana de Nicolás.
Ingresó luego como alumno del colegio Don Bosco de Bahía Blanca. Después de dos años de frecuentar el colegio salesiano, fue admitido al noviciado en Viedma. Pasó luego a Buenos Aires, donde hizo la profesión perpetua el 27 de enero de 1894. Cuando se abrió la casa de formación de Bernal, inició el periodo de formador de los jóvenes salesianos, que cumplió por veintisiete años, modelando a las primeras generaciones de salesianos argentinos. El 28 de enero de 1900 fue consagrado sacerdote por monseñor Juan Cagliero en la ciudad de Bahía Blanca.
Nicolás sobresalía por su piedad, actividad y espíritu salesiano. En Bernal organizó los estudios eclesiásticos y la escuela normal para la formación de los docentes. Tenía a su cargo la enseñanza de la literatura, el latín, la pedagogía y la teología. Cultivó también la filología. Como fruto de su enseñanza práctica y sólida, publicó dos volúmenes de Apuntes de Pedagogía, uno de Estudio Metódico del Latín y varios Métodos Didácticos para la enseñanza de la literatura y la escritura, que tuvieron gran difusión en las escuelas de la República Argentina. Se destacó también como profesor, director de estudios, director y maestro de novicios. Inició y dirigió el semanario “La Unión”.
El núcleo principal de la comunidad parroquial lo formaba la colectividad genovesa, por eso lanzó la idea, recibida y secundada con entusiasmo por los feligreses, de erigir un santuario a Nuestra Señora de la Guardia.
En 1922 fue transferido a Buenos Aires en calidad de párroco de San Juan Evangelista de la Boca del Riachuelo. Cinco años trabajó en la Boca, y nuevamente pasó a Bernal como director y párroco por cinco años.
En 1932 fue designado inspector de Buenos Aires y con ocasión de la canonización de don Bosco en 1934 encabezó la delegación argentina que participó en ese acontecimiento.
Su consagración episcopal como obispo de Viedma se llevó a cabo en la catedral de Buenos Aires el 17 de febrero de 1935.
La diócesis tenía un territorio muy vasto, 1.000.000 de kilómetros cuadrados, pero de escasa población, dispersa y azotada por vientos y fríos invernales. Las visitas pastorales exigían resistencia fisica, buena salud y experiencia de misionero. Monseñor Esandi no escatimó esfuerzos durante sus catorce años de episcopado y visitó más de una vez toda su diócesis hasta sus lejanos confines, adaptándose a las incomodidades de los viajes, del alojamiento y del alimento. Tuvo un particular cuidado de los indígenas, dispersos en la cordillera, en las mesetas patagónicas y en Tierra del Fuego.
Visitando la cárcel de Ushuaia encontró entre los alojados en ella a 150 detenidos por una interpretación de la ley desfavorable para los más pobres. Monseñor Esandi tanto hizo que obtuvo la derogación de esa ley y la liberación de algunos presidiarios. Logró que se revisen ciertas condiciones del régimen carcelario, tendientes a humanizar el trato con los presos.
Encabezó la causa de los colonos de Villa Regina, Río Negro, explotados por especuladores: denunció y bloqueó el accionar de la Compañía Ítalo-argentina de Colonización, la Ciac. Su compromiso le generó ser denunciado ante la Santa Sede, pero logró que más de doscientas familias pudieran ser propietarias de las tierras que trabajaban en 1950, (tras su muerte) gracias a las gestiones que en vida realizó durante diez años de constante preocupación y trámites ante las autoridades.
Con la colaboración de su vicario general, monseñor José Borgatti, obtuvo del gobierno central la financiación nacesaria para la construcción de la sede episcopal, que no pudo ver terminada, por lo que permaneció siempre como obispo misionero.
Esandi tenía como ejemplo a San Francisco de Sales, patrono de la Congregación Salesiana. Intentaba seguir sus enseñanzas, por lo cual trataba a su clero y al pueblo con bondad y afabilidad, siempre abierto a la sencillez y al perdón, dispuesto a ayudar a los necesitados y a socorrer a los más olvidados.
Grandes fueron las demostraciones de pesar por la muerte del primer obispo de Viedma. Sus restos mortales descansan en la catedral viedmense, junto a los de monseñor Juan Cagliero.
El padre Raúl A. Entraigas, que fuera su primer secretario en el obispado de la Patagonia, lo despidió con estas palabras:
"El primer obispo de la Patagonia fue la coronación de la obra misionera del Sur. (...) Nuestros misioneros hicieron todo lo que humanamente pudieron por la civilización cristiana del Sur. Si más no hicieron fue porque los medios con que contaban eran harto exiguos, las distancias enormes, los transportes rudimentarios, viajaban a caballo o en sulkis. Y entonces no había caminos, no había vecinos. Los únicos compañeros del misionero fueron el viento y el sol, el hambre y la sed".
Ese día, todos los periódicos de la Argentina dieron la triste noticia de su fallecimiento, se recibieron más de 2000 telegramas de condolencias y el poder ejecutivo de la nación y los gobernadores de la Patagonia dictaminaron “honores públicos”.
Luego de varios ataques de hemiplegia, murió en Viedma, el 29 de agosto de 1948, a los 71 años de edad, 54 de profesión y 48 de sacerdocio. Fue director por 29 años, inspector por 2 y obispo de Viedma por 14 años.
Augusto Crestanello nació en Pressana, Vicenza, Italia, el 24 de marzo de 1862. El Colegio Salesiano de Valsálice lo acogió como alumno el 25 de noviembre de 1888. El mes de septiembre de 1890 fue novicio en Foglizzo, para hacer su profesión perpetua en Valsálice el 3 de octubre de 1891. En 1893 llegó a la República Argentina.
En menos de un año recibió todas las órdenes sagradas de manos de monseñor Cagliero en 1894 y el sacerdocio en 1895.
Formado en la escuela de don Bosco y de don Rúa adquirió un conocimiento profundo del Sistema Preventivo que puso en práctica en su misión.
En 1897 el padre Augusto Crestanello ya se encontraba en Junín de los Andes, fue encargado de la obra durante las muchas y prolongadas ausencias del padre Milanesio. Construyó una modesta casa para las hermanas, contigua a la misión salesiana. Fue confesor de la beata Laura Vicuña y su primer biógrafo. Registra su fallecimiento en 1904.
En marzo de 1911 fue destinado a Bahía Blanca. Pero en 1912 lo encontramos como prefecto en Viedma.
En 1913 pasó a Comodoro Rivadavia alquilaron una casa de 4 habitaciones y ahí mismo, abrieron una escuela. “El día 13 de abril de 1914 aparecía sobre la puerta de la calle de la casita la inscripción ‘Colegio Salesiano’ y el 4 de marzo del mismo año comenzaban las clases.” Ese mismo año le ponen el nombre de Miguel Rúa en homenaje al primer sucesor de San Juan Bosco. El Padre Crestanello fue su fundador y director.
Entre 1918 y 1922 fue director de la casa de Rawson, terminó la construcción del templo parroquial y fundó la asociación de exalumnos de Don Bosco de esa localidad. En ese período oficiaba como confesor de la casa de Trelew.
Luego regresó a Comodoro Rivadavia donde permaneció hasta su muerte, acaecida el 25 de julio de 1925, a los 63 años de edad. 30 de sacerdocio y 34 de profesión.