Showing 32 results

Authority record
Bonacina, Pedro
AR-AHS ARS/BB ISAAR 4.BP · Person · 1859 - 1927

Pedro Bonacina nació en Oggiorno, Como, Italia, el 8 de noviembre de 1859. Cursó sus estudios eclesiásticos en el seminario diocesano de Milán donde se ordenó sacerdote el 23 de junio de 1882. Ocupó el cargo de vicerrector, con la responsabilidad de administrador. Hubo un déficit en la contabilidad del seminario y lo culparon, tanto que huyó de Milán. Llegó a Turín y Don Rúa lo ayudó, lo embarcó a América. En enero de 1886, llegó al colegio Pio IX de Buenos Aires y comenzó el noviciado salesiano.
En 1887 visita la zona del río Colorado. En 1889 Cagliero le confió la fundación de dos casas en Pringles, hoy Guardia Mitre, una para los salesianos y otra para las Hijas de María Auxiliadora. Allí trabajaba como maestro en el Colegio "Ángel de la Guarda" de Guardia Mitre, y hacía largas excursiones por los campos.
En aquella comunidad de Pringles: las hermanas amasaban el pan para todos y lo cocinaban en un horno de barro hecho por los Salesianos. En las chacras cosechaban hortalizas abundantes. En algún puesto de la zona, el padre Bonacina conseguía una oveja cada semana, con lo que tenían suficiente alimento para vivir.
En 1892 en una misión por Valcheta encuentra a la tribu de Sayhueque. El padre Pedro Bonacina escribió:
Fuimos también a los toldos de Sayhueque, que a la sazón estaba de paso para Valcheta. ¡El cacique! ¡El gran rey del tiempo! ¡El príncipe del desierto!… El actual Sayhueque ya no era el de antes. (...) algo conservaba de su altivez y poderío de rey de las pampas. El Cacique se me presentó ya viejo, decaído, aplastado, desgarbado, zurdo, sin ninguna dignidad… Eso sí, de a caballo se engrandecía, se percibían los rastros de su perdido imperio y autoridad. Pero de a pie no era más que un indio viejo, un león desmelenado…
En 1892 el Vicario Apostólico le confió una difícil misión en Rawson, la capital del Chubut, que no era más que una aldea. Organizó la parroquia, y poco a poco, logró amigarse con católicos y protestantes, que al principio, fueron muy hostiles con él. En 1894 realizó giras apostólicas por Choele Choel, Chañares, Chimpay, Chichinales, General Roca y el cauce del Río Negro en que impartía sacramentos.
En 1895, hizo su profesión perpetua en Viedma y a solicitud de Cagliero, se trasladó a Fortin Mercedes, a orillas del río Colorado. El padre Pedro Bonacina lo visitaba desde 1887, asumió como director en 1895 y se quedó por más de 20 años.

En sus memorias narra…
Fortín Mercedes. Principios. Estamos en pleno desierto. Los habitantes están diseminados a grandes distancias unos de otros. En Fortín Mercedes había una casa de comercio y la estación telegráfica. En total dos familias. El 29 de junio tomamos posesión de unas 20 hectáreas de terreno en la costa del río, que ocupaban parte del antiguo fuerte en destrucción, pensando en levantar un espacioso colegio sobre una colina, desde la que se puede ver el valle y la campaña circundante. No hay señal de civilización alrededor. Sólo el hilo del telégrafo nos mantiene unidos con el resto del mundo y la galera o correo nacional que de 10 en 10 días pasa en un azaroso viaje cruzando la pampa argentina.
El Sr. José Luro, donante de la tierra y de los materiales, hizo que, con la aprobación del Vicario Apostólico, el 16 de julio de 1895 bendijera el inicio de las obras.
Se fundó un colegio con internado para la educación de un elevado número de niños, hijos de colonos, peones y estancieros. También supo ser hospital, correo, servicio meteorológico, lugar de capacitación agropecuaria y de distribución de semillas y, espacio de encuentro para todos los vecinos en aquellos años.
En el Boletín Salesiano de 1910, el padre Bonacina informa sobre las actividades pastorales, educativas y productivas que se desarrollaban en Fortín Mercedes. La noria podría abastecer de 400 m cúbicos de agua en 24 h. Así obtenían el riego para el cultivo: tenían uvas, cerezos, ciruelos, granados y hasta algodoneros.
En Fortín Mercedes construyeron islas con puentes y jardines, donde todos eran recibidos, particularmente las personas más humildes, tratadas como si fuesen viejos amigos; esos lugares eran la delicia de escolares, vecinos y peregrinos.
Bonacina era un hombre muy sacrificado y trabajador, habilísimo agricultor. Demostró, cuán fértiles eran las tierras de la zona, que, racionalmente trabajadas y cultivadas, se convertían en un oasis, ganando espacios al desierto. Enseñó a la gente a aprovechar el agua del río, a alimentarse también con pescado y no tan solo de carne, a cultivar frutas y verduras.
No existiendo ni el más humilde dispensario de primeros auxilios, también debió ejercer de médico local y hasta de cirujano, ya que, los enfermos debían viajar a Viedma o a Bahía Blanca por territorios sin caminos. Ante esta situación, el padre Pedro se proveyó de libros de medicina y se pasó largas noches, a la luz de una vela, estudiando para adquirir conocimientos médicos.
Estableció una farmacia y al llegar al atardecer de cada jornada visitaba a los enfermos para ofrecerles medicinas y animarlos con su palabra de consuelo.
A principios de 1908 hubo una epidemia de escarlatina que llegó a los colegios de Fortín Mercedes, el P. Pedro hizo intervenir al P. Garrone, pero ante la muerte de 6 alumnos se decidió la clausura de ambos colegios.
En 1915, el padre Pedro pasó a Carmen de Patagones para regir el Colegio y la parroquia del lugar. Ahí continuó trabajando al cuidado de los pobres que acudían para recibir su ración de víveres, que el párroco distribuía personalmente.
Cuando hubo necesidad de personal en la obra salesiana de Junín de los Andes, el padre Pedro, aunque ya escaso de fuerzas, aceptó. Manifestaba que le recordaba sus mejores años de misionero. El 24 de septiembre de 1927, falleció.
En una carta del padre Zacarías Genghini encontramos este relato:
No sé cómo describir el acompañamiento al cementerio. Fue una apoteosis, un triunfo más que un entierro. Estaba todo el pueblo de Junín, todas las autoridades, los comerciantes cerraron las puertas de los negocios, había estancieros, industriales, trabajadores, más de sesenta niños acompañando la cruz parroquial, las asociaciones de Angelitos, Hijas de María, Sagrado Corazón, María Auxiliadora, cada una con su estandarte enlutado, caballeros que vinieron expresamente de San Martín de los Andes para el acompañamiento fúnebre. Fue el primer y único entierro que acompañaron todos los pobladores de Junín. Una prueba que manifiesta el aprecio y veneración que tenían al padre Pedro, fue la propuesta y resolución espontáneamente manifestada de querer edificar ellos mismos un panteón y revestir de zinc el ataúd, para la mejor conservación de los restos.
(...) Tanta concurrencia, el silencio y devoción que los acompañaron en el trayecto desde la iglesia al cementerio, animó al suscrito a dirigirles la palabra e instarlos a practicar los sabios y saludables consejos que recibieron del malogrado padre Bonacina.
Fuente: Carta particular que el padre Zacarías Genghini envió al superior de la misión, padre Manachino. Periódico Misiones de la Patagonia. Colegio Salesiano de Viedma. Año III. Octubre de 1927, N°26
Los restos mortales del padre Pedro Bonacina descansan en el precioso Santuario de María Auxiliadora de Fortín Mercedes.

Fagnano, José
AR-AHS ARS/BB ISAAR 4.FJ · Person · 1844 - 1916

José Fagnano nació el 9 de marzo de 1844 en Rocchetta Tánaro, Reino del Piamonte. Comenzó el seminario a los doce años. Durante un periodo fue voluntario de la Cruz Roja en las tropas de Giuseppe Garibaldi, pero prefirió seguir con sus estudios religiosos. Entró en el oratorio de Don Bosco en 1860, profesó en 1864 y en 1868 fue ordenado sacerdote.
Tenía 31 años cuando llegó a la Argentina en 1875 con el primer grupo misionero salesiano a cargo de don Cagliero. El 1 de febrero de 1876 y hasta 1880 asumió como director del colegio de San Nicolás de los Arroyos, que fue la primera institución educativa salesiana en el continente americano.
En noviembre de 1879 Don Bosco le adelantó, por carta, que podía ser elegido para ir a la Patagonia, y en 1880 empezó su obra misional como párroco de Carmen de Patagones. Allí, a pesar de ser atacado por la prensa, fundó dos colegios: el “San José” para varones y “Nuestra Señora de las Indias” para niñas; formó una banda de música con los chicos de la escuela y gestionó la instalación del Banco Nación. Fagnano construyó un observatorio que comenzó a prestar importantes servicios gracias a la capacidad y formación de Stefenelli. Misionó por Pringles, Conesa, Guardia Mitre, Colonia Roca y llegó hasta el Nahuel Huapi. Había considerado fundar una colonia indígena a las puertas de la patagonia, para la atención de los tehuelches y araucanos, con la intención de elevar sus condiciones de vida.
El 16 de noviembre de 1883 la Santa Sede creó la Prefectura Apostólica de la Patagonia y nombró al padre José Fagnano Prefecto Apostólico de la Patagonia Meridional, Tierra del Fuego y Malvinas, con el título de monseñor. Era una jurisdicción binacional que abarcaba desde Punta Arenas hasta las Islas Malvinas.
Llegó a la Isla Grande de Tierra del Fuego el 21 de noviembre de 1886 en la expedición del militar Ramón Lista, desembarcando en la bahía de San Sebastián. Se interpuso temerariamente a la matanza de originarios para hacer cesar la masacre. Recorrió la Tierra del Fuego hasta Bahía Thetis donde rezó la Misa el 13 de enero de 1887.
El 21 de julio de 1887 fijó su sede en Punta Arenas y el 16 de agosto fundó el Liceo Salesiano San José, primero de los cuatro colegios salesianos de la ciudad. Entre otras iniciativas culturales, promovió la instalación del observatorio meteorológico de Punta Arenas, el museo regional y el templo mayor.
En la Isla Dawson fundó la Misión de San Rafael el 14 de febrero de 1889 para los kawéskar, isla que alquiló por 20 años, y luego debió dejar, perdiendo todas las construcciones. En 1892 recorrió a caballo la zona norte de la isla Grande de Tierra del Fuego junto al padre Beauvoir, eligiendo el lugar para establecer la Misión de la Candelaria, destinada a los selk’nam, para enseñarles el cuidado de los ovinos y la venta de la lana y de los corderos. Los misioneros de Río Grande, Ushuaia, Malvinas, e Isla Dawson todos los años recibían la visita de monseñor Fagnano. Para abastecer a las misiones, había adquirido la goleta María Auxiliadora y luego el vapor Turín, para transportar víveres, elementos de construcción y animales.
Emprendedor y audaz, monseñor Fagnano fue muchas veces arriesgado en la administración y vivió envuelto en una multitud de deudas, sin embargo, así lo describe el misionero Maggiorino Borgatello en una carta a Don Rúa, sucesor de Don Bosco, el 20 de agosto de 1894: “Verdaderamente admiro el sacrificio a que debe sobreponerse nuestro pobre y carísimo Monseñor Fagnano. Siempre en la brecha, animado del mejor celo de la gloria de Dios y la salvación de las almas, no conoce peligros de ninguna clase y estimula a todos con su noble ejemplo. ¡Yo me avergüenzo de compararme con él!” (Bruno, 1981. Tomo I, p. 452).
Monseñor José Fagnano falleció a causa de una hemiplejia en Santiago de Chile el 18 de septiembre de 1916. Sus restos descansan en la catedral del Sagrado Corazón de Jesús en Punta Arenas, a ambos lados de su mausoleo donde hacen guardia dos indios: un selknam y un kaweskar.

Zatti, Artémides
AR-AHS ARS/BB ISAAR 4.ZA · Person · 1880 - 1951

Artémides Zatti, nació en Boretto, Italia, el 12 de octubre de 1880. Lo bautizaron ese mismo día en la parroquia San Marcos. Hijo de Luis Zatti y Albina Vecchi, fue el tercero de ocho hermanos. Emigró con toda la familia, llegando al puerto de Buenos Aires, Argentina, el 9 de febrero de 1897 en el vapor Vittoria. Desde allí se trasladaron a Bahía Blanca, donde los esperaba el tío Juan Zatti con una casa preparada en la calle Lavalle 327. Al poco tiempo, se trasladaron a Sarmiento 385, más cerca de la plaza de la ciudad.
La primera visita familiar que hicieron fue a la parroquia, para presentarse ante el párroco, como se acostumbraba en Italia. Era la única parroquia bahiense de entonces, dedicada a “Nuestra Señora de la Merced”, hoy catedral de la ciudad.
Artémides, junto a dos de sus hermanos, consiguió trabajo en una fábrica de mosaicos de la familia Tissot. Cada mañana, antes de ir a trabajar, asistía a misa y por la tarde, el tiempo que le dejaba libre su trabajo en la fábrica, solía pasarlo en la parroquia, ayudando al padre Carlo Cavalli, SDB, acompañándolo en algún funeral o en sus visitas a los enfermos. En poco tiempo el sacerdote se convirtió en su confesor y consejero y fue a instancias suyas que, el 19 de abril de 1900, ingresó al Aspirantado Salesiano en Bernal.
Artémides había ido a la escuela en Italia hasta cuarto grado y nunca había estudiado formalmente el español. En Bernal tuvo que retomar los estudios después de once años y afrontar el nivel secundario, que incluía clases de latín. En 1901 él mismo, en cartas enviadas a su familia, manifiesta la alegría y el entusiasmo con el que vivía sus días en Bernal. Así como la preparación para recibir la sotana, ceremonia con la que, en ese tiempo, se daba comienzo formalmente al año de noviciado para ser luego, salesiano.
Sin embargo, el 4 de enero de 1902, murió en Bernal un joven sacerdote, enfermo de tuberculosis. Artémides era uno de los que lo habían cuidado y contrajo la enfermedad. Sus compañeros recibieron la sotana el 27 de febrero de 1902, en cambio él, en esos días, partió nuevamente hacia Bahía Blanca para regresar a su casa familiar, con un sueño truncado.
Por recomendación del padre Carlo Cavalli, retomó otra etapa de su viaje, esta vez hacia Viedma, Río Negro. Llegó el 4 de marzo de 1902.
Su salud debilitada fue una de las preocupaciones durante los primeros años en Viedma. Le asignaron tareas sencillas. No mejoraba. Con frecuentes crisis de fiebre y expectoraciones con sangre proveniente de sus pulmones, las expectativas no eran positivas. Por eso, el padre Evasio Garrone, al frente del hospital y su director espiritual, le propuso que hiciera una promesa a la Virgen que, si se curaba de su mal, consagraría su vida al cuidado de los enfermos en el Hospital “San José” de Viedma. Zatti mismo, en 1915, en una edición especial del periódico “Las flores del Campo”, en homenaje al padre Garrone, escribió:
Si yo estoy bueno y sano y en estado de poder hacer algún bien a mis prójimos enfermos, se lo debo al padre Garrone, doctor, quien viendo que mi salud empeoraba cada día, me dijo terminantemente que, si no quería concluir como otros tantos, hiciera una promesa a María Auxiliadora, de permanecer siempre a su lado ayudándole en la cura de los enfermos y él, confiando en María, me sanaría... De allí su famosa expresión: “creí, prometí, sané”.
El deseo de Artémides era ser sacerdote, pero su enfermedad y las normas de la Congregación hicieron que pasara varios años viviendo en la Comunidad salesiana de Viedma, prácticamente como un Salesiano más, pero sin ingresar formalmente al noviciado y sin hacer la profesión religiosa como Salesiano.
En 1902 se instaló en Patagones el noviciado salesiano. Aunque no hay constancia que Zatti asistiera, ya que en esa época no dejó de residir en Viedma, es probable que haya cruzado el Río Negro para asistir a las conferencias del maestro de novicios y para sostener conversaciones personales con él. De lo que sí hay constancia es que el 18 de enero de 1907, después de haber superado “la prueba del noviciado” (sic) Zatti pidió ser admitido como Salesiano Coadjutor. La admisión llegó un año más tarde. El 11 de enero de 1908 hizo su primera profesión religiosa y el 18 de febrero de 1911 profesó como Salesiano Coadjutor.
Cuando Zatti llegó a Viedma, ya hacía trece años que el padre Evasio Garrone estaba a cargo del Hospital “San José” y seis que se había organizado la farmacia “San Francisco de Sales”. A medida que su salud iba mejorando, Artémides dedicaba más tiempo a trabajar en la botica y en el hospital, donde fue aprendiendo el oficio y asumiendo responsabilidades.
En Italia, había cursado algunos años de nivel primario. En Bernal debió interrumpir los estudios a causa de la tuberculosis. En Viedma y en franca recuperación de su enfermedad, intentó hacer el nivel secundario a distancia en un instituto privado porteño. Sin embargo, la correspondencia de aquella época, estudiada por el padre Entraigas para su biografía, muestra que, a pesar del esfuerzo de Zatti, se interrumpió. Sin el secundario completo, debió renunciar a la posibilidad del título universitario de farmacéutico, pero con mucho esfuerzo, pudo conseguir el de idóneo en farmacia. Lo atestigua un diploma de la Dirección General de Salubridad y Obras Sanitarias de la Provincia de Buenos Aires fechado en La Plata, el 30 de mayo de 1917 qué dice: “Aprobado en los exámenes rendidos ante esta dirección el 28 de mayo de 1917, Artémides Zatti, de nacionalidad italiano, de 36 años, queda reconocido como Idóneo en Farmacia.”
Cuando murió el padre Garrone, en 1911, asumió como vicedirector, administrador y enfermero del Hospital “San José”. No hay notificación oficial que designe a Zatti con alguna responsabilidad respecto al hospital, pero en su proceso de beatificación se testificó:
La responsabilidad directiva del Hospital recayó sobre él casi espontáneamente, porque antes que muriera el padre Garrone, hacía tiempo que ejercía como farmacéutico y enfermero. Muriendo el padre Garrone, no quedaba otro en su lugar y lo ocupó Zatti con la anuencia de los superiores.
El padre Luis Pedemonte, primer inspector salesiano con sede en Viedma, al asumir en 1912, comprendió la importancia real y simbólica del “Hospital San José” y, al conocer a Zatti, constató que necesitaba y merecía ser apoyado en su empeño. Para eso, consiguió el aval del Rector Mayor, Pablo Albera, calculó el costo de la obra, consiguió benefactores, consiguió ayuda del gobierno y puso la piedra fundamental. Pero quien se encargó de dirigir los trabajos de la edificación y la provisión de materiales fue Artémides Zatti. Ambos se complementaron en el trabajo a favor de los enfermos. El Coadjutor Antonio Patriarca brindó su experiencia de constructor y el 5 de septiembre de 1915 se inauguró solemnemente la planta baja del nuevo Hospital. Ya en 1913 se habían creado Centros de Asistencia Pública en Viedma, San Antonio, Valcheta y Conesa, pero al carecer de internación y sala de operaciones, derivaban a quienes lo necesitaban al Hospital “San José”.
En su biografía titulada “El Pariente de los pobres”, el padre Raúl Entraigas dice acerca de las tareas de Zatti en el hospital:
Su labor no era naturalmente burocrática. Era director porque él lo hacía todo: contrataba, dirigía y pagaba al personal, compraba la leche y la verdura para los enfermos, vigilaba la limpieza de las reparticiones (...) Sobre todo, debía buscar lo necesario para pagar lo que consumía el hospital.
Su extensa jornada comenzaba a las 4:30 h o 5 de la mañana y, a lo largo del día, alternaba la atención personalizada a los enfermos del hospital y los domiciliarios distribuidos por toda la Comarca, con las prácticas religiosas de su comunidad. Trabajaba en la farmacia, hacía reparaciones, respondía correspondencia y se reunía con las enfermeras acompañándolas para el buen funcionamiento del hospital.
También fue enfermero del colegio “San Francisco de Sales”, del colegio de las Hermanas de “María Auxiliadora”, del “Círculo de Obreros Católicos” y de la Cárcel de Viedma.
En el discurso que el Dr. Fernando Molinari pronunció al inaugurar un monumento en su memoria, en 1956, se rescata la personalidad y los valores que sustentaron su accionar cotidiano:
Es imposible no recordar las andanzas en su bicicleta, sus rondas incansables, con su clásico guardapolvo blanco anudado a la cintura, saludado con cariño por cuántos encontraba a su paso. En el lento rodar de su bicicleta había tiempo para todo... Un saludo afectuoso, la palabra cordial, el consejo mesurado, alguna indicación terapéutica, ayuda espontánea y desinteresada... Sus amplios bolsillos estaban siempre repletos de medicamentos qué distribuía a manos llenas entre los necesitados. Recorría uno a uno cuánto llamado recibiera, prodigando no solo sus conocimientos en medicina, que los tenía y muy sólidos, sino también confianza, optimismo y la fe que irradiaba su sonrisa constante ancha y dulce y la bondad de su mirada.
En 1914 Zatti obtuvo la ciudadanía argentina.
En 1934 al crearse la diócesis de Viedma aparece la necesidad de establecer una sede para su primer obispo, el salesiano Nicolás Esandi. Con este objetivo se decidió encarar la construcción de la curia episcopal, al lado de la catedral y frente a la plaza, justo en el espacio que ocupaba el Hospital San José.
La congregación dispuso el traslado del hospital al terreno de la Escuela Agrícola San Isidro, en las afueras del pueblo. Comenzaron con los trabajos de demolición inmediatamente, incluso antes de poder retirar a todos los enfermos del lugar, y sin poder acondicionar el espacio asignado para su atención. Fue una decisión administrativa que no tuvo consideración de las personas, de los enfermos y mucho menos, del trabajo que había desarrollado Artémides Zatti.
Fueron 48 años de trabajo en el Hospital “San José” durante los cuales creció su fama de santidad.
El 15 de marzo de 1951 a los 70 años de edad, falleció en el Hospital de la quinta San Isidro en Viedma, como consecuencia de cáncer en el hígado. Sus restos fueron depositados en el panteón salesiano del cementerio de Viedma. Posteriormente, el 13 de diciembre de 1981, fueron trasladados a la parroquia Don Bosco de la misma ciudad.
El 14 de diciembre de 1952 se designó una calle de Viedma con el nombre de Artémides Zatti. En 1954 el padre Raúl Entraigas publicó su primera biografía y, el 13 de diciembre de 1975 se puso su nombre al Hospital Vecinal de Viedma.
Desde el 22 de marzo de 1980 hasta el 17 de mayo de 1982 se realizó la investigación diocesana en Viedma para la causa de beatificación. El 19 de abril de 1980 Carlos Bosio, sanó milagrosamente, hecho que fue atribuido a su intercesión. El 6 de febrero 2001 el papa San Juan Pablo II aprobó este milagro y lo beatificó, en Roma, el 14 de abril de 2002.
En agosto de 2016 se produjo otro milagro atribuido a su intercesión, en Filipinas. El papa Francisco lo aprobó para su canonización celebrada en Roma el 9 de octubre de 2022.

Costamagna, Santiago
AR-AHS ARS/BB ISAAR 4.CS · Person · 1846 - 1921

Santiago Costamagna nació en Caramagna, pequeño poblado a treinta kilómetros de Turín, el 23 de marzo de 1846. Tenía doce años cuando lo enviaron a Turín para que estudiara con Don Bosco, quién era conocido del párroco y de los feligreses de Caramagna por las visitas que había realizado a ese pueblo en los famosos “paseos otoñales”.
Ingresó al oratorio en 1858. Además de adelantar en el estudio, se fue perfeccionando en la música. Don Cagliero fue su profesor de música. Don Bosco produjo en él, por su paternidad, cercanía y afecto, una verdadera fascinación.
Así fue transcurriendo su vida entre el estudio, la oración, la alegría de los recreos y la música. Descubrió que se sentía llamado a seguir con Don Bosco en el oratorio, para darles a muchos jóvenes la oportunidad de una vida plena; de un encuentro real con Jesús, como él mismo había experimentado y disfrutado. Siendo ya clérigo, Don Bosco lo envió al colegio San Felipe Neri, de Lanzo. Allí ejerció como maestro de música, y compartió la vida con otros clérigos que se transformarían en amigos y compañeros en las tierras de misión: Luis Lasagna y José Fagnano.
El 28 de junio de 1868 recibió el diaconado, y el 18 de septiembre el sacerdocio. El 23 de septiembre de 1870 hizo los votos perpetuos como salesiano.
Llegó a Mornese el 6 de noviembre de 1874, enviado por Don Bosco como director espiritual de la entonces casa central de las Hijas de María Auxiliadora. Se consagró al acompañamiento del naciente Instituto, y pudo ser testigo de la ejemplar santidad de Madre Mazzarello.
En 1877 Don Bosco preparaba la tercera expedición misionera a Buenos Aires, y pensó en él para encabezar el grupo de diecisiete salesianos y la primera expedición de Hijas de María Auxiliadora: seis salesianas de Mornese, entre ellas sor Ángela Vallese. Ese mismo año se embarca junto a otro salesiano para venir a la Patagonia en el vapor Santa Rosa y naufragan. Se salvan de milagro, frente a las costas de Mar del Plata.
Después de muchas peripecias, y contando con el aliento y la insistencia de Don Bosco, el 17 de abril de 1879 inició la marcha hacia la Patagonia acompañando la expedición al desierto del general Julio Argentino Roca, junto con monseñor Espinosa y el clérigo Luis Botta, llegando hasta Choele-Choel, y realizando numerosos bautismos que dejó registrados en un cuaderno.
El 25 de mayo, le escribe a don Bosco:
Mientras llegan los otros compañeros de misión, ya estoy catequizando algunas pobres indias, a las que se les han muerto los patrones, los padres y los esposos. ¡No se extrañará por tanto, si alguna vez, armado con la caridad de Cristo, grite contra esta barbarie civil…!”.
Dejé que todos celebraran la fiesta patria del 25 de mayo y busqué enseguida a mis indios prisioneros de guerra para catequizarlos.
La miseria en la que los encontré es algo extraordinario. Algunos estaban semidesnudos y no tenían más que una piel de carnero para cubrirse; no tenían toldos y dormían al descubierto sin ningún reparo; una sucia vejiga que llenaban de agua les hacía el oficio de botella y de vaso al mismo tiempo, ¡pobrecitos!
Al verme llegar me rodearon enseguida hombres y mujeres, niños y niñas, y todos juntos formábamos un grupo tan original que el mismo ministro (Gral. Julio Argentino Roca) lo quiso ver un día y mandó que se sacase una fotografía.
El 4 agosto de 1880 falleció el padre Francisco Bodratto, primer inspector de la Argentina. Inmediatamente nombraron a Costamagna como nuevo superior de América. Fueron años de muchísima actividad, donde acompañó el trabajo de sus hermanos salesianos. En 1881 le tocó visitar las casas de Uruguay, donde pudo comprobar la espiritualidad y sacrificio de las nacientes comunidades. En 1883 visitó Valdocco, y allí vio por última vez a Don Bosco.
En 1886 acompaña a Mons. Cagliero a entrevistarse con el Presidente de la Nación: Julio Argentino Roca.
El 6 de marzo de 1887, el padre Santiago Costamagna, inició la misión salesiana en Concepción, Chile. Desde hacía unos años se estaba escribiendo con Blas Cañas y había aceptado el patrocinio de la obra.
En 1890 Don Rúa lo llamó a Italia para encabezar una nueva expedición misionera. En esa oportunidad, delegó en él la facultad de visitar las casas del Pacífico, las repúblicas de Chile y Ecuador. Pudo ver la expansión de la obra de Don Bosco en tantas regiones de América del sur. Mientras tanto, seguía ejerciendo su servicio de inspector en Buenos Aires.
Fue consagrado obispo el día 23 de mayo de 1895 en la Iglesia de María Auxiliadora de Turín.
Llegado a Buenos Aires, parte el 15 de enero de 1896 para fundar la Primera Casa Salesiana en Bolivia-La Paz y en Sucre. En 1897, Mons. Costamagna será nombrado Vicario General del Rector Mayor Don Rúa para las casas de la Costa del Pacífico e Inspector de la Nueva Inspectoría Chileno-Peruana y Boliviana.
Recién a mediados de junio de 1902 obtuvo permiso del gobierno de Ecuador para visitar, sólo por tres meses, a los misioneros afincados en el vicariato apostólico de Méndez y Gualaquiza. En esa oportunidad se embarcó en el puerto del Callao rumbo a Guayaquil, y de allí pasó a Cuenca a lomo de mula. Hasta Cuchil, último puesto poblado, los acompañaron tres soldados: ahí les pidió que regresaran, para que la cruz entrase en el vicariato sin la compañía de la espada. Tuvo contacto con los naturales del lugar y pudo observar la tarea abnegada de los misioneros. La segunda visita al Ecuador la pudo comenzar el 22 de agosto de 1903, recorriendo el vasto territorio de Azuay y del Guayas. Luego visitó Panamá, donde se embarcó para San Salvador. Volvió a Turín en 1904 para participar del Capítulo General X de la Congregación Salesiana. Terminado el mismo se embarcó para la Argentina, adonde llegó los últimos días de 1904, continuando el viaje para Chile y las costas del Pacífico con el carácter de visitador para el que lo había reelegido Don Rúa.
Permaneció en Buenos Aires desde 1910 hasta mediados de 1913. El 16 de agosto de 1912 se encuentra en Bahía Blanca, donde iniciaron las obras de la nueva iglesia del colegio Don Bosco. Monseñor Santiago Costamagna bendijo y colocó la piedra fundamental de lo que sería el templo del “Sagrado Corazón de Jesús”.
El 11 de junio de 1914, entró definitivamente a Méndez y Gualaquiza, Ecuador. Se dedicó al estudio del idioma jíbaro y se consagró a la redacción y traducción de un catecismo en ese idioma. Recorrió todo lo que pudo el vicariato, y trató de acompañar paternalmente a los misioneros.
A mediados de 1918, sintiendo que su salud declinaba, presentó su renuncia a la Santa Sede y regresó a Buenos Aires. En 1920, habiendo sufrido una operación el padre Vespignani, éste le pidió que hiciese la visita canónica a las casas salesianas de la inspectoría: las de la ciudad de Buenos Aires, San Nicolás, Rosario, Córdoba, Rodeo del Medio, Salta, Tucumán y las casas de la Patagonia. Al regresar a Buenos Aires vivió en la casa de formación de Bernal, acompañando novicios y formandos.
En julio de 1921 encargó la nueva edición de sus “Alabanzas a María” donde entre muchísimas obras musicales en honor a la Virgen, destaca el conocidísimo “Venid y vamos todos con flores a María”.
Monseñor Santiago Costamagna falleció en Bernal el 9 de septiembre de 1921, sin embargo sus composiciones musicales y su obra misionera siguen hablándonos e invitándonos a continuar la obra de Don Bosco.

Rossetti, Carlos
AR-AHS ARS/BB ISAAR 4.RC · Person · 1864 - 1921

Carlos Rossetti nació en Chiavasso, Turín, Italia, el 29 de febrero de 1864. Conoció la congregación y a Don Bosco mismo en 1885; y se hizo salesiano coadjutor. En 1889 llegó a la República Argentina formando parte de la décimosexta expedición misionera, y se integró a las misiones de la Patagonia. Hizo su profesión perpetua, el 2 de febrero de 1892.
Su vida misionera transcurrió íntegramente en el Colegio Don Bosco de Bahía Blanca, donde simultáneamente al oficio de sacristán, añadía el de enfermero, ropero, despensero, recadero... un verdadero factótumn; esas tareas las cumplía con exactitud y a satisfacción de salesianos y extraños, conquistándose el afecto de todos. Fue siempre atento, humilde, servicial, y se desvivía para atender a los hermanos salesianos que llegaban a Bahía Blanca, particularmente con ocasión de los Ejercicios Espirituales.
Atendía a los salesianos y alumnos enfermos, con exquisita caridad. Frugal y breve en sus comidas. Siempre estaba presente en los recreos para asistir a los alumnos.
Rossetti había venido a las misiones como familiar del vicario apostólico, pero la escasez de personal hizo que Cagliero se privase de su compañía para proveer a la fundación de la obra salesiana de Bahía Blanca.
Con paciencia soportó los dolores que le acarreaba un tumor maligno en el estómago. A fines del mes de octubre de 1920 fue trasladado al hospital San José de Viedma para una mejor atención. Allí, los hermanos Artémides Zatti y Augusto Rébola lo atendieron durante los cinco meses que permaneció internado; ambos lo admiraban como modelo de enfermo paciente y resignado a la voluntad de Dios. Falleció el 20 de marzo de 1921 a los 57 años de edad, 33 de profesión religiosa y 33 de vida misionera.

AR AHS ARS/BB ISAAR 5.68 · Corporate body · 1889-1911

Las misiones salesianas de San Rafael (fundada en 1889) y Buen Pastor (fundada en 1898) formaron parte del proyecto evangelizador impulsado por el prefecto apostólico José Fagnano, cuyo accionar en la región magallánica ha sido ampliamente documentado en El capitán bueno (Motto, 2017). Ambas misiones se ubicaron en el sector sur de Isla Dawson, en el estrecho de Magallanes, y funcionaron como centros de reducción, catequesis y reorganización espacial de los pueblos originarios selknam, haush y alacalufes, en un contexto de drástica disminución demográfica producto de la colonización ganadera y la violencia asociada a la ocupación de Tierra del Fuego.
La Misión San Rafael fue establecida con el objetivo de recibir a grupos indígenas trasladados hacia la isla. Su funcionamiento se organizó bajo el modelo de reducción indígena, con énfasis en la instrucción religiosa, la alfabetización básica y la sedentarización. Se fundó un aserradero y se formó a los originarios en el oficio para que pudieran insertarse en el mercado laboral. Las condiciones de hacinamiento, la ruptura de los modos de vida tradicionales y la exposición a enfermedades respiratorias y contagiosas contribuyeron a una elevada mortalidad dentro del establecimiento.
La Misión Buen Pastor, fundada en 1898, se integró al mismo esquema organizativo. Durante sus primeros años no contó con un director formalmente designado. Recién en 1901 se nombró vicedirector al sacerdote Luis Carnino, y en 1902 actuó como confesor el Padre José Crema, proveniente de la Misión San Rafael. Estos nombramientos consolidaron la articulación administrativa entre ambas misiones, que compartían personal (sacerdotes, coadjutores e Hijas de María Auxiliadora), recursos y criterios pastorales.
La finalidad de estas misiones se centró en la evangelización y el adoctrinamiento religioso, además de la preservación cultural y la supervivencia de los pueblos originarios.
Ambas misiones funcionaron hasta 1911, año en que vencía el contrato de arriendo de la isla con el gobierno chileno. Las misiones fueron cerradas y parte de su personal y documentación trasladada a la Misión de La Candelaria (Río Grande). Los restos materiales de San Rafael fueron posteriormente declarados Monumento Histórico (2010).

Garrone, Evasio
AR-AHS ARS/BB ISAAR 4.GE · Person · 1861 - 1911

Evasio Garrone nació el 1 de diciembre de 1861, en un pequeño pueblo ubicado en las colinas de Monferrato, Italia, llamado Grana. Hijo de Pedro Garrone y Olimpia Maggiora, transcurrió su infancia y adolescencia acompañándolos en los trabajos de la granja y en las tareas agrícolas del Piamonte.
Tenía diecisiete años cuando, el 14 de agosto de 1878, ingresó al Oratorio Salesiano de Turín. El trabajo en el campo y en el pequeño negocio que tenía su padre no le había permitido estudiar. Por eso, la novedosa vida cotidiana del Oratorio y la atención dispensada por el mismo don Bosco, consolidaron en él sus deseos de ser sacerdote. Según los testimonios manifestados en la causa de canonización de don Bosco, Evasio, fue testigo y destinatario de los dones proféticos y místicos de don Bosco.
Para cumplir con el servicio militar obligatorio, el 6 de enero de 1882, ingresó al Regimiento 14° de Infantería en Catanzaro, Calabria. Ese mismo año, fue llamado a Turín para prestar servicio en una Compañía de Sanidad del Hospital Militar en el área de enfermería del 5° Regimiento de Alpinos. Durante el tiempo que estuvo en el ejército estudió todo lo relativo a la medicina. Rindió exámenes de competencia ante el Consejo Sanitario de la ciudad de Turín y se perfeccionó en la ciencia médica, con tal aplicación que le confiaron la dirección interna del Hospital Militar de Susa.
Cumplidos los deberes con su patria volvió al Oratorio. Ingresó al noviciado de “San Benigno de Canavese” e hizo su primera profesión religiosa el 11 de octubre de 1885 en manos de don Bosco y la profesión perpetua el 3 de octubre de 1886.
En 1889, junto a un numeroso grupo de salesianos, se embarcó como misionero hacia Argentina. Los acompañaba Monseñor Juan Cagliero, que regresaba a la Patagonia por tercera vez. Cagliero fue quien el 12 de mayo de 1889 lo ordenó sacerdote en Carmen de Patagones junto a otros cuatro compañeros.
El 15 de junio se integró como personal del colegio “San Francisco de Sales” en Viedma. A partir de entonces, además del ejercicio sacerdotal, dedicó todas sus fuerzas a socorrer a los enfermos, conquistando la estima y reconocimiento de los pobladores de Viedma, Patagones y de todo el extenso territorio de Río Negro. En las crónicas del Colegio “San José” de Patagones del 29 de junio, se lee: “El farmacéutico sacerdote salesiano don Garrone, comienza a practicar excelentes curaciones en el pueblo”. Y poco después, monseñor Cagliero, escribió a Don Rúa: "la habilidad de nuestro don Garrone y sus remedios son de una eficacia maravillosa”.
No había hospital ni aistencia pública en Viedma, Patagones, ni en toda la zona, por lo que monseñor Cagliero comenzó a pensar en fundar un hospital salesiano. Fue así que bajo la guía y dirección del padre Evasio Garrone, nacieron casi inmediatamente dos instituciones de suma necesidad: el hospital “San José”, asistido por las hermanas de María Auxiliadora y la farmacia “San Francisco de Sales”.
Los testimonios de la época dan cuenta de las curaciones que realizaba no sólo a la gente sencilla, sino también a militares de alta jerarquía y a familias distinguidas en ambas márgenes del Río Negro. Esto le valió el mote de “padre Dotor”.
La valiosa obra del médico misionero fue uno de los factores más eficaces para llevar a cabo la evangelización de la Patagonia. Para socorrer a los enfermos recorría a caballo centenares de kilómetros hasta Pringles (hoy Guardia Mitre), General Conesa, Río Colorado, Cubanea, China Muerta, San Javier...
Como fruto de su experiencia inventó medicamentos para los salesianos, que luego fueron reconocidos y aprobados por médicos, como específicos y muy eficaces contra la tuberculosis, la neurastenia y otros males de la época.
En 1902, enfermo de tuberculosis, llegó a Viedma Artémides Zatti. Él mismo dio testimonio de que su curación fue dada por la intervención del padre Garrone. De él aprendió la ciencia médica y lo sucedió en la dirección del hospital. Y un año más tarde, en enero de 1903, recibió a Ceferino Namuncurá, también afectado de tuberculosis.
Es necesario destacar que el padre Garrone por ejercer la medicina en forma gratuita, padeció la persecución originada por celos profesionales y por intrigas sectarias y antirreligiosas que, hasta llegaron a contratar sicarios, para quitarle la vida.
Estas oposiciones sirvieron para confirmar y extender la acción benéfica y la fama del “padre doctor”. En varias oportunidades, se elevaron peticiones y testimonios a las autoridades nacionales avaladas por millares de firmas dejando en claro la pericia médica del misionero, su asidua y desinteresada asistencia a los enfermos y las ayudas gratuitas en el suministro de medicamentos y alimentos que oportunamente se distribuían.
El 6 de julio de 1904, partió hacia Italia donde se realizaba el Capítulo General en Roma. Acompañaba a monseñor Cagliero y a Ceferino Namuncurá. Regresó a Turín, donde además de revivir sus orígenes tuvo la oportunidad de sanar al sucesor de don Bosco, don Miguel Rúa. En su pueblo natal fue recibido con honores y gratitud. La comuna lo condecoró con una medalla y un diploma de honor. Algunos superiores le pidieron que se quedara en Italia, pero regresó a Viedma, donde cada vez era más necesaria su labor.
En 1908 una nueva amenaza de retirarle la autorización de ejercer la medicina, sumado al cansancio por exceso de trabajo, resintieron su salud. Comenzó a experimentar una somnolencia invencible y, en proximidades de las celebraciones navideñas de 1910, fue afectado por una grave neumonía.
Mientras permanecía en cama, un movimiento popular testimoniaba su gratitud, declarando que a él le debían su salud y la de sus seres queridos. El mismo gobernador del entonces territorio de Río Negro, el ingeniero Carlos Gallardo, el 24 de diciembre de 1910, se constituía en intérprete del pueblo ante el ministro del Interior de la República Argentina en los siguientes términos:
Pocas veces se ha presentado un caso como el presente, en el que el gobernador del territorio pide al Señor Ministro, se haga una excepción en la aplicación de la ley que regula el ejercicio de la medicina; pero pocas veces, o quizá ninguna se tratará de una instancia más atendible que la presente, que se refiere a un sacerdote que durante ya hace casi un cuarto de siglo dedica su saber y todas sus energías a socorrer y aliviar las penas y los dolores físicos de los pobres habitantes de estas regiones, prodigando a su prójimo todo su amor. Las informaciones que he recogido me permiten asegurar que, tanto en el pasado como en el presente, el padre Garrone ha empleado su ciencia con la prudencia de un sabio y con el desinterés de un apóstol, y que, si quisiera prohibírsele el ejercicio de la medicina, se presentaría un verdadero problema no sólo de orden moral, sino también material, que esta gobernación no encontraría modo de resolver, a no ser que dispusiese de fuertes y extraordinarias ayudas.
Esta carta, acompañada de otros pedidos de asociaciones, magistrados y médicos y, corroborada por más de mil firmas de todo el territorio, llegó a Buenos Aires juntamente con la triste noticia de la muerte del misionero, el 8 de enero de 1911. Tenía 49 años de edad, 22 de sacerdocio y 25 de profesión religiosa.
Un artístico monumento en el cementerio de la ciudad de Viedma perpetúa su memoria, y una calle de la ciudad, lleva su nombre.