Mostrar 1 resultados

Registo de autoridade
Migone, Mario
AR-AHS ARS/BB ISAAR 4.MM · Pessoa singular · 1863 - 1937

Mario Luis Migone nació en Montevideo, Uruguay, el 13 de diciembre de 1863. Fue la primera vocación y el primer sacerdote salesiano de América Latina. Cuando ingresó en el colegio Pío IX de Villa Colón, solo tres comunidades salesianas existían en América: San Nicolás de los Arroyos de Buenos Aires y Villa Colón de Uruguay.
Ingresó el año 1877 en el colegio Pío IX. Dejó sus tierras y puso pie en Buenos Aires como aspirante a la vida salesiana.
Realizó un viaje a Europa en compañía de sus padres. Al visitar el Oratorio de Turín con su progenitor, don Bosco invitó a ambos a sentarse a su mesa, esta distinción incitó aún más al joven uruguayo a seguir su vocación salesiana.
Grandes salesianos intervinieron en su formación cultural y religiosa: monseñor Luis Lasagna; monseñor Santiago Costamagna; monseñor Juan Cagliero, monseñor José Fagnano y don Rúa.
Finalizados sus estudios secundarios ingresó en el noviciado, mientras trabajaba en el Boletín Salesiano, editado en castellano, como corrector y redactor. Ya desde 1881 era asistente de los aspirantes y ayudante del padre José Vespignani. Profesó el 27 de enero de 1882. Siendo estudiante de teología, se ocupaba también de la traducción de los artículos del Boletín Salesiano italiano para publicarlos en la edición nacional.
Cuando monseñor Cagliero regresó de Chile, en 1887, lo consagró sacerdote. Elegido secretario de monseñor Cagliero, pasó 3 años en Viedma, desempeñando al mismo tiempo el cargo de director espiritual de los alumnos del colegio San Francisco de Sales.
Cuando se estableció la Prefectura Apostólica, las Islas Malvinas quedaron a cargo de los salesianos. Entre 1889 y 1891, no habiendo otro salesiano que supiese hablar inglés para acompañar al padre Patricio Diamond, monseñor Cagliero envió a Migone a las Malvinas. No pudo soportar los grandes fríos... se le hincharon los pies y las manos de tal manera que apenas podía celebrar la misa. Cagliero lo hizo retornar y lo nombró provicario y director de Viedma.
En 1892 acompañó a Cagliero en la visita a la casa de Concepción, Chile. Al retornar, pasó por la ciudad de Punta Arenas y visitó la Isla Dawson, donde monseñor Fagnano había fundado la floreciente misión San Rafael para evangelizar a los kawéskar y selk’nam.
Cagliero le asignó ser director de Patagones o de las Malvinas, Migone eligió las Malvinas. Paulatinamente se fue habituando al lugar, considerado por otros como de destierro. Vivía feliz y deseaba quedarse hasta la muerte. Pero pronto le cambiaron los planes. La Congregación acababa de aceptar la dirección del colegio “El Patrocinio de San José" de Santiago, Chile. Monseñor Santiago Costamagna necesitaba un director y Migone fue elegido para el cargo.
Desplegó una actividad multifacética: organizó la educación católica de la capital malvinense y fue concentrando poco a poco la misión en la propuesta de las Hijas de María Auxiliadora, que llegaron a las islas de su mano, en 1907.
Escribió sus memorias, publicadas en Buenos Aires en 1948: “Treinta y tres años de vida malvinera”, intenta ser una demostración científica de la soberanía argentina sobre las islas. En él se lee: “De las conversaciones con el gobernador de Malvinas salí convencido de que el mentado derecho inglés no tenía más apoyo que la fuerza”. Y escribió también una biografía de Fagnano “Un héroe de la Patagonia. Apuntes biográficos de José María Fagnano”, publicado en el Colegio Pío IX de Buenos Aires en 1933. En este libro denuncia, entre otros atropellos, el rapto de las mujeres originarias para el servicio doméstico y sexual, por parte de los blancos criollos o extranjeros.
Sacerdote de vasta cultura, además del castellano, hablaba y escribía el inglés, el francés, el italiano y el alemán.
El cine, primero y único en Puerto Stanley por mucho tiempo, fue creación del padre Migone. Él lo cuenta así:
El gasto era grande, porque incluía la adquisición de maquinaria eléctrica para la producción de esa luz que aún no existía en la Colonia. En aquellos tiempos, los jóvenes tenían pocos medios de distracción, y ese hecho contribuía a que se reunieran en las casas de bebida para pasar el tiempo, expuestos a la adquisición de malos hábitos...
Escritor y fiel observador de la realidad, el padre Migone expresó libremente su opinión respecto de la soberanía de las islas, sin tapujos y defendiendo la causa argentina, aún siendo de origen uruguayo. En su libro “Treinta y tres años de vida malvinera” escribió:
Debo confesar que aún antes de tener ideas propias sobre el litigio, mis simpatías se inclinaban en favor de la Argentina. Me movía a ello su ecuanimidad y paciente tolerancia, que se daba por satisfecha protestando continuamente contra el hecho consumado, en contraposición a la arrogancia inglesa, que mira y miró siempre con desdén lo que califica de pretensiones argentinas.
Sus siete últimos años de vida fueron de tribulación por una enfermedad que exigía diariamente dolorosas curaciones. En medio de aquella soledad tuvo el consuelo de verse amado por católicos y protestantes, que se alternaban para asistirlo. Lo estimaban las autoridades, los trabajadores, los marineros... y lo reconocían como un hombre santo.
Celebró sus bodas de oro sacerdotales en el mes de junio de 1937. Murió en Puerto Argentino, Islas Malvinas, el 1 de noviembre de 1937 a los 74 años de edad.
Su sepelio fue un homenaje de todos los pobladores de las Malvinas, incluidas las autoridades civiles, que ya en vida de Migone le habían dedicado una calle como ciudadano benemérito. Sus restos descansan en el cementerio de Puerto Argentino que él mismo había construido.