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Cagliero, Juan
AR-AHS ARS/BB ISAAR 4.CJ · Persoon · 1838 - 1926

Juan Cagliero nació en Castelnuovo d´Asti, Italia, el 11 de enero de 1838. Huérfano de padre desde muy pequeño, ayudaba al cura de su pueblo como monaguillo. Así fue que conoció a don Bosco cuando, en septiembre de 1850, llegó al pueblo en uno de los paseos juveniles que solía realizar con los niños del Oratorio. Inmediatamente se sintió atraído por su personalidad de modo que cuando al año siguiente regresó al lugar, le manifestó su deseo de irse con él. Su mamá, Teresa Musso, campesina sencilla y de gran bondad, no puso reparos. Y Juan ingresó al Oratorio de Turín, el 3 de noviembre de 1851.
Demostró ser un joven despierto, independiente, emprendedor y muy activo, cualidades que le permitirían en el futuro asumir la misión salesiana de América. Pero, en ese tiempo de juventud, le sirvieron para ser catalogado como “díscolo” y estuvo a punto de que lo enviaran de regreso a su casa. Lo salvó su buen rendimiento intelectual y la intervención de don Bosco.
Ante la epidemia de cólera que se declaró en Turín en 1854 Cagliero, junto a otros jóvenes del oratorio, se ofreció a cuidar a los enfermos, ninguno se contagió.
Más tarde Juan cayó gravemente enfermo, por la fiebre tifus. Estuvo a punto de morir. En las memorias biográficas de don Bosco se narra esta situación como profecía de la misión salesiana en la Patagonia: al ingresar don Bosco a la habitación de Juan Cagliero para administrarle los sacramentos, vio que sobre su cabeza se cernía una paloma. El entorno desapareció y en su lugar surgieron montes y praderas donde erraban aborígenes, que más tarde reconocería como los habitantes de la Patagonia y Tierra del Fuego. Juan Cagliero se curó y veintiún años más tarde encabezaría la primera expedición salesiana con destino a la Patagonia.
En el oratorio, Cagliero fue maestro y asistente del dormitorio. Junto al estudio de las Ciencias Eclesiásticas se dedicó a la música: estudió piano, órgano, solfeo, composición y contrapunto. Fue maestro de música; compuso notables obras musicales; formó musicalmente a muchos jóvenes y dirigió un coro de más de 300 integrantes.
Secundó a don Bosco como su brazo derecho ante los desafíos y dificultades que tuvo que atravesar y en las difíciles relaciones eclesiales. Aprendió de él y con él, configurando su personalidad, enriqueciéndose culturalmente y con una profunda formación religiosa y sacerdotal.
El 14 de junio de 1862 fue ordenado sacerdote. Comenzó a trabajar como director espiritual del Oratorio de Valdocco. Atendió las capellanías del “Refugio”, la de la obra de la Marquesa Barolo y más tarde, en el Instituto de las Hijas de María Auxiliadora.
El 15 de noviembre de 1865 hizo su profesión perpetua prometiendo dedicar su vida a la Sociedad Salesiana. Se doctoró en Teología el 4 de diciembre de 1873 en la Facultad Pontificia de Turín.
Las intenciones misioneras de Don Bosco fueron madurando. En 1872 tuvo otro sueño profético. Estudiando en los libros de geografía de esa época descubrió que las personas que había visto en sueños, eran habitantes de la Patagonia y de Tierra del Fuego. Casi en simultáneo recibió una propuesta del obispo de Buenos Aires, monseñor Aneiros que, por sugerencia del cónsul Gazzolo, le solicitaba la apertura de colegios como los que ya tenía en Italia, pero en su diócesis, en Argentina.
El 14 de noviembre de 1875, Juan Cagliero, SDB, partió del puerto de Génova encabezando la primera expedición misionera integrada por diez salesianos. Desembarcó en el puerto de Buenos Aires el 14 de diciembre de ese año, dando inicio al itinerario fundamental de su misión en América, como conductor y ejecutor de la propuesta de don Bosco.
Al llegar a Buenos Aires, se establecieron en la Iglesia “Mater Misericordiæ”, la “iglesia de los italianos”. Ni bien arribaron, con ayuda del presidente de las “Conferencias de San Vicente de Paul”, Dr. Eduardo Carranza Viamont, comenzó a funcionar un taller de artes y oficios y, en forma casi simultánea, en los ambientes contiguos, una escuela para estudiantes. Este será el germen del Colegio Pío IX de Almagro. A pedido de monseñor Aneiros los salesianos comenzaron a trabajar en el barrio de “La Boca”, un lugar habitado por genoveses, napolitanos, bandoleros porteños y toda suerte de inmigrantes en un ambiente marcadamente hostil y anticlerical.
A inicios de 1876, Cagliero inauguró en la localidad de San Nicolás el primer colegio salesiano de la República Argentina. Estando allí aceptó la invitación a fundar otro colegio en Uruguay, en Villa Colón. A pesar de la crisis social del momento, su entusiasmo con nuevas presencias salesianas y la posibilidad de vocaciones autóctonas, lo llevó a solicitar permiso para abrir un aspirantado salesiano y, sugerir a Don Bosco, que la segunda expedición salesiana recale, directamente, en Villa Colón.
Su tarea pastoral en Buenos Aires, San Nicolás y Uruguay demoró la propuesta de ir a la Patagonia. Don Bosco se lo reclamó insistentemente en sus cartas, y él consideraba que era necesario analizar las alternativas posibles para avanzar en el territorio. Finalmente la misión salesiana en la Patagonia se concretó a partir del 20 de enero de 1880, cuando el padre José Fagnano pasó por Carmen de Patagones fundando allí dos colegios.
En Italia se estaba organizando el primer Capítulo General de la Congregación. Cagliero, uno de los primeros salesianos, no podía estar ausente. En septiembre de 1877 fue llamado a Turín para ocupar el cargo de director espiritual de la Congregación, tarea que desempeñó hasta fines de noviembre de 1884. No participó solamente al Capítulo General informando sobre los emprendimientos apostólicos americanos sino que, estando en Italia, don Bosco le confió las fundaciones de Lucca, La Spezia, Nápoles, Catania y Randazzo. También en Utrera y en Portugal. Ante el fallecimiento de María Mazzarello, fundadora de las Hijas de María Auxiliadora, asumió la dirección espiritual del Instituto.
Para una mejor organización, expansión y mayor efectividad, en 1883 el papa León XIII, por sugerencia de Don Bosco, aprobó la creación de dos territorios diferenciados: el Vicariato Apostólico de la Patagonia Septentrional con sede en Viedma, designando a  padre Juan Cagliero como obispo vicario. Y la Prefectura Apostólica de la Patagonia Meridional, Tierra del Fuego e Islas Malvinas, con sede en Punta Arenas, para la cual nombró prefecto con el título de monseñor, al padre José Fagnano.
En 1883 los salesianos ya habían cabalgado toda la Patagonia septentrional desde el océano Atlántico hasta la cordillera de los Andes y habían surgido centros misioneros, capillas y colegios... pero lamentaban la ausencia del caudillo que don Bosco retenía en Italia.
El 24 de marzo de 1884 Monseñor Cagliero era recibido en Buenos Aires con festejos, pero las circunstancias en las que el nuevo obispo hacía su regreso a la República Argentina no podían ser peores. El delegado de la santa sede había sido expulsado. Imperaba la Ley 1420 de enseñanza laica.
Cagliero esperó inútilmente en Buenos Aires para entrevistarse con el presidente, el general Julio Argentino Roca. Emprendió viaje para Carmen de Patagones, donde fijó sede. El 11 de julio tuvo un encuentro cordial con el gobernador de la Patagonia, el general Lorenzo Vintter.
Con la llegada de monseñor Juan Cagliero al vicariato comenzó una importante expansión misionera salesiana en toda la Patagonia. Los progresos fueron notables, se organizó la acción pastoral y tanto las misiones como los misioneros se fueron multiplicando. 
En 1886, Cagliero se reunió con el presidente Roca, en un ambiente hostil propio de la sociedad laicista. Recientemente, el nuncio apostólico argentino, representante de la Santa Sede, había sido expulsado. Cagliero le manifestó que los misioneros tenían derechos de ciudadanos y que eso le permitía ingresar al país. Su objetivo era conversar sobre la problemática de las tierras que se le quitaban a los originarios. Ese mismo año, Cagliero junto con Milanesio, Riccardi y Remotti reunieron a los caciques para conversar sobre la problemática de las tierras y mediar en las capitulaciones para cuidar las vidas y obtener mayores beneficios en favor de los orginarios.
En 1887 Cagliero visitó las casas salesianas de Chile y luego, enterado de que Don Bosco había sido desahausiado, viajó a Italia para verlo por última vez.
En 1889, Cagliero se instaló en Viedma, sede del Vicariato y fundó el Hospital San José de Viedma. En 1890 en Bahía Blanca, fundó el Círculo Católico de obreros y consiguió de Agustín Pedemonte (padre de Luis, futuro inspector) las tierras para construir el Aspirantado de Bernal, el primero de América, que comenzaría a funcionar en 1895.
En 1894 Cagliero, por pedido del Presidente Luis Sáenz Peña ofreció albergar en los colegios de la Congregación Salesiana y de las Hijas de María Auxiliadora de toda la Patagonia, a los “menores delincuentes o depositados y a las mujeres criminales”. Rápidamente ese año, los orfanatos albergaron a muchos niños judicializados.
En 1897 Cagliero visitó Victorica, La Pampa y bendijo las instalaciones del Colegio Don Bosco de Bahía Blanca que se trasladó a su ubicación actual. Luego, en septiembre, en Buenos Aires, visitando el colegio Pío IX de Almagro, monseñor Cagliero, recibió a Ceferino y a su papá: el cacique Manuel Namuncurá.
En 1904 Cagliero viajó a Roma junto con Ceferino ya enfermo, quien falleció un año después.
En 1908, el 7 de agosto, fue nombrado internuncio apostólico para América Central, con sede principal en Costa Rica, cargo que ejerció hasta 1915. Durante ese período se introdujeron las obras salesianas en Costa Rica, Nicaragua y Honduras.
El 9 de diciembre de 1915, Cagliero fue elevado a la dignidad cardenalicia, siendo el primer cardenal Salesiano en la historia del catolicismo universal.
En 1926, el 28 de febrero, Cagliero murió de un infarto en Roma, a la edad de 88 años.​ Fue sepultado en el cementerio Campo Verano en Roma. Sus restos fueron reclamados por las Autoridades y el Pueblo de la República Argentina, por lo que fueron trasladados hasta la Catedral de la Ciudad de Viedma, lugar de su primera residencia como obispo.
En 1988 fue declarado Siervo de Dios.

Costamagna, Santiago
AR-AHS ARS/BB ISAAR 4.CS · Persoon · 1846 - 1921

Santiago Costamagna nació en Caramagna, pequeño poblado a treinta kilómetros de Turín, el 23 de marzo de 1846. Tenía doce años cuando lo enviaron a Turín para que estudiara con Don Bosco, quién era conocido del párroco y de los feligreses de Caramagna por las visitas que había realizado a ese pueblo en los famosos “paseos otoñales”.
Ingresó al oratorio en 1858. Además de adelantar en el estudio, se fue perfeccionando en la música. Don Cagliero fue su profesor de música. Don Bosco produjo en él, por su paternidad, cercanía y afecto, una verdadera fascinación.
Así fue transcurriendo su vida entre el estudio, la oración, la alegría de los recreos y la música. Descubrió que se sentía llamado a seguir con Don Bosco en el oratorio, para darles a muchos jóvenes la oportunidad de una vida plena; de un encuentro real con Jesús, como él mismo había experimentado y disfrutado. Siendo ya clérigo, Don Bosco lo envió al colegio San Felipe Neri, de Lanzo. Allí ejerció como maestro de música, y compartió la vida con otros clérigos que se transformarían en amigos y compañeros en las tierras de misión: Luis Lasagna y José Fagnano.
El 28 de junio de 1868 recibió el diaconado, y el 18 de septiembre el sacerdocio. El 23 de septiembre de 1870 hizo los votos perpetuos como salesiano.
Llegó a Mornese el 6 de noviembre de 1874, enviado por Don Bosco como director espiritual de la entonces casa central de las Hijas de María Auxiliadora. Se consagró al acompañamiento del naciente Instituto, y pudo ser testigo de la ejemplar santidad de Madre Mazzarello.
En 1877 Don Bosco preparaba la tercera expedición misionera a Buenos Aires, y pensó en él para encabezar el grupo de diecisiete salesianos y la primera expedición de Hijas de María Auxiliadora: seis salesianas de Mornese, entre ellas sor Ángela Vallese. Ese mismo año se embarca junto a otro salesiano para venir a la Patagonia en el vapor Santa Rosa y naufragan. Se salvan de milagro, frente a las costas de Mar del Plata.
Después de muchas peripecias, y contando con el aliento y la insistencia de Don Bosco, el 17 de abril de 1879 inició la marcha hacia la Patagonia acompañando la expedición al desierto del general Julio Argentino Roca, junto con monseñor Espinosa y el clérigo Luis Botta, llegando hasta Choele-Choel, y realizando numerosos bautismos que dejó registrados en un cuaderno.
El 25 de mayo, le escribe a don Bosco:
Mientras llegan los otros compañeros de misión, ya estoy catequizando algunas pobres indias, a las que se les han muerto los patrones, los padres y los esposos. ¡No se extrañará por tanto, si alguna vez, armado con la caridad de Cristo, grite contra esta barbarie civil…!”.
Dejé que todos celebraran la fiesta patria del 25 de mayo y busqué enseguida a mis indios prisioneros de guerra para catequizarlos.
La miseria en la que los encontré es algo extraordinario. Algunos estaban semidesnudos y no tenían más que una piel de carnero para cubrirse; no tenían toldos y dormían al descubierto sin ningún reparo; una sucia vejiga que llenaban de agua les hacía el oficio de botella y de vaso al mismo tiempo, ¡pobrecitos!
Al verme llegar me rodearon enseguida hombres y mujeres, niños y niñas, y todos juntos formábamos un grupo tan original que el mismo ministro (Gral. Julio Argentino Roca) lo quiso ver un día y mandó que se sacase una fotografía.
El 4 agosto de 1880 falleció el padre Francisco Bodratto, primer inspector de la Argentina. Inmediatamente nombraron a Costamagna como nuevo superior de América. Fueron años de muchísima actividad, donde acompañó el trabajo de sus hermanos salesianos. En 1881 le tocó visitar las casas de Uruguay, donde pudo comprobar la espiritualidad y sacrificio de las nacientes comunidades. En 1883 visitó Valdocco, y allí vio por última vez a Don Bosco.
En 1886 acompaña a Mons. Cagliero a entrevistarse con el Presidente de la Nación: Julio Argentino Roca.
El 6 de marzo de 1887, el padre Santiago Costamagna, inició la misión salesiana en Concepción, Chile. Desde hacía unos años se estaba escribiendo con Blas Cañas y había aceptado el patrocinio de la obra.
En 1890 Don Rúa lo llamó a Italia para encabezar una nueva expedición misionera. En esa oportunidad, delegó en él la facultad de visitar las casas del Pacífico, las repúblicas de Chile y Ecuador. Pudo ver la expansión de la obra de Don Bosco en tantas regiones de América del sur. Mientras tanto, seguía ejerciendo su servicio de inspector en Buenos Aires.
Fue consagrado obispo el día 23 de mayo de 1895 en la Iglesia de María Auxiliadora de Turín.
Llegado a Buenos Aires, parte el 15 de enero de 1896 para fundar la Primera Casa Salesiana en Bolivia-La Paz y en Sucre. En 1897, Mons. Costamagna será nombrado Vicario General del Rector Mayor Don Rúa para las casas de la Costa del Pacífico e Inspector de la Nueva Inspectoría Chileno-Peruana y Boliviana.
Recién a mediados de junio de 1902 obtuvo permiso del gobierno de Ecuador para visitar, sólo por tres meses, a los misioneros afincados en el vicariato apostólico de Méndez y Gualaquiza. En esa oportunidad se embarcó en el puerto del Callao rumbo a Guayaquil, y de allí pasó a Cuenca a lomo de mula. Hasta Cuchil, último puesto poblado, los acompañaron tres soldados: ahí les pidió que regresaran, para que la cruz entrase en el vicariato sin la compañía de la espada. Tuvo contacto con los naturales del lugar y pudo observar la tarea abnegada de los misioneros. La segunda visita al Ecuador la pudo comenzar el 22 de agosto de 1903, recorriendo el vasto territorio de Azuay y del Guayas. Luego visitó Panamá, donde se embarcó para San Salvador. Volvió a Turín en 1904 para participar del Capítulo General X de la Congregación Salesiana. Terminado el mismo se embarcó para la Argentina, adonde llegó los últimos días de 1904, continuando el viaje para Chile y las costas del Pacífico con el carácter de visitador para el que lo había reelegido Don Rúa.
Permaneció en Buenos Aires desde 1910 hasta mediados de 1913. El 16 de agosto de 1912 se encuentra en Bahía Blanca, donde iniciaron las obras de la nueva iglesia del colegio Don Bosco. Monseñor Santiago Costamagna bendijo y colocó la piedra fundamental de lo que sería el templo del “Sagrado Corazón de Jesús”.
El 11 de junio de 1914, entró definitivamente a Méndez y Gualaquiza, Ecuador. Se dedicó al estudio del idioma jíbaro y se consagró a la redacción y traducción de un catecismo en ese idioma. Recorrió todo lo que pudo el vicariato, y trató de acompañar paternalmente a los misioneros.
A mediados de 1918, sintiendo que su salud declinaba, presentó su renuncia a la Santa Sede y regresó a Buenos Aires. En 1920, habiendo sufrido una operación el padre Vespignani, éste le pidió que hiciese la visita canónica a las casas salesianas de la inspectoría: las de la ciudad de Buenos Aires, San Nicolás, Rosario, Córdoba, Rodeo del Medio, Salta, Tucumán y las casas de la Patagonia. Al regresar a Buenos Aires vivió en la casa de formación de Bernal, acompañando novicios y formandos.
En julio de 1921 encargó la nueva edición de sus “Alabanzas a María” donde entre muchísimas obras musicales en honor a la Virgen, destaca el conocidísimo “Venid y vamos todos con flores a María”.
Monseñor Santiago Costamagna falleció en Bernal el 9 de septiembre de 1921, sin embargo sus composiciones musicales y su obra misionera siguen hablándonos e invitándonos a continuar la obra de Don Bosco.