Mostrar 21 resultados

Registo de autoridade
Fagnano, José
AR-AHS ARS/BB ISAAR 4.FJ · Pessoa singular · 1844 - 1916

José Fagnano nació el 9 de marzo de 1844 en Rocchetta Tánaro, Reino del Piamonte. Comenzó el seminario a los doce años. Durante un periodo fue voluntario de la Cruz Roja en las tropas de Giuseppe Garibaldi, pero prefirió seguir con sus estudios religiosos. Entró en el oratorio de Don Bosco en 1860, profesó en 1864 y en 1868 fue ordenado sacerdote.
Tenía 31 años cuando llegó a la Argentina en 1875 con el primer grupo misionero salesiano a cargo de don Cagliero. El 1 de febrero de 1876 y hasta 1880 asumió como director del colegio de San Nicolás de los Arroyos, que fue la primera institución educativa salesiana en el continente americano.
En noviembre de 1879 Don Bosco le adelantó, por carta, que podía ser elegido para ir a la Patagonia, y en 1880 empezó su obra misional como párroco de Carmen de Patagones. Allí, a pesar de ser atacado por la prensa, fundó dos colegios: el “San José” para varones y “Nuestra Señora de las Indias” para niñas; formó una banda de música con los chicos de la escuela y gestionó la instalación del Banco Nación. Fagnano construyó un observatorio que comenzó a prestar importantes servicios gracias a la capacidad y formación de Stefenelli. Misionó por Pringles, Conesa, Guardia Mitre, Colonia Roca y llegó hasta el Nahuel Huapi. Había considerado fundar una colonia indígena a las puertas de la patagonia, para la atención de los tehuelches y araucanos, con la intención de elevar sus condiciones de vida.
El 16 de noviembre de 1883 la Santa Sede creó la Prefectura Apostólica de la Patagonia y nombró al padre José Fagnano Prefecto Apostólico de la Patagonia Meridional, Tierra del Fuego y Malvinas, con el título de monseñor. Era una jurisdicción binacional que abarcaba desde Punta Arenas hasta las Islas Malvinas.
Llegó a la Isla Grande de Tierra del Fuego el 21 de noviembre de 1886 en la expedición del militar Ramón Lista, desembarcando en la bahía de San Sebastián. Se interpuso temerariamente a la matanza de originarios para hacer cesar la masacre. Recorrió la Tierra del Fuego hasta Bahía Thetis donde rezó la Misa el 13 de enero de 1887.
El 21 de julio de 1887 fijó su sede en Punta Arenas y el 16 de agosto fundó el Liceo Salesiano San José, primero de los cuatro colegios salesianos de la ciudad. Entre otras iniciativas culturales, promovió la instalación del observatorio meteorológico de Punta Arenas, el museo regional y el templo mayor.
En la Isla Dawson fundó la Misión de San Rafael el 14 de febrero de 1889 para los kawéskar, isla que alquiló por 20 años, y luego debió dejar, perdiendo todas las construcciones. En 1892 recorrió a caballo la zona norte de la isla Grande de Tierra del Fuego junto al padre Beauvoir, eligiendo el lugar para establecer la Misión de la Candelaria, destinada a los selk’nam, para enseñarles el cuidado de los ovinos y la venta de la lana y de los corderos. Los misioneros de Río Grande, Ushuaia, Malvinas, e Isla Dawson todos los años recibían la visita de monseñor Fagnano. Para abastecer a las misiones, había adquirido la goleta María Auxiliadora y luego el vapor Turín, para transportar víveres, elementos de construcción y animales.
Emprendedor y audaz, monseñor Fagnano fue muchas veces arriesgado en la administración y vivió envuelto en una multitud de deudas, sin embargo, así lo describe el misionero Maggiorino Borgatello en una carta a Don Rúa, sucesor de Don Bosco, el 20 de agosto de 1894: “Verdaderamente admiro el sacrificio a que debe sobreponerse nuestro pobre y carísimo Monseñor Fagnano. Siempre en la brecha, animado del mejor celo de la gloria de Dios y la salvación de las almas, no conoce peligros de ninguna clase y estimula a todos con su noble ejemplo. ¡Yo me avergüenzo de compararme con él!” (Bruno, 1981. Tomo I, p. 452).
Monseñor José Fagnano falleció a causa de una hemiplejia en Santiago de Chile el 18 de septiembre de 1916. Sus restos descansan en la catedral del Sagrado Corazón de Jesús en Punta Arenas, a ambos lados de su mausoleo donde hacen guardia dos indios: un selknam y un kaweskar.

Costamagna, Santiago
AR-AHS ARS/BB ISAAR 4.CS · Pessoa singular · 1846 - 1921

Santiago Costamagna nació en Caramagna, pequeño poblado a treinta kilómetros de Turín, el 23 de marzo de 1846. Tenía doce años cuando lo enviaron a Turín para que estudiara con Don Bosco, quién era conocido del párroco y de los feligreses de Caramagna por las visitas que había realizado a ese pueblo en los famosos “paseos otoñales”.
Ingresó al oratorio en 1858. Además de adelantar en el estudio, se fue perfeccionando en la música. Don Cagliero fue su profesor de música. Don Bosco produjo en él, por su paternidad, cercanía y afecto, una verdadera fascinación.
Así fue transcurriendo su vida entre el estudio, la oración, la alegría de los recreos y la música. Descubrió que se sentía llamado a seguir con Don Bosco en el oratorio, para darles a muchos jóvenes la oportunidad de una vida plena; de un encuentro real con Jesús, como él mismo había experimentado y disfrutado. Siendo ya clérigo, Don Bosco lo envió al colegio San Felipe Neri, de Lanzo. Allí ejerció como maestro de música, y compartió la vida con otros clérigos que se transformarían en amigos y compañeros en las tierras de misión: Luis Lasagna y José Fagnano.
El 28 de junio de 1868 recibió el diaconado, y el 18 de septiembre el sacerdocio. El 23 de septiembre de 1870 hizo los votos perpetuos como salesiano.
Llegó a Mornese el 6 de noviembre de 1874, enviado por Don Bosco como director espiritual de la entonces casa central de las Hijas de María Auxiliadora. Se consagró al acompañamiento del naciente Instituto, y pudo ser testigo de la ejemplar santidad de Madre Mazzarello.
En 1877 Don Bosco preparaba la tercera expedición misionera a Buenos Aires, y pensó en él para encabezar el grupo de diecisiete salesianos y la primera expedición de Hijas de María Auxiliadora: seis salesianas de Mornese, entre ellas sor Ángela Vallese. Ese mismo año se embarca junto a otro salesiano para venir a la Patagonia en el vapor Santa Rosa y naufragan. Se salvan de milagro, frente a las costas de Mar del Plata.
Después de muchas peripecias, y contando con el aliento y la insistencia de Don Bosco, el 17 de abril de 1879 inició la marcha hacia la Patagonia acompañando la expedición al desierto del general Julio Argentino Roca, junto con monseñor Espinosa y el clérigo Luis Botta, llegando hasta Choele-Choel, y realizando numerosos bautismos que dejó registrados en un cuaderno.
El 25 de mayo, le escribe a don Bosco:
Mientras llegan los otros compañeros de misión, ya estoy catequizando algunas pobres indias, a las que se les han muerto los patrones, los padres y los esposos. ¡No se extrañará por tanto, si alguna vez, armado con la caridad de Cristo, grite contra esta barbarie civil…!”.
Dejé que todos celebraran la fiesta patria del 25 de mayo y busqué enseguida a mis indios prisioneros de guerra para catequizarlos.
La miseria en la que los encontré es algo extraordinario. Algunos estaban semidesnudos y no tenían más que una piel de carnero para cubrirse; no tenían toldos y dormían al descubierto sin ningún reparo; una sucia vejiga que llenaban de agua les hacía el oficio de botella y de vaso al mismo tiempo, ¡pobrecitos!
Al verme llegar me rodearon enseguida hombres y mujeres, niños y niñas, y todos juntos formábamos un grupo tan original que el mismo ministro (Gral. Julio Argentino Roca) lo quiso ver un día y mandó que se sacase una fotografía.
El 4 agosto de 1880 falleció el padre Francisco Bodratto, primer inspector de la Argentina. Inmediatamente nombraron a Costamagna como nuevo superior de América. Fueron años de muchísima actividad, donde acompañó el trabajo de sus hermanos salesianos. En 1881 le tocó visitar las casas de Uruguay, donde pudo comprobar la espiritualidad y sacrificio de las nacientes comunidades. En 1883 visitó Valdocco, y allí vio por última vez a Don Bosco.
En 1886 acompaña a Mons. Cagliero a entrevistarse con el Presidente de la Nación: Julio Argentino Roca.
El 6 de marzo de 1887, el padre Santiago Costamagna, inició la misión salesiana en Concepción, Chile. Desde hacía unos años se estaba escribiendo con Blas Cañas y había aceptado el patrocinio de la obra.
En 1890 Don Rúa lo llamó a Italia para encabezar una nueva expedición misionera. En esa oportunidad, delegó en él la facultad de visitar las casas del Pacífico, las repúblicas de Chile y Ecuador. Pudo ver la expansión de la obra de Don Bosco en tantas regiones de América del sur. Mientras tanto, seguía ejerciendo su servicio de inspector en Buenos Aires.
Fue consagrado obispo el día 23 de mayo de 1895 en la Iglesia de María Auxiliadora de Turín.
Llegado a Buenos Aires, parte el 15 de enero de 1896 para fundar la Primera Casa Salesiana en Bolivia-La Paz y en Sucre. En 1897, Mons. Costamagna será nombrado Vicario General del Rector Mayor Don Rúa para las casas de la Costa del Pacífico e Inspector de la Nueva Inspectoría Chileno-Peruana y Boliviana.
Recién a mediados de junio de 1902 obtuvo permiso del gobierno de Ecuador para visitar, sólo por tres meses, a los misioneros afincados en el vicariato apostólico de Méndez y Gualaquiza. En esa oportunidad se embarcó en el puerto del Callao rumbo a Guayaquil, y de allí pasó a Cuenca a lomo de mula. Hasta Cuchil, último puesto poblado, los acompañaron tres soldados: ahí les pidió que regresaran, para que la cruz entrase en el vicariato sin la compañía de la espada. Tuvo contacto con los naturales del lugar y pudo observar la tarea abnegada de los misioneros. La segunda visita al Ecuador la pudo comenzar el 22 de agosto de 1903, recorriendo el vasto territorio de Azuay y del Guayas. Luego visitó Panamá, donde se embarcó para San Salvador. Volvió a Turín en 1904 para participar del Capítulo General X de la Congregación Salesiana. Terminado el mismo se embarcó para la Argentina, adonde llegó los últimos días de 1904, continuando el viaje para Chile y las costas del Pacífico con el carácter de visitador para el que lo había reelegido Don Rúa.
Permaneció en Buenos Aires desde 1910 hasta mediados de 1913. El 16 de agosto de 1912 se encuentra en Bahía Blanca, donde iniciaron las obras de la nueva iglesia del colegio Don Bosco. Monseñor Santiago Costamagna bendijo y colocó la piedra fundamental de lo que sería el templo del “Sagrado Corazón de Jesús”.
El 11 de junio de 1914, entró definitivamente a Méndez y Gualaquiza, Ecuador. Se dedicó al estudio del idioma jíbaro y se consagró a la redacción y traducción de un catecismo en ese idioma. Recorrió todo lo que pudo el vicariato, y trató de acompañar paternalmente a los misioneros.
A mediados de 1918, sintiendo que su salud declinaba, presentó su renuncia a la Santa Sede y regresó a Buenos Aires. En 1920, habiendo sufrido una operación el padre Vespignani, éste le pidió que hiciese la visita canónica a las casas salesianas de la inspectoría: las de la ciudad de Buenos Aires, San Nicolás, Rosario, Córdoba, Rodeo del Medio, Salta, Tucumán y las casas de la Patagonia. Al regresar a Buenos Aires vivió en la casa de formación de Bernal, acompañando novicios y formandos.
En julio de 1921 encargó la nueva edición de sus “Alabanzas a María” donde entre muchísimas obras musicales en honor a la Virgen, destaca el conocidísimo “Venid y vamos todos con flores a María”.
Monseñor Santiago Costamagna falleció en Bernal el 9 de septiembre de 1921, sin embargo sus composiciones musicales y su obra misionera siguen hablándonos e invitándonos a continuar la obra de Don Bosco.

Garrone, Evasio
AR-AHS ARS/BB ISAAR 4.GE · Pessoa singular · 1861 - 1911

Evasio Garrone nació el 1 de diciembre de 1861, en un pequeño pueblo ubicado en las colinas de Monferrato, Italia, llamado Grana. Hijo de Pedro Garrone y Olimpia Maggiora, transcurrió su infancia y adolescencia acompañándolos en los trabajos de la granja y en las tareas agrícolas del Piamonte.
Tenía diecisiete años cuando, el 14 de agosto de 1878, ingresó al Oratorio Salesiano de Turín. El trabajo en el campo y en el pequeño negocio que tenía su padre no le había permitido estudiar. Por eso, la novedosa vida cotidiana del Oratorio y la atención dispensada por el mismo don Bosco, consolidaron en él sus deseos de ser sacerdote. Según los testimonios manifestados en la causa de canonización de don Bosco, Evasio, fue testigo y destinatario de los dones proféticos y místicos de don Bosco.
Para cumplir con el servicio militar obligatorio, el 6 de enero de 1882, ingresó al Regimiento 14° de Infantería en Catanzaro, Calabria. Ese mismo año, fue llamado a Turín para prestar servicio en una Compañía de Sanidad del Hospital Militar en el área de enfermería del 5° Regimiento de Alpinos. Durante el tiempo que estuvo en el ejército estudió todo lo relativo a la medicina. Rindió exámenes de competencia ante el Consejo Sanitario de la ciudad de Turín y se perfeccionó en la ciencia médica, con tal aplicación que le confiaron la dirección interna del Hospital Militar de Susa.
Cumplidos los deberes con su patria volvió al Oratorio. Ingresó al noviciado de “San Benigno de Canavese” e hizo su primera profesión religiosa el 11 de octubre de 1885 en manos de don Bosco y la profesión perpetua el 3 de octubre de 1886.
En 1889, junto a un numeroso grupo de salesianos, se embarcó como misionero hacia Argentina. Los acompañaba Monseñor Juan Cagliero, que regresaba a la Patagonia por tercera vez. Cagliero fue quien el 12 de mayo de 1889 lo ordenó sacerdote en Carmen de Patagones junto a otros cuatro compañeros.
El 15 de junio se integró como personal del colegio “San Francisco de Sales” en Viedma. A partir de entonces, además del ejercicio sacerdotal, dedicó todas sus fuerzas a socorrer a los enfermos, conquistando la estima y reconocimiento de los pobladores de Viedma, Patagones y de todo el extenso territorio de Río Negro. En las crónicas del Colegio “San José” de Patagones del 29 de junio, se lee: “El farmacéutico sacerdote salesiano don Garrone, comienza a practicar excelentes curaciones en el pueblo”. Y poco después, monseñor Cagliero, escribió a Don Rúa: "la habilidad de nuestro don Garrone y sus remedios son de una eficacia maravillosa”.
No había hospital ni aistencia pública en Viedma, Patagones, ni en toda la zona, por lo que monseñor Cagliero comenzó a pensar en fundar un hospital salesiano. Fue así que bajo la guía y dirección del padre Evasio Garrone, nacieron casi inmediatamente dos instituciones de suma necesidad: el hospital “San José”, asistido por las hermanas de María Auxiliadora y la farmacia “San Francisco de Sales”.
Los testimonios de la época dan cuenta de las curaciones que realizaba no sólo a la gente sencilla, sino también a militares de alta jerarquía y a familias distinguidas en ambas márgenes del Río Negro. Esto le valió el mote de “padre Dotor”.
La valiosa obra del médico misionero fue uno de los factores más eficaces para llevar a cabo la evangelización de la Patagonia. Para socorrer a los enfermos recorría a caballo centenares de kilómetros hasta Pringles (hoy Guardia Mitre), General Conesa, Río Colorado, Cubanea, China Muerta, San Javier...
Como fruto de su experiencia inventó medicamentos para los salesianos, que luego fueron reconocidos y aprobados por médicos, como específicos y muy eficaces contra la tuberculosis, la neurastenia y otros males de la época.
En 1902, enfermo de tuberculosis, llegó a Viedma Artémides Zatti. Él mismo dio testimonio de que su curación fue dada por la intervención del padre Garrone. De él aprendió la ciencia médica y lo sucedió en la dirección del hospital. Y un año más tarde, en enero de 1903, recibió a Ceferino Namuncurá, también afectado de tuberculosis.
Es necesario destacar que el padre Garrone por ejercer la medicina en forma gratuita, padeció la persecución originada por celos profesionales y por intrigas sectarias y antirreligiosas que, hasta llegaron a contratar sicarios, para quitarle la vida.
Estas oposiciones sirvieron para confirmar y extender la acción benéfica y la fama del “padre doctor”. En varias oportunidades, se elevaron peticiones y testimonios a las autoridades nacionales avaladas por millares de firmas dejando en claro la pericia médica del misionero, su asidua y desinteresada asistencia a los enfermos y las ayudas gratuitas en el suministro de medicamentos y alimentos que oportunamente se distribuían.
El 6 de julio de 1904, partió hacia Italia donde se realizaba el Capítulo General en Roma. Acompañaba a monseñor Cagliero y a Ceferino Namuncurá. Regresó a Turín, donde además de revivir sus orígenes tuvo la oportunidad de sanar al sucesor de don Bosco, don Miguel Rúa. En su pueblo natal fue recibido con honores y gratitud. La comuna lo condecoró con una medalla y un diploma de honor. Algunos superiores le pidieron que se quedara en Italia, pero regresó a Viedma, donde cada vez era más necesaria su labor.
En 1908 una nueva amenaza de retirarle la autorización de ejercer la medicina, sumado al cansancio por exceso de trabajo, resintieron su salud. Comenzó a experimentar una somnolencia invencible y, en proximidades de las celebraciones navideñas de 1910, fue afectado por una grave neumonía.
Mientras permanecía en cama, un movimiento popular testimoniaba su gratitud, declarando que a él le debían su salud y la de sus seres queridos. El mismo gobernador del entonces territorio de Río Negro, el ingeniero Carlos Gallardo, el 24 de diciembre de 1910, se constituía en intérprete del pueblo ante el ministro del Interior de la República Argentina en los siguientes términos:
Pocas veces se ha presentado un caso como el presente, en el que el gobernador del territorio pide al Señor Ministro, se haga una excepción en la aplicación de la ley que regula el ejercicio de la medicina; pero pocas veces, o quizá ninguna se tratará de una instancia más atendible que la presente, que se refiere a un sacerdote que durante ya hace casi un cuarto de siglo dedica su saber y todas sus energías a socorrer y aliviar las penas y los dolores físicos de los pobres habitantes de estas regiones, prodigando a su prójimo todo su amor. Las informaciones que he recogido me permiten asegurar que, tanto en el pasado como en el presente, el padre Garrone ha empleado su ciencia con la prudencia de un sabio y con el desinterés de un apóstol, y que, si quisiera prohibírsele el ejercicio de la medicina, se presentaría un verdadero problema no sólo de orden moral, sino también material, que esta gobernación no encontraría modo de resolver, a no ser que dispusiese de fuertes y extraordinarias ayudas.
Esta carta, acompañada de otros pedidos de asociaciones, magistrados y médicos y, corroborada por más de mil firmas de todo el territorio, llegó a Buenos Aires juntamente con la triste noticia de la muerte del misionero, el 8 de enero de 1911. Tenía 49 años de edad, 22 de sacerdocio y 25 de profesión religiosa.
Un artístico monumento en el cementerio de la ciudad de Viedma perpetúa su memoria, y una calle de la ciudad, lleva su nombre.

Cavalli, Carlo
AR-AHS ARS/BB ISAAR 4.CC · Pessoa singular · 1849 - 1917

Carlo Evasio Cavalli nació en San Salvatore Monferrato, provincia de Alessandria, diócesis de Casale Monferrato, el 11 de noviembre de 1849. Hijo de Martino Cavalli y Giuseppa Camurati, campesinos y buenos cristianos. Tuvo ocho hermanos.
En 1859, a los diez años, ingresó al Oratorio “San Francisco de Sales” en Turín. Al llegar asistió al primer gimnasio, pero debido a su mala salud tuvo que abandonar el Oratorio y continuar sus estudios en el Colegio Nacional de los Padres Somaschi en Valenza. Sin embargo, ni bien se recuperó, solicitó y obtuvo la admisión en el colegio salesiano de Mirabello, donde completó sus estudios secundarios con honores.
Atraído por el carisma de don Bosco, regresó al Oratorio de Turín. Se matriculó y el 30 de noviembre de 1878 tomó el hábito clerical en la iglesia de María Auxiliadora. Después del noviciado, hizo sus votos perpetuos en 1879. Cursó filosofía y teología en el Colegio de Valsalice, desempeñándose primero como asistente y más tarde como profesor.
En 1883, estando en la Casa Salesiana de Alassio, el 10 de marzo, fue ordenado sacerdote. Celebró su primera misa en San Salvatore Monferrato, su tierra natal.
Deseoso de ser misionero, con el permiso de sus superiores y la bendición de don Bosco, el 14 de noviembre de 1883, se embarcó en Marsella rumbo a Argentina en el vapor Bearn, junto a otros veinte salesianos y doce Hijas de María Auxiliadora. Fue integrante de la séptima expedición salesiana dirigida por el padre Santiago Costamagna. Nunca regresó a Italia.
Al llegar a Buenos Aires fue destinado sucesivamente a la parroquia de “San Juan Evangelista” en el barrio de “La Boca”; a la parroquia “San Carlos” en Almagro y al colegio “Pío IX” para llegar, finalmente, a la iglesia “Mater Misericordiae”. Pero poco más tarde, en 1887, fue enviado al colegio y parroquia de “Nuestra Señora del Rosario” de Paisandú, en Uruguay, como coadjutor del párroco: allí manifestó su celo y su preferencia pastoral hacia los más pobres y enfermos.
En 1890 el arzobispo de Buenos Aires, monseñor Federico Aneiros, luego de recibir la renuncia de nueve sacerdotes diocesanos, ofreció a los Salesianos la parroquia de Bahía Blanca. Monseñor Juan Cagliero designó al padre Miguel Borghino como párroco, y al padre Carlo Cavali como vicario en la parroquia “Nuestra Señora de la Merced”. El padre Cavalli, permaneció en el lugar durante 23 años, primero como colaborador del padre Borghino y luego, cuando este asumió la dirección del incipiente colegio Don Bosco, como párroco.
Los salesianos llegaron a Bahía Blanca en medio de un clima anticlerical y masónico marcado por contrastes sociales, violencia, disturbios, huelgas, incluso inundaciones y epidemias de cólera. El enfrentamiento tomó forma, no sólo a través de la prensa local, sino también con diversas manifestaciones. La acción de anarquistas, socialistas y masones fue subiendo de tono hasta expresiones de violencia física: durante una procesión, el padre Carlo, fue golpeado por una piedra en la cabeza. Desde el ayuntamiento, frente a la plaza central, la multitud era arengada con discursos violentos. Los salesianos, en el lado opuesto de la plaza, tocaban las campanas para atenuar los hechos y acallar la violencia.
El padre “Carlitos”, como era llamado cariñosamente, contribuyó a transformar cristianamente el adverso ambiente garibaldino-masónico de la primitiva Bahía Blanca: con su actitud y su accionar bondadoso, ignorando las ofensas, estuvo presente para llevar consuelo ante el dolor, la pobreza o la tribulación, llegando a pie a los hogares más lejanos de la ciudad, visitando y consolando a quienes se encontraban a su paso.
La parroquia se encontraba edilicia y espiritualmente en un estado deplorable y era un campo muy difícil de trabajar donde el sacerdote tuvo que soportar insultos soeces, silbidos y mofas, también a través de la prensa local. Fue precisamente en este ambiente, en la ciudad de Bahía Blanca, donde vivió con dedicación y pasión su vocación sacerdotal. Poco a poco y, gracias al empeño de los salesianos, las cosas fueron cambiando, al punto que aquellos que detentaban odio hacia la propuesta de la Iglesia, depusieron sus ideas anticlericales transformándose en amigos.
En 1894 se inauguró la Iglesia y el colegio de “Nuestra Señora de la Merced”. Poco a poco, incluso la fuerte oposición entre la iglesia y la masonería, incluidos los italianos "garibaldini y tragacuras", fue disminuyendo para comenzar un período de convivencia civil.
Cumplió su misión sin desfallecimiento. Su preocupación por los pobres y desvalidos no tenía límites. Llevó el consuelo a enfermos y encarcelados.
En 1897 llegó a Bahía Blanca la familia Zatti, con quien estableció un vínculo cercano, por ser “paisanos”. Mientras la parroquia estaba en construcción, el padre Carlo llevaba los libros de registro de bautismo y casamiento a la casa de Hildegarda Zatti, quien fuera hermana mayor de Artémides. El P. Carlo llegó a ser director espiritual de Artémides y lo recomendó para ser admitido en el Aspirantado de Bernal. Cuando Artémides se enfermó de tuberculosis y regresó a Bahía Blanca, le sugirió viajar a Viedma para internarse en el Hospital Buen Pastor al cuidado del Padre Garrone.
En el año 1913, los salesianos entregaron la parroquia “La Merced” a sacerdotes diocesanos. El padre Cavali fue destinado a Carmen de Patagones para ocuparse de la parroquia en ese lugar. En 1917 retornó a Bahía Blanca, donde falleció el 17 de agosto. Sus funerales resultaron una expresión solemne de respeto y amor de parte de la población, sin distinción de clases sociales y de credo.
Fue promotor de la construcción de una nueva iglesia, hoy catedral, y de muchas obras parroquiales. En 1918, en el primer aniversario de su muerte, se puede leer, a través del “homenaje póstumo” los testimonios de gratitud de personas reconocidas de la ciudad.

Brentana, José María
AR-AHS ARS/BB ISAAR 4.BrJ · Pessoa singular · 1870 - 1944

José María Brentana nació en Chiari, Brescia, Italia, el 14 de marzo de 1870, en una familia profundamente cristiana. Entró en el seminario diocesano y en 1886 recibió el hábito eclesiástico.
José María era un asiduo lector del Boletín Salesiano a través del cual conoció las aventuras de los primeros misioneros en la Patagonia. A sus compañeros de seminario les comentaba sus lecturas. Un buen día, improvisadamente, manifestó a las autoridades del seminario su vivo deseo de hacerse misionero salesiano. Inútiles fueron los esfuerzos y los ruegos de los superiores para que desistiera. Guiado por su férrea voluntad, dejó el seminario ese mismo día.
Ya en su casa, le dijo a los padres y parientes de su ideal, y éstos, algunos años más tarde, le permitieron ingresar en el Oratorio de Turín, donde fue recibido por don Miguel Rúa el 20 de octubre de 1888.
José María estuvo en el oratorio solamente un año. Con la expedición del mes de noviembre de 1889, partió de Turín para América. Arribó a Montevideo y de ahí a Paysandú. Enseguida aprendió el castellano. Hizo su noviciado en Villa Colón en 1890 y el 3 de octubre de 1894 hizo la profesión perpetua. Aún estudiante, su nuevo destino fue Bahía Blanca.
Cuando llegó Brentana a Bahía Blanca, era apenas un pueblo de tres mil habitantes. Si bien los salesianos ya iban disipando el sectarismo y la indiferencia religiosa, eran muy pocos los que concurrían a la parroquia. Brentana, recorría las polvorientas calles del pueblo tocando una campanilla e invitando a concurrir al oratorio. Como por arte de magia, decenas de niños y jóvenes, atraídos por su sus modos suaves y su natural afabilidad llenaron el oratorio, y su alegría y entusiasmo invadió la población. El programa era muy simple: un poco de catecismo, alguna oración, y en seguida, función de títeres.
Ya ordenado sacerdote en Viedma en 1895, trabajó sucesivamente en Carmen de Patagones y en Bahía Blanca con admirable dedicación a su ministerio sacerdotal.
Retornó a Viedma y tuvo a su cargo la dirección del semanario "Flores del Campo", poniéndose en evidencia como escritor y periodista. Pero donde más se manifestó su fibra misionera por más de 25 años fue en el valle superior del río Negro. Misionó en General Roca, Allen, Cipolletti, Neuquén, Cinco Saltos, Contralmirante Cordero. Todos: ricos y pobres, jóvenes y viejos, y también los indiferentes y hasta los opositores, admiraban la bondad de su corazón y su sencillo y humilde modo de proceder. Supo conquistar el aprecio de los ferroviarios: todo el personal lo respetaba sin distinción de jerarquías. Católicos o protestantes, sin medir distancias, lo visitaban para informarse de su estado de salud o pasar un rato en su compañía. En el tren lo rodeaban, le manifestaban su aprecio y admiración y la alegría de verlo. Más de una vez se paró el tren en pleno descampado o retardó su salida de la estación al ver llegar jadeante al Padre José . En el tren le pedían el pasaje y como no lo tenía, ni disponía de dinero para pagarlo, le secuestraban la valija, para devolvérsela luego, llena de regalos.
No tuvo nunca dinero, no comió ni durmió con regularidad, no se concedió nunca una sola hora de distensión. Nunca tuvo fijos un lecho, una mesa y una cocina. Muchos fueron testigos de cómo vestido pobremente y calzado con alpargatas, hacía largos caminos de a pie para cumplir con su ministerio sacerdotal en los diversos pueblos. Lo que recibía de la caridad para que se vistiera y calzara, antes de llegar a casa, ya le había servido para socorrer a algún pobre o enfermo.
El padre José María era un hombre de erudición no común; estaba siempre al corriente de las novedades culturales, especialmente ascéticas y místicas, y era capaz de sostener conversaciones brillantes sobre muchos temas del saber humano.
Con los años, había quedado sordo, con los ojos muy debilitados y con la voz tan cascada que era difícil entenderlo. Por eso pasó a la casa de Fortín Mercedes, donde se vio rodeado por el afecto de los hermanos, de los estudiantes, novicios y aspirantes.
Sus males se fueron acentuando, especialmente la diabetes. Esto obligó a internarlo en el hospital salesiano San José de Viedma. Los médicos y los salesianos le dispensaron todas las atenciones del caso. Falleció el 7 de marzo de 1944 en Viedma, a los 74 años de edad.
Sus restos descansan ahora en el templo parroquial San Juan Bosco de la ciudad de Cipolletti.

Esandi, Nicolás
AR-AHS ARS/BB ISAAR 4.EN · Pessoa singular · 1876 - 1948

Nicolás Esandi nació en Bahía Blanca, Argentina, el 6 de diciembre de 1876. Los padres de Nicolás, José Joaquín y María Nicolao, originarios de España, cristianos, tuvieron dos de sus hijos sacerdotes y dos de sus hijas como integrantes de las Hijas de María Auxiliadora. Su padre José fue el constructor del templo Sagrado Corazón de Jesús de Bahía Blanca y otras obras salesianas de la región.
Nicolás, cuando apenas había cumplido catorce años de edad, acompañaba al padre Domingo Milanesio en sus extensas giras misioneras por el territorio de Río Negro y sur de la Provincia de Buenos Aires. En sulky o a caballo viajaron largas horas, lo que pudo haber influenciado en la formación salesiana de Nicolás.
Ingresó luego como alumno del colegio Don Bosco de Bahía Blanca. Después de dos años de frecuentar el colegio salesiano, fue admitido al noviciado en Viedma. Pasó luego a Buenos Aires, donde hizo la profesión perpetua el 27 de enero de 1894. Cuando se abrió la casa de formación de Bernal, inició el periodo de formador de los jóvenes salesianos, que cumplió por veintisiete años, modelando a las primeras generaciones de salesianos argentinos. El 28 de enero de 1900 fue consagrado sacerdote por monseñor Juan Cagliero en la ciudad de Bahía Blanca.
Nicolás sobresalía por su piedad, actividad y espíritu salesiano. En Bernal organizó los estudios eclesiásticos y la escuela normal para la formación de los docentes. Tenía a su cargo la enseñanza de la literatura, el latín, la pedagogía y la teología. Cultivó también la filología. Como fruto de su enseñanza práctica y sólida, publicó dos volúmenes de Apuntes de Pedagogía, uno de Estudio Metódico del Latín y varios Métodos Didácticos para la enseñanza de la literatura y la escritura, que tuvieron gran difusión en las escuelas de la República Argentina. Se destacó también como profesor, director de estudios, director y maestro de novicios. Inició y dirigió el semanario “La Unión”.
El núcleo principal de la comunidad parroquial lo formaba la colectividad genovesa, por eso lanzó la idea, recibida y secundada con entusiasmo por los feligreses, de erigir un santuario a Nuestra Señora de la Guardia.
En 1922 fue transferido a Buenos Aires en calidad de párroco de San Juan Evangelista de la Boca del Riachuelo. Cinco años trabajó en la Boca, y nuevamente pasó a Bernal como director y párroco por cinco años.
En 1932 fue designado inspector de Buenos Aires y con ocasión de la canonización de don Bosco en 1934 encabezó la delegación argentina que participó en ese acontecimiento.
Su consagración episcopal como obispo de Viedma se llevó a cabo en la catedral de Buenos Aires el 17 de febrero de 1935.
La diócesis tenía un territorio muy vasto, 1.000.000 de kilómetros cuadrados, pero de escasa población, dispersa y azotada por vientos y fríos invernales. Las visitas pastorales exigían resistencia fisica, buena salud y experiencia de misionero. Monseñor Esandi no escatimó esfuerzos durante sus catorce años de episcopado y visitó más de una vez toda su diócesis hasta sus lejanos confines, adaptándose a las incomodidades de los viajes, del alojamiento y del alimento. Tuvo un particular cuidado de los indígenas, dispersos en la cordillera, en las mesetas patagónicas y en Tierra del Fuego.
Visitando la cárcel de Ushuaia encontró entre los alojados en ella a 150 detenidos por una interpretación de la ley desfavorable para los más pobres. Monseñor Esandi tanto hizo que obtuvo la derogación de esa ley y la liberación de algunos presidiarios. Logró que se revisen ciertas condiciones del régimen carcelario, tendientes a humanizar el trato con los presos.
Encabezó la causa de los colonos de Villa Regina, Río Negro, explotados por especuladores: denunció y bloqueó el accionar de la Compañía Ítalo-argentina de Colonización, la Ciac. Su compromiso le generó ser denunciado ante la Santa Sede, pero logró que más de doscientas familias pudieran ser propietarias de las tierras que trabajaban en 1950, (tras su muerte) gracias a las gestiones que en vida realizó durante diez años de constante preocupación y trámites ante las autoridades.
Con la colaboración de su vicario general, monseñor José Borgatti, obtuvo del gobierno central la financiación nacesaria para la construcción de la sede episcopal, que no pudo ver terminada, por lo que permaneció siempre como obispo misionero.
Esandi tenía como ejemplo a San Francisco de Sales, patrono de la Congregación Salesiana. Intentaba seguir sus enseñanzas, por lo cual trataba a su clero y al pueblo con bondad y afabilidad, siempre abierto a la sencillez y al perdón, dispuesto a ayudar a los necesitados y a socorrer a los más olvidados.
Grandes fueron las demostraciones de pesar por la muerte del primer obispo de Viedma. Sus restos mortales descansan en la catedral viedmense, junto a los de monseñor Juan Cagliero.
El padre Raúl A. Entraigas, que fuera su primer secretario en el obispado de la Patagonia, lo despidió con estas palabras:
"El primer obispo de la Patagonia fue la coronación de la obra misionera del Sur. (...) Nuestros misioneros hicieron todo lo que humanamente pudieron por la civilización cristiana del Sur. Si más no hicieron fue porque los medios con que contaban eran harto exiguos, las distancias enormes, los transportes rudimentarios, viajaban a caballo o en sulkis. Y entonces no había caminos, no había vecinos. Los únicos compañeros del misionero fueron el viento y el sol, el hambre y la sed".
Ese día, todos los periódicos de la Argentina dieron la triste noticia de su fallecimiento, se recibieron más de 2000 telegramas de condolencias y el poder ejecutivo de la nación y los gobernadores de la Patagonia dictaminaron “honores públicos”.
Luego de varios ataques de hemiplegia, murió en Viedma, el 29 de agosto de 1948, a los 71 años de edad, 54 de profesión y 48 de sacerdocio. Fue director por 29 años, inspector por 2 y obispo de Viedma por 14 años.

Genghini, Zacarías
AR-AHS ARS/BB ISAAR 4.GZ · Pessoa singular · 1870 - 1945

Zacarías Genghini nació en Coriano, Forlí, Italia, el 25 de marzo de 1870. A los doce años de edad quedó huérfano de padre, y al difundirse en su tierra natal la fama de don Bosco, entró como alumno interno en San Benigno Canavese, el 11 de marzo de 1882 en calidad de artesano. A principios de 1885 y hasta 1888 ingresa en el Oratorio de Turín como estudiante donde conoció a Don Bosco.
En 1889 viajó a América como misionero en compañía de monseñor Cagliero. Estuvo un mes en Buenos Aires, desde donde pasó a Carmen de Patagones como maestro y asistente hasta el mes de febrero de 1893. Desde marzo de ese año y hasta mayo de 1895 trabajó en Viedma. Se preparó para el sacerdocio y para la misión entre los indígenas de la Patagonia. A fines de 1894 sufrió una grave enfermedad y monseñor Cagliero le confirió el orden del presbiterado para darle el consuelo de morir como sacerdote. Era el 10 de febrero de 1895. Su salud mejoró y comenzó su vida de misionero.
En el mes de mayo de 1895 fue destinado a Pringles, Río Negro, donde permaneció hasta marzo de 1898. A partir de esa fecha y hasta fines de 1899 se desempeñó como vicario parroquial en Carmen de Patagones.
En el mes de febrero de 1900 llegó a Junín de los Andes como misionero ambulante. Zacarías se convirtió en hombre sano y robusto. Montó a caballo con destreza y visitó choza tras choza de los indígenas, habló correctamente el mapudungun y trató con familiaridad a los indígenas, que lo estimaron y amaron como a uno de ellos. Se encontró innumerables veces con los caciques Cotaro, Namuncurá, Sayhueque. El padre Zacarías visitó los valles del Neuquén, del río Negro, el Nahuel Huapi, EI Bolsón, Los Copahues, el lago Lácar, el volcán Lanín.
En 1906, el padre Esteban Pagliere le encargó la construcción de la capilla "La Inmaculada" de San Carlos de Bariloche, toda en madera, cuya piedra fundamental bendijo el misionero en el mes de febrero de 1907, y ya en agosto estaba concluida.
Desde marzo de 1909 hasta marzo de 1910 desempeñó el cargo de director espiritual y luego de administrador, del colegio Don Bosco de Bahía Blanca. A fines de marzo de 1910 pasó a Viedma, hasta mayo de 1911.
A principios de junio de 1911 pasó nuevamente a Junín de los Andes hasta fines de 1924. Bendijo la piedra fundamental de la capilla "San José" de San Martín de los Andes que el padre Pedro Bonacina, director de Junín de los Andes, inauguró el 19 de marzo de 1922.
En 1925 fue administrador de la escuela agrícola San Isidro de Viedma.
En 1926 con ocasión de la exposición salesiana en Europa viajó a Italia para volver a encontrarse con sus familiares y conocidos.
Vuelto a la Argentina, reinició sus actividades supliendo al director de Bariloche hasta el mes de agosto del año 1927, para luego volver a su viejo y querido Junín de los Andes, donde concluyó su vida misionera desde agosto del mencionado año hasta septiembre de 1933. Este último año, a causa del gran frío reinante en la cordillera se vio materialmente imposibilitado de continuar la vida de misionero ambulante por una llaga en el pié.
Se internó en el hospital "San José" de Viedma, alternando su estadía entre el nosocomio y el colegio San Francisco de Sales. A pesar de los cuidados, la llaga empeoró, dificultándole cada vez más su andar.
No obstante, continuó trabajando desde el confesionario, la predicación y la enseñanza del catecismo a los niños de primera comunión. Mientras tanto, la enfermedad progresaba inexorablemente y le hacía cada vez más penoso el movimiento. Pudo festejar sus bodas de oro sacerdotales.
Murió en Viedma, Argentina, el 1° de noviembre de 1945, a los 75 años de edad, 56 de profesión religiosa y 50 de sacerdocio.

Zenone, Juan
AR-AHS ARS/BB ISAAR 4.ZJ · Pessoa singular · Ca. 1868 - 1941

Juan Zenone nació en Piossasco, Novara, Italia. Hay divergencia en la documentación sobre su fecha de nacimiento. El P. Pietro Stella, quien redactó su carta mortuoria, dice que tenía 69 años al morir, y el libro de Salesiani Defunti dice que tenía 73 años.
Quedó huérfano de padre y madre a los 9 años de edad. Estudió en el San Juan Evangelista de Turín y terminó el secundario en Valsálice. Fue alumno protegido de Felipe Rinaldi, quien lo apreciaba mucho. Realizó los votos perpetuos en 1890 en Foglizzo, Turín, y se ordenó sacerdote en Punta Arenas, Chile, en 1895.
Vino a América en 1892 donde permaneció hasta 1923. Llegó a la misión de la Candelaria en agosto de 1895. Fue el primer maestro rural de los nativos.
El padre Beauvoir en sus memorias, entre otras cosas, escribió de Zenone:
Si bien de constitución muy delicada y de salud precaria, trabajaba como un mártir, atendiendo constantemente a los niños... Les daba clase cuatro horas por día, los asistía siempre y en todas partes con singular paciencia. Los ocupaba con la música y con variados trabajitos, los llevaba a paseo; era paciente con ellos, tolerando sus travesuras infantiles, y muy benigno al corregirlos y castigarlos cuando cometían faltas. Era de una humildad y obediencia a toda prueba; atento y activo: en suma, el padre Juan Zenone era muy virtuoso; era un verdadero salesiano. Por eso, todos lo apreciaban. Doy gracias a Dios por haberme tocado un compañero así.
Fundó la casa de Santa Inés en el Río Fuego, con la intención de acoger a los indios desalojados de la Isla Dawson. Esa casa funcionó tres lustros, fue su primer y único director. Fundó además la casa de San José del Lago Fagnano, actual Tolhuin. Y vivió algún tiempo en en la actual Estancia Viamonte a 47 km al sur de Río Grande, junto con los hermanos Bridges, protestantes, enseñando a los originarios a criar, bañar y esquilar ovejas, de modo que pudieran insertarse en el mercado laboral.
Aprendió el idioma y dejó escritos vocabularios. Dejó su trabajo registrado en los libros de bautismo de campo, un verdadero tesoro no sólo para la Iglesia, ya que rinden cuenta de la existencia de unos trescientos selk’nam en el territorio que recibieron el bautismo. Él es el cronista de los primeros años de la misión. Sus relatos no registran el frío ni las adversidades de la misión, sin embargo, registra las muertes de los indios como lo único que sucede en el día y a veces en la semana, de lo que inferimos que ha sufrido mucho al respecto.
El frío y las condiciones precarias de la vida en el extremo sur habían minado su salud. Comenzó a beber, lo que le generó deudas y dificultades con sus hermanos y superiores. Restringieron sus movimientos y debía pedir permiso para salir.
Los últimos años, ya enfermo de alcoholismo, regresó en 1923 a su tierra natal en Piossasco Italia, donde murió el 23 de marzo de 1941.

Beauvoir, José María
AR-AHS ARS/BB ISAAR 4.BJo · Pessoa singular · 1850 - 1930

José María Beauvoir, nació en Alassio, Reino de Piamonte, el 1 de junio de 1850. Ingresó al Oratorio el 18 de octubre de 1866. Allí estudió, obteniendo el título de maestro elemental.
El 9 de octubre de 1869 ingresó al noviciado. Recibió el hábito talar de manos de don Miguel Rúa, el 18 de marzo de 1871. El 16 de septiembre de 1873 hizo la primera profesión religiosa y, la profesión perpetua, el 16 de mayo de 1876.
Ya salesiano, fue maestro y asistente y, al mismo tiempo, estudiante de Filosofía y Teología. El 15 de septiembre de 1875 recibió el subdiaconado en Casale; el diaconado en Alberga el 7 de noviembre y fue ungido sacerdote por monseñor Manacorda en Fosano, el 18 de diciembre de ese mismo año. Se desempeñó como docente en Alazio desde 1876 a 1878.
Por invitación de don Bosco partió hacia América como misionero. El 2 de enero de 1879 acompañó la cuarta expedición misionera de Salesianos y la segunda de las Hijas de María Auxiliadora, recalando en Montevideo y en Buenos Aires.
Su primer campo de apostolado americano fue el incipiente colegio de San Carlos de Almagro: allí ejerció la docencia y prestó su colaboración como vice-párroco en la parroquia salesiana que se extendía hasta la localidad de Flores.
Fue trasladado a La Boca, donde enfermó a principios del mes de agosto de 1881. Ese mismo mes, si bien convaleciente, fue enviado a acompañar al padre José Fagnano a Carmen de Patagones, arribando el 30 de agosto de 1881.
Ese mismo año, el padre Beauvoir inició, junto al padre Domingo Milanesio, su primera gira apostólica a Guardia Mitre. Por desavenencias entre ambos regresó a Viedma y el 30 de agosto de 1882 inició una nueva excursión misionera a lo largo del Río Negro. Visitó Cubanea, Pringles, Fortín Mercedes, Conesa y Choele Choel.
El 11 de ese mismo mes, emprendió una nueva gira en una expedición más extensa, hasta el fuerte General Roca, donde estaba acantonado el ejército y habitaban varias tribus. Allí se incorporó a las tropas del general Conrado Villegas como capellán. El 1 de enero de 1883 celebró la Eucaristía a orillas del río Collón Curá y el 4 partió hacia la cordillera hasta las orillas del lago Nahuel Huapi, donde catequizó a la tribu de Curruhinca. El 20 de mayo ya estaba de regreso en General Roca, y poco tiempo después, en Viedma.
Un confuso acontecimiento, en medio de la persecución religiosa que acontecía en el país, el padre Beauvoir, entonces párroco de Viedma, tuvo que emigrar a Buenos Aires, porque las autoridades militares lo culparon a él del incendio de la iglesia.
Creadas la Prefectura y el Vicariato Apostólico, en 1884 el arzobispo de Buenos Aires lo nombró primer capellán del territorio nacional de Santa Cruz. Allí realizó el primer casamiento de la región. En marzo de 1886 fue enviado por monseñor Juan Cagliero, junto al padre Ángel Savio, a la gobernación de Santa Cruz, convirtiéndose en los primeros en ejercer la enseñanza en la provincia.
Ese año recorrió el estrecho de Magallanes junto a una comisión enviada por el entonces gobernador, Carlos Moyano al Cabo Vírgenes.
En 1887 los padres Beauvoir y Savio regresaron a Puerto Deseado en el vapor “Magallanes”. Fuertes vientos provocaron el naufragio de la nave cerca del puerto. Los viajeros y tripulantes fueron rescatados por el navío chileno “Mercurio” en viaje a Punta Arenas. Repuestos del susto viajaron a Ushuaia.
Fue también fundador de la Presencia Salesiana de Río Gallegos en 1888 y precursor de la Obra Salesiana en San Julián.
El 11 de noviembre de 1893 el P. Beauvoir con los otros primeros misioneros: los hermanos coadjutores Antonio Bergese, Pablo Ronchi y Juan Ferrando, fundaron La Candelaria. Se instalaron en Barrancos Negros, al margen norte del Río Grande y en 1894 se mudó a Los Chorrillos donde Beauvoir reside hasta agosto de 1896, año en que viajó a Italia, llevando al Archivo Central las crónicas de la misión. En diciembre de ese año, la misión se incendió.
En todo este proceso los salesianos constataron que las matanzas hacia los originarios no cedieron y no dejaron de denunciarlas: Beauvoir, Borgatello, Carvajal, Migone, Bernabé y Fagnano denuncian el pago de los estancieros por cada “cabeza de indio”. Beauvoir, en sus memorias escribe: “Para que los indios, acosados por el hambre, no roben ovejas, los estancieros contaban con cuadrillas de peones a caballos que, armados de buenos rifles y cuchillos, recorrían todo lo largo de los alambrados; y a cuantos desgraciados indígenas les venían a la vista, les daban balas hasta alcanzarlos, y cortándoles las cabezas, se las llevaban al dueño, que les daba por cada una de ellas, una libra esterlina”.
Retirado a Punta Arenas, Chile, pensó dejar constancia de toda su experiencia y comenzó a trabajar en escritos sobre lingüística y etnografía. Publicó en 1900 su “Pequeño diccionario de idioma fueguino Ona”, editado en Buenos Aires por la Escuela Tipográfica Salesiana, con un amplio éxito en los ambientes científicos de su época y que aún hoy es estudiado por científicos y lingüistas en el ámbito académico.
En 1907 publicaron en Turín su segundo libro: “Pequeño álbum de retratos de aborígenes fueguinos y patagónicos y de varias apreciaciones de las misiones salesianas de la Patagonia Meridional y de la Tierra del Fuego, editado también por la Escuela Tipográfica Salesiana.
En 1915 apareció en Buenos Aires su tercera publicación: “Los Onas, tradiciones, costumbres y lengua”. Seis años más tarde, en 1921, publicó en Puerto Deseado, su residencia en ese tiempo, su cuarto y último escrito: “Leyendas Onas”. En esta población construyó y fundó en 1926, el colegio salesiano San José.
José María Beauvoir falleció el 29 de abril del año 1930, en Buenos Aires.

Crestanello, Augusto
AR-AHS ARS/BB ISAAR 4.CA · Pessoa singular · 1862 - 1925

Augusto Crestanello nació en Pressana, Vicenza, Italia, el 24 de marzo de 1862. El Colegio Salesiano de Valsálice lo acogió como alumno el 25 de noviembre de 1888. El mes de septiembre de 1890 fue novicio en Foglizzo, para hacer su profesión perpetua en Valsálice el 3 de octubre de 1891. En 1893 llegó a la República Argentina.
En menos de un año recibió todas las órdenes sagradas de manos de monseñor Cagliero en 1894 y el sacerdocio en 1895.
Formado en la escuela de don Bosco y de don Rúa adquirió un conocimiento profundo del Sistema Preventivo que puso en práctica en su misión.
En 1897 el padre Augusto Crestanello ya se encontraba en Junín de los Andes, fue encargado de la obra durante las muchas y prolongadas ausencias del padre Milanesio. Construyó una modesta casa para las hermanas, contigua a la misión salesiana. Fue confesor de la beata Laura Vicuña y su primer biógrafo. Registra su fallecimiento en 1904.
En marzo de 1911 fue destinado a Bahía Blanca. Pero en 1912 lo encontramos como prefecto en Viedma.
En 1913 pasó a Comodoro Rivadavia alquilaron una casa de 4 habitaciones y ahí mismo, abrieron una escuela. “El día 13 de abril de 1914 aparecía sobre la puerta de la calle de la casita la inscripción ‘Colegio Salesiano’ y el 4 de marzo del mismo año comenzaban las clases.” Ese mismo año le ponen el nombre de Miguel Rúa en homenaje al primer sucesor de San Juan Bosco. El Padre Crestanello fue su fundador y director.
Entre 1918 y 1922 fue director de la casa de Rawson, terminó la construcción del templo parroquial y fundó la asociación de exalumnos de Don Bosco de esa localidad. En ese período oficiaba como confesor de la casa de Trelew.
Luego regresó a Comodoro Rivadavia donde permaneció hasta su muerte, acaecida el 25 de julio de 1925, a los 63 años de edad. 30 de sacerdocio y 34 de profesión.