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Registo de autoridade
Bernabé, Juan
AR-AHS ARS/BB ISAAR 4.BJ · Pessoa singular · 1860 - 1932

Juan Bernabé nació en Trento en 1860, cuando la zona formaba parte del imperio austríaco. Estudió en la Escuela de Artes y Oficios de la Universidad de Innsbruck. Luego de pasar por Barcelona, llegó a Magallanes hacia 1887.
Se destacó como misionero, arquitecto, proyectista, ingeniero, albañil y docente. Sus edificios se extienden desde Puerto Deseado hacia el sur, incluyendo el sector austral chileno y las Islas Malvinas.
Sus conocimientos profesionales, habilidades manuales y talento creativo, le permitieron participar activamente en dichas construcciones desde la creación del proyecto hasta la elaboración de la madera, siendo incluso pionero en la fabricación de ladrillos. Con la ayuda de algunos migrantes croatas, fabricaron los primeros hornos de ladrillos de la región, que daban mayor firmeza y seguridad a las construcciones. Las forraban con diarios para aislarlas del frío y del viento implacable. Para conseguir la madera que era imposible obtener en Río Grande o en Río Gallegos, con la ayuda de los lugareños y de otros Salesianos, organizó un aserradero en la Isla Dawson. Considerando la precariedad de las comunicaciones y la pobreza de recursos disponibles en esos tiempos, su labor es aún más sorprendente.
Todas las iglesias católicas construidas en la Patagonia austral y en Tierra del Fuego entre 1887 y 1932 fueron realizadas a partir de sus proyectos y bajo su dirección de obra: se contabilizaron 22 templos y 5 colegios. Sus edificios se extienden desde Puerto Deseado hacia el sur, incluyendo el sector austral chileno y las islas Malvinas.
El que sigue es un listado de las obras del padre Juan Bernabé en la Patagonia realizado por LOLICH, Liliana, en base a los datos proporcionados por FERNÁNDEZ MALLO (2003) en su obra: La acción constructora del Padre Juan Bernabé S.D.B. en la Prefectura Apostólica de la Patagonia Meridional y la Tierra del Fuego. Punta Arenas.

  1. Primera capilla salesiana. Punta Arenas, Magallanes, Chile
  2. Iglesia Misión San Rafael. Isla Dawson Magallanes, Chile
  3. Iglesia en Plaza de Armas (destruida luego por un incendio) Punta Arenas, Magallanes, Chile
  4. Iglesia de la Misión de Nuestra Señora de la Candelaria. Río Grande, Tierra del Fuego, Argentina
  5. Parroquia Nuestra Señora de la Merced. Ushuaia, T. del Fuego, Argentina
  6. Parroquia Nuestra Señora de Luján. Catedral de Río Gallegos. R. Gallegos, Santa Cruz, Argentina
  7. Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús. Catedral de Punta Arenas. Punta Arenas, Magallanes, Chile
  8. Capilla Mortuoria Salesiana. Cementerio Punta Arenas, Chile
  9. Capilla Asilo de Niñas Huérfanas. Punta Arenas, Magallanes, Chile
  10. Iglesia San Francisco de Sales. Porvenir, Magallanes, Chile
  11. Capilla de San José. Tres Puentes Barranco Amarillo, Magallanes
  12. Capilla de San Antonio de Padua. Leñadura, Magallanes, Chile
  13. Catedral de Puerto Santa Cruz. Prov. Santa Cruz, Argentina
  14. Capilla de Nuestra Señora del Carmen. Río Seco, Magallanes, Chile
  15. Iglesia Parroquia. San Miguel Arcángel Punta Arenas, Magallanes, Chile
  16. Capilla de los Santos Ángeles. Punta Arenas, Magallanes, Chile
  17. Capilla del Colegio María Auxiliadora. Punta Arenas, Magallanes, Chile
  18. Capilla del Niño Jesús de Praga. Miraflores, Punta Arenas, Chile
  19. Santuario de María Auxiliadora, Don Bosco. Punta Arenas, Magallanes, Chile
  20. Templo Parroquial de María Auxiliadora. Puerto Natales, Magallanes, Chile
    s/f. Colegio San José. Punta Arenas, Magallanes, Chile
    s/f. Colegio Sagrada Familia. Punta Arenas, Magallanes, Chile
    s/f. Colegio María Auxiliadora. Punta Arenas, Magallanes, Chile
    s/f. Colegio Don Bosco. Punta Arenas, Magallanes, Chile
    s/f. Colegio María Auxiliadora. Puerto Natales, Magallanes, Chile
    s/f. Colegio María Auxiliadora. Porvenir, Magallanes, Chile

Se debe agregar la Iglesia de la Misión de Nuestra Señora de la Candelaria en los Chorrillos, construída entre 1895 y 1894 y destruida en diciembre de 1896 por un incendio.
Además de ser el “arquitecto de monseñor Fagnano” construyendo las iglesias de Puerto Santa Cruz, Río Gallegos y Punta Arenas, entre otras, fue un excelente administrador.
Falleció a consecuencia de la caída de un andamio mientras inspeccionaba las obras del Santuario María Auxiliadora, en Punta Arenas, el 29 de julio de 1932 a los 72 años de edad.

Migone, Mario
AR-AHS ARS/BB ISAAR 4.MM · Pessoa singular · 1863 - 1937

Mario Luis Migone nació en Montevideo, Uruguay, el 13 de diciembre de 1863. Fue la primera vocación y el primer sacerdote salesiano de América Latina. Cuando ingresó en el colegio Pío IX de Villa Colón, solo tres comunidades salesianas existían en América: San Nicolás de los Arroyos de Buenos Aires y Villa Colón de Uruguay.
Ingresó el año 1877 en el colegio Pío IX. Dejó sus tierras y puso pie en Buenos Aires como aspirante a la vida salesiana.
Realizó un viaje a Europa en compañía de sus padres. Al visitar el Oratorio de Turín con su progenitor, don Bosco invitó a ambos a sentarse a su mesa, esta distinción incitó aún más al joven uruguayo a seguir su vocación salesiana.
Grandes salesianos intervinieron en su formación cultural y religiosa: monseñor Luis Lasagna; monseñor Santiago Costamagna; monseñor Juan Cagliero, monseñor José Fagnano y don Rúa.
Finalizados sus estudios secundarios ingresó en el noviciado, mientras trabajaba en el Boletín Salesiano, editado en castellano, como corrector y redactor. Ya desde 1881 era asistente de los aspirantes y ayudante del padre José Vespignani. Profesó el 27 de enero de 1882. Siendo estudiante de teología, se ocupaba también de la traducción de los artículos del Boletín Salesiano italiano para publicarlos en la edición nacional.
Cuando monseñor Cagliero regresó de Chile, en 1887, lo consagró sacerdote. Elegido secretario de monseñor Cagliero, pasó 3 años en Viedma, desempeñando al mismo tiempo el cargo de director espiritual de los alumnos del colegio San Francisco de Sales.
Cuando se estableció la Prefectura Apostólica, las Islas Malvinas quedaron a cargo de los salesianos. Entre 1889 y 1891, no habiendo otro salesiano que supiese hablar inglés para acompañar al padre Patricio Diamond, monseñor Cagliero envió a Migone a las Malvinas. No pudo soportar los grandes fríos... se le hincharon los pies y las manos de tal manera que apenas podía celebrar la misa. Cagliero lo hizo retornar y lo nombró provicario y director de Viedma.
En 1892 acompañó a Cagliero en la visita a la casa de Concepción, Chile. Al retornar, pasó por la ciudad de Punta Arenas y visitó la Isla Dawson, donde monseñor Fagnano había fundado la floreciente misión San Rafael para evangelizar a los kawéskar y selk’nam.
Cagliero le asignó ser director de Patagones o de las Malvinas, Migone eligió las Malvinas. Paulatinamente se fue habituando al lugar, considerado por otros como de destierro. Vivía feliz y deseaba quedarse hasta la muerte. Pero pronto le cambiaron los planes. La Congregación acababa de aceptar la dirección del colegio “El Patrocinio de San José" de Santiago, Chile. Monseñor Santiago Costamagna necesitaba un director y Migone fue elegido para el cargo.
Desplegó una actividad multifacética: organizó la educación católica de la capital malvinense y fue concentrando poco a poco la misión en la propuesta de las Hijas de María Auxiliadora, que llegaron a las islas de su mano, en 1907.
Escribió sus memorias, publicadas en Buenos Aires en 1948: “Treinta y tres años de vida malvinera”, intenta ser una demostración científica de la soberanía argentina sobre las islas. En él se lee: “De las conversaciones con el gobernador de Malvinas salí convencido de que el mentado derecho inglés no tenía más apoyo que la fuerza”. Y escribió también una biografía de Fagnano “Un héroe de la Patagonia. Apuntes biográficos de José María Fagnano”, publicado en el Colegio Pío IX de Buenos Aires en 1933. En este libro denuncia, entre otros atropellos, el rapto de las mujeres originarias para el servicio doméstico y sexual, por parte de los blancos criollos o extranjeros.
Sacerdote de vasta cultura, además del castellano, hablaba y escribía el inglés, el francés, el italiano y el alemán.
El cine, primero y único en Puerto Stanley por mucho tiempo, fue creación del padre Migone. Él lo cuenta así:
El gasto era grande, porque incluía la adquisición de maquinaria eléctrica para la producción de esa luz que aún no existía en la Colonia. En aquellos tiempos, los jóvenes tenían pocos medios de distracción, y ese hecho contribuía a que se reunieran en las casas de bebida para pasar el tiempo, expuestos a la adquisición de malos hábitos...
Escritor y fiel observador de la realidad, el padre Migone expresó libremente su opinión respecto de la soberanía de las islas, sin tapujos y defendiendo la causa argentina, aún siendo de origen uruguayo. En su libro “Treinta y tres años de vida malvinera” escribió:
Debo confesar que aún antes de tener ideas propias sobre el litigio, mis simpatías se inclinaban en favor de la Argentina. Me movía a ello su ecuanimidad y paciente tolerancia, que se daba por satisfecha protestando continuamente contra el hecho consumado, en contraposición a la arrogancia inglesa, que mira y miró siempre con desdén lo que califica de pretensiones argentinas.
Sus siete últimos años de vida fueron de tribulación por una enfermedad que exigía diariamente dolorosas curaciones. En medio de aquella soledad tuvo el consuelo de verse amado por católicos y protestantes, que se alternaban para asistirlo. Lo estimaban las autoridades, los trabajadores, los marineros... y lo reconocían como un hombre santo.
Celebró sus bodas de oro sacerdotales en el mes de junio de 1937. Murió en Puerto Argentino, Islas Malvinas, el 1 de noviembre de 1937 a los 74 años de edad.
Su sepelio fue un homenaje de todos los pobladores de las Malvinas, incluidas las autoridades civiles, que ya en vida de Migone le habían dedicado una calle como ciudadano benemérito. Sus restos descansan en el cementerio de Puerto Argentino que él mismo había construido.

Cagliero, Juan
AR-AHS ARS/BB ISAAR 4.CJ · Pessoa singular · 1838 - 1926

Juan Cagliero nació en Castelnuovo d´Asti, Italia, el 11 de enero de 1838. Huérfano de padre desde muy pequeño, ayudaba al cura de su pueblo como monaguillo. Así fue que conoció a don Bosco cuando, en septiembre de 1850, llegó al pueblo en uno de los paseos juveniles que solía realizar con los niños del Oratorio. Inmediatamente se sintió atraído por su personalidad de modo que cuando al año siguiente regresó al lugar, le manifestó su deseo de irse con él. Su mamá, Teresa Musso, campesina sencilla y de gran bondad, no puso reparos. Y Juan ingresó al Oratorio de Turín, el 3 de noviembre de 1851.
Demostró ser un joven despierto, independiente, emprendedor y muy activo, cualidades que le permitirían en el futuro asumir la misión salesiana de América. Pero, en ese tiempo de juventud, le sirvieron para ser catalogado como “díscolo” y estuvo a punto de que lo enviaran de regreso a su casa. Lo salvó su buen rendimiento intelectual y la intervención de don Bosco.
Ante la epidemia de cólera que se declaró en Turín en 1854 Cagliero, junto a otros jóvenes del oratorio, se ofreció a cuidar a los enfermos, ninguno se contagió.
Más tarde Juan cayó gravemente enfermo, por la fiebre tifus. Estuvo a punto de morir. En las memorias biográficas de don Bosco se narra esta situación como profecía de la misión salesiana en la Patagonia: al ingresar don Bosco a la habitación de Juan Cagliero para administrarle los sacramentos, vio que sobre su cabeza se cernía una paloma. El entorno desapareció y en su lugar surgieron montes y praderas donde erraban aborígenes, que más tarde reconocería como los habitantes de la Patagonia y Tierra del Fuego. Juan Cagliero se curó y veintiún años más tarde encabezaría la primera expedición salesiana con destino a la Patagonia.
En el oratorio, Cagliero fue maestro y asistente del dormitorio. Junto al estudio de las Ciencias Eclesiásticas se dedicó a la música: estudió piano, órgano, solfeo, composición y contrapunto. Fue maestro de música; compuso notables obras musicales; formó musicalmente a muchos jóvenes y dirigió un coro de más de 300 integrantes.
Secundó a don Bosco como su brazo derecho ante los desafíos y dificultades que tuvo que atravesar y en las difíciles relaciones eclesiales. Aprendió de él y con él, configurando su personalidad, enriqueciéndose culturalmente y con una profunda formación religiosa y sacerdotal.
El 14 de junio de 1862 fue ordenado sacerdote. Comenzó a trabajar como director espiritual del Oratorio de Valdocco. Atendió las capellanías del “Refugio”, la de la obra de la Marquesa Barolo y más tarde, en el Instituto de las Hijas de María Auxiliadora.
El 15 de noviembre de 1865 hizo su profesión perpetua prometiendo dedicar su vida a la Sociedad Salesiana. Se doctoró en Teología el 4 de diciembre de 1873 en la Facultad Pontificia de Turín.
Las intenciones misioneras de Don Bosco fueron madurando. En 1872 tuvo otro sueño profético. Estudiando en los libros de geografía de esa época descubrió que las personas que había visto en sueños, eran habitantes de la Patagonia y de Tierra del Fuego. Casi en simultáneo recibió una propuesta del obispo de Buenos Aires, monseñor Aneiros que, por sugerencia del cónsul Gazzolo, le solicitaba la apertura de colegios como los que ya tenía en Italia, pero en su diócesis, en Argentina.
El 14 de noviembre de 1875, Juan Cagliero, SDB, partió del puerto de Génova encabezando la primera expedición misionera integrada por diez salesianos. Desembarcó en el puerto de Buenos Aires el 14 de diciembre de ese año, dando inicio al itinerario fundamental de su misión en América, como conductor y ejecutor de la propuesta de don Bosco.
Al llegar a Buenos Aires, se establecieron en la Iglesia “Mater Misericordiæ”, la “iglesia de los italianos”. Ni bien arribaron, con ayuda del presidente de las “Conferencias de San Vicente de Paul”, Dr. Eduardo Carranza Viamont, comenzó a funcionar un taller de artes y oficios y, en forma casi simultánea, en los ambientes contiguos, una escuela para estudiantes. Este será el germen del Colegio Pío IX de Almagro. A pedido de monseñor Aneiros los salesianos comenzaron a trabajar en el barrio de “La Boca”, un lugar habitado por genoveses, napolitanos, bandoleros porteños y toda suerte de inmigrantes en un ambiente marcadamente hostil y anticlerical.
A inicios de 1876, Cagliero inauguró en la localidad de San Nicolás el primer colegio salesiano de la República Argentina. Estando allí aceptó la invitación a fundar otro colegio en Uruguay, en Villa Colón. A pesar de la crisis social del momento, su entusiasmo con nuevas presencias salesianas y la posibilidad de vocaciones autóctonas, lo llevó a solicitar permiso para abrir un aspirantado salesiano y, sugerir a Don Bosco, que la segunda expedición salesiana recale, directamente, en Villa Colón.
Su tarea pastoral en Buenos Aires, San Nicolás y Uruguay demoró la propuesta de ir a la Patagonia. Don Bosco se lo reclamó insistentemente en sus cartas, y él consideraba que era necesario analizar las alternativas posibles para avanzar en el territorio. Finalmente la misión salesiana en la Patagonia se concretó a partir del 20 de enero de 1880, cuando el padre José Fagnano pasó por Carmen de Patagones fundando allí dos colegios.
En Italia se estaba organizando el primer Capítulo General de la Congregación. Cagliero, uno de los primeros salesianos, no podía estar ausente. En septiembre de 1877 fue llamado a Turín para ocupar el cargo de director espiritual de la Congregación, tarea que desempeñó hasta fines de noviembre de 1884. No participó solamente al Capítulo General informando sobre los emprendimientos apostólicos americanos sino que, estando en Italia, don Bosco le confió las fundaciones de Lucca, La Spezia, Nápoles, Catania y Randazzo. También en Utrera y en Portugal. Ante el fallecimiento de María Mazzarello, fundadora de las Hijas de María Auxiliadora, asumió la dirección espiritual del Instituto.
Para una mejor organización, expansión y mayor efectividad, en 1883 el papa León XIII, por sugerencia de Don Bosco, aprobó la creación de dos territorios diferenciados: el Vicariato Apostólico de la Patagonia Septentrional con sede en Viedma, designando a  padre Juan Cagliero como obispo vicario. Y la Prefectura Apostólica de la Patagonia Meridional, Tierra del Fuego e Islas Malvinas, con sede en Punta Arenas, para la cual nombró prefecto con el título de monseñor, al padre José Fagnano.
En 1883 los salesianos ya habían cabalgado toda la Patagonia septentrional desde el océano Atlántico hasta la cordillera de los Andes y habían surgido centros misioneros, capillas y colegios... pero lamentaban la ausencia del caudillo que don Bosco retenía en Italia.
El 24 de marzo de 1884 Monseñor Cagliero era recibido en Buenos Aires con festejos, pero las circunstancias en las que el nuevo obispo hacía su regreso a la República Argentina no podían ser peores. El delegado de la santa sede había sido expulsado. Imperaba la Ley 1420 de enseñanza laica.
Cagliero esperó inútilmente en Buenos Aires para entrevistarse con el presidente, el general Julio Argentino Roca. Emprendió viaje para Carmen de Patagones, donde fijó sede. El 11 de julio tuvo un encuentro cordial con el gobernador de la Patagonia, el general Lorenzo Vintter.
Con la llegada de monseñor Juan Cagliero al vicariato comenzó una importante expansión misionera salesiana en toda la Patagonia. Los progresos fueron notables, se organizó la acción pastoral y tanto las misiones como los misioneros se fueron multiplicando. 
En 1886, Cagliero se reunió con el presidente Roca, en un ambiente hostil propio de la sociedad laicista. Recientemente, el nuncio apostólico argentino, representante de la Santa Sede, había sido expulsado. Cagliero le manifestó que los misioneros tenían derechos de ciudadanos y que eso le permitía ingresar al país. Su objetivo era conversar sobre la problemática de las tierras que se le quitaban a los originarios. Ese mismo año, Cagliero junto con Milanesio, Riccardi y Remotti reunieron a los caciques para conversar sobre la problemática de las tierras y mediar en las capitulaciones para cuidar las vidas y obtener mayores beneficios en favor de los orginarios.
En 1887 Cagliero visitó las casas salesianas de Chile y luego, enterado de que Don Bosco había sido desahausiado, viajó a Italia para verlo por última vez.
En 1889, Cagliero se instaló en Viedma, sede del Vicariato y fundó el Hospital San José de Viedma. En 1890 en Bahía Blanca, fundó el Círculo Católico de obreros y consiguió de Agustín Pedemonte (padre de Luis, futuro inspector) las tierras para construir el Aspirantado de Bernal, el primero de América, que comenzaría a funcionar en 1895.
En 1894 Cagliero, por pedido del Presidente Luis Sáenz Peña ofreció albergar en los colegios de la Congregación Salesiana y de las Hijas de María Auxiliadora de toda la Patagonia, a los “menores delincuentes o depositados y a las mujeres criminales”. Rápidamente ese año, los orfanatos albergaron a muchos niños judicializados.
En 1897 Cagliero visitó Victorica, La Pampa y bendijo las instalaciones del Colegio Don Bosco de Bahía Blanca que se trasladó a su ubicación actual. Luego, en septiembre, en Buenos Aires, visitando el colegio Pío IX de Almagro, monseñor Cagliero, recibió a Ceferino y a su papá: el cacique Manuel Namuncurá.
En 1904 Cagliero viajó a Roma junto con Ceferino ya enfermo, quien falleció un año después.
En 1908, el 7 de agosto, fue nombrado internuncio apostólico para América Central, con sede principal en Costa Rica, cargo que ejerció hasta 1915. Durante ese período se introdujeron las obras salesianas en Costa Rica, Nicaragua y Honduras.
El 9 de diciembre de 1915, Cagliero fue elevado a la dignidad cardenalicia, siendo el primer cardenal Salesiano en la historia del catolicismo universal.
En 1926, el 28 de febrero, Cagliero murió de un infarto en Roma, a la edad de 88 años.​ Fue sepultado en el cementerio Campo Verano en Roma. Sus restos fueron reclamados por las Autoridades y el Pueblo de la República Argentina, por lo que fueron trasladados hasta la Catedral de la Ciudad de Viedma, lugar de su primera residencia como obispo.
En 1988 fue declarado Siervo de Dios.

Panaro, Bartolomé
AR-AHS ARS/BB ISAAR 4.PB · Pessoa singular · 1851 - 1918

Bartolomé Panaro nació en Castelletto d'Emo, Alessandria, Italia, el 4 de marzo de 1851. Creció en el ambiente de una familia cristiana. Tuvo alguna experiencia en la milicia que no se puede determinar.
Entró en el oratorio de Turín el 18 de octubre de 1875. Ingresó en el noviciado en 1876 y profesó en la Congregación con los votos perpetuos el 26 de septiembre de 1877. Se sintió llamado a la vida misionera y formó parte de la tercera expedición de misioneros salesianos que don Bosco enviaba a tierras americanas en 1877. El joven Bartolomé partió en compañía de Costamagna, Vespignani y Milanesio.
Trabajó sucesivamente como maestro y asistente en las casas de San Nicolás de los Arroyos, Paysandú y la Boca, donde tuvo como alumno a Luis Pedemonte, luego inspector de la Patagonia, quien dejó testimonio de su paciencia en el trato con los educandos y de su celo por el bien moral y espiritual de los mismos. Mientras trabajaba duro, no mezquinaba tiempo al estudio. Recibió todas las órdenes sagradas en Buenos Aires en 1884, siendo consagrado sacerdote el 22 de enero. Después dio libre curso a sus ansias de apostolado en las misiones. Llegó a la Patagonia cuando monseñor Cagliero trazaba el plan general de evangelización de los indígenas.
Fue compañero de monseñor Fagnano en Carmen de Patagones. Ayudó en la evangelización de los indígenas que poblaban las orillas del río Negro, desde Viedma hasta Chichinales. Acompañó también a monseñor Cagliero en sus largas y riesgosas excursiones apostólicas.
Fue misionero en Chos Malal, capital del territorio del Neuquén desde 1887 y asumió como párroco en 1888. Allí fue compañero del padre Domingo Milanesio, fundador de esa misión. Ambos trabajaban a la par y edificaron la capilla del lugar. Cuando el padre Milanesio dejó Chos Malal, acompañó a Panaro el padre Mateo Gavotto, los dos pasaron el resto de su existencia en esa Misión, haciendo una vida verdaderamente eremítica. La soledad pesaba más sobre ambos misioneros que el duro trabajo. El padre Panaro luchó denodadamente por la evangelización y educación de los indígenas y contra los excesos de los blancos que llegaban para apoderarse de las tierras usurpadas a sus legítimos ocupantes.
Los moradores de aquellos parajes testimonian que el padre Bartolomé Panaro era valiente en el cumplimiento de su misión, también cuando la autoridad suprema del territorio, olvidando las leyes divinas y humanas, obraba a su arbitrio, como sucedió con el Gobernador, por ejemplo. Con una gran capacidad de sacrificio, se sujetó a muchas privaciones para reunir los fondos necesarios con el propósito de dotar de un colegio salesiano a la misión de Chos Malal. A pesar de 30 largos años de empeño para tal fin, el misionero no tuvo el consuelo de ver realizado su deseo.
Hasta el día de hoy, en Chos Malal no ha surgido colegio salesiano alguno.
Este misionero de la Patagonia, con su laboriosidad, difundió la palabra de Dios y visitó las comunidades originarias. Demostró que aquel valle era apto para variados tipos de cultivos, cuando muchos lo consideraban una necedad en aquellas tierras.
En el oasis chosmalense dos cosas eran admiradas: la huerta del misionero, donde crecían todo tipo de verduras y plantas frutales y la humildísima vivienda de los salesianos, un claro testimonio de laboriosidad y pobreza.
El padre Panaro vivía con gran sencillez y bondad. Los pobladores lo llamaban cariñosamente el padre Bartolo: él mismo firmaba así sus comunicaciones.
El deceso del padre Bartolomé Panaro, acaeció el 27 de octubre de 1918, a los 67 años de edad. Fue sepultado en el cementerio de Chos Malal.

Buodo, Ángel
AR-AHS ARS/BB ISAAR 4.BA · Pessoa singular · 1867 - 1947

Ángel Buodo nació en Barco di Pravisdomini, Udine, Italia, el 27 de junio de 1867, anteúltimo de nueve hermanos. La familia era pobre y la comida escasa. A los doce años tuvo que alejarse de la casa paterna para ganarse la vida con el trabajo. Hizo su primera comunión cuando estaba por cumplir dieciséis años de edad.
Estudió como perito agrónomo en el instituto salesiano de agricultura de Mogliano Véneto. Se entusiasmó con ese estilo de vida y el 21 de marzo de 1889 partió para Turín. Ángel ingresó al seminario dirigido por el sacerdote salesiano Felipe Rinaldi.
En 1890 se enfermó y se curó repentinamente, cuando don Rúa le aplicó sobre la cabeza la almohada de Don Bosco al fallecer el 31 de enero de 1888. Nunca más sintió dolor de cabeza. Su vocación quedó definitivamente decidida.
El 24 de agosto de 1891, Ángel dió sus primeros pasos en la Congregación Salesiana. En octubre de 1893 estudió en Valsálice, Turín. El 19 de diciembre de 1896 se ordenó sacerdote en Faenza. Le confiaron el cargo de administrador de la casa, distinguiéndose por el fiel cumplimiento de su tarea y el estricto orden en todas sus cosas.
En 1898 Vespignani, inspector de la Argentina, viajó a Turín por el Capítulo General. Se encontró con Buodo y lo aceptó para las misiones de la Patagonia. Con 31 años de edad, viajó en la 32° expedición misionera.
Llegó a Buenos Aires el 20 de noviembre de 1898. En 1899 fue destinado a San Nicolás de los Arroyos como profesor de teología y director espiritual. En 1901 pasó a la Boca como maestro, director espiritual y ayudante en la parroquia. En junio de 1902 y hasta 1904 estuvo en Mendoza como confesor y profesor de teologia. A principios de 1905 y hasta 1914 fue enviado a la escuela agrícola de Uribelarrea, provincia de Buenos Aires, como director espiritual y confesor. Fue también maestro en esa escuela y misionero de las zonas circundantes.
En enero de 1914, al hacer los ejercicios espirituales en Buenos Aires, el inspector, Vespignani, le comunicó que iría a General Acha, La Pampa. El 27 de marzo ya estaba dando clase en el colegio La Inmaculada. Halló su verdadera vocación como misionero en el campo, para evangelizar, confesar, preparar matrimonios, primeras comuniones, confirmaciones, rezar responsos, visitar familias, construir capillas y templos...
También soportó ataques, como por ejemplo, el del autodenominado "Comité de Libres Pensadores de Bernasconi"; sufrió la oposición del presidente de la Municipalidad de Macachín, un libre pensador mal educado.
El padre Ángel Buodo sirvió con gran amor y caridad a los huérfanos, a los que llamaba cariñosamente sus "guachitos", también cuidó a los enfermos, los necesitados... buscó empleos para los sin trabajo, nombramientos de maestros para las escuelas…
La Pampa estaba poblada por inmigrantes italianos, gauchos llegados de otras regiones de la Argentina e indígenas; estos últimos fueron objeto de su especial dedicación, ayudándolos a integrarse en una sociedad criolla. Se acercó entablando buenas relaciones con los caciques e impulsó el ingreso de los guerreros al cuerpo de policía.
Un accidente sufrido en 1921 resintió su salud y le impidió seguir misionando de forma activa, de modo que algún tiempo después fue nombrado cura párroco de Puelches. Aún tuvo tiempo de levantar una capilla varios kilómetros al este de General Acha, en el paraje que actualmente lleva su nombre; esa capilla fue declarada posteriormente Monumento Histórico Provincial.
En 1922 debió enfrentar una situación violenta cuando un estanciero que había comprado el terreno en que vivían las tribus incendió los ranchos de los indígenas. Buodo viajó a Buenos Aires, donde logró un resarcimiento de parte del estanciero y un lugar para que los indígenas se establecieran.
Gracias a las donaciones recibidas, compró un sulky que usaba para misionar. En 1920 lo sustituyó por un charré, que no le dio buen resultado y en 1927 compró un Ford T. En 1931 volvió al sulky porque las reparaciones eran caras. También recorrió La Pampa en tren.
El padre Buodo no sólo sembró el evangelio, sino que como perito agrónomo, fue un apasionado de la agricultura: enseñó a blancos e indígenas a plantar árboles, cultivar vides, sembrar hortalizas.
El padre Buodo construyó en los pueblos de su misión capillas y templos para la protección espiritual de sus pobladores. Fueron muchas: Quehué, Utracán, Gamay, Unanue (dedicada a San Juan Bosco), Hucal, Ranqueles, Santa María, Abramo, Bernasconi, Villa Alba (hoy San Martín), Jacinto Arauz (su Betania), Villa Iris, Rondeau, Rosario, Río Colorado, Pichi Mahuida, Santa Teresita, Doblas, Macachín, Rolón, Alpachiri, San Germán, Riglos, Ataliva Roca, Epupel, Perú, La Adela.
Era un hombre culto: dejó infinidad de apuntes, desde escritos de teología, filosofia, homilías, hasta la lista de cosas que distribuía a los necesitados... También era un hombre libre, valiente, sin alardes ni jactancias. Siempre agradeció a todos aquellos que le ayudaron de una u otra forma.
A inicios de 1943 en el Hospital Italiano de Buenos Aires fue sometido a una dolorosa operación. Se recuperó lo suficiente como para volver a La Pampa y seguir misionando. En 1944 estaba de nuevo en el hospital. Pero a principios de 1945 pudo volver nuevamente a su misión pampeana, ayudado por su bastón.
Pasó sus últimos meses internado en el Hospital Italiano de Buenos Aires y el colegio Pio IX de Almagro, Buenos Aires.
Falleció el domingo 11 de mayo de 1947. El 20 de mayo, en General Acha se realizó una misa en la que participó todo el pueblo.

Borghino, Miguel
AR-AHS ARS/BB ISAAR 4.BM · Pessoa singular · 1855 - 1929

Miguel Borghino nació en Vigone, Turín, Piamonte, el 22 de noviembre de 1855. El colegio de Valsálice lo recibió como alumno el 18 de octubre de 1868. Ingresó en el noviciado el año 1876, para hacer la profesión perpetua el 17 de septiembre de 1877. Continuó sus estudios en Valsálice en 1878. Formó parte de la cuarta expedición de misioneros que don Bosco envió a América. Su primer destino fue el colegio Pío de Villa Colón, Uruguay.
Recibió la consagración sacerdotal el 26 de febrero de 1879. Durante el año 1880 desempeñó la tarea de director espiritual del colegio Pío de Villa Colón de Montevideo y entre 1881 y 1882 ejerció el cargo de director de estudios en Las Piedras.
En 1883 a Borghino le fue confiada la delicada e importante tarea de fundar la grandiosa obra de la ciudad de Niteroi, Río Janeiro, y la casa de formaciớn de Lorena. Se desempeñó como director de Niteroi hasta 1888, dejando consolidada la presencia salesiana en esa ciudad.
Regresó al colegio Pío de Villa Colón en 1889 como subdirector y administrador. Eran épocas de grandes dificultades, pues la masonería imperaba en el Uruguay y el laicismo en la enseñanza, combatían ferozmente la obra de los misioneros católicos. De carácter enérgico y resuelto, afrontó ásperas luchas para afianzar la obra salesiana.
En 1890 el padre Miguel Borghino fue nombrado párroco de Bahía Blanca por el Arzobispo de Buenos Aires, monseñor Antonio Espinosa. Las crónicas del colegio Don Bosco dan cuenta que, cuando Borghino pasó a visitar al obispo para recibir su bendición pastoral, el prelado lo abrazó llorando mientras decía que había hallado un sacerdote que acepte ir a esa ciudad. Ya habían renunciado 9 párrocos diocesanos por no soportar el ambiente anticlerical y masónico.
Llegó a Bahía Blanca en calidad de director, fundador y párroco. Lo habían precedido por algunos días el padre Domingo Milanesio y el coadjutor Carlos Rossetti. La casa y la capilla eran paupérrimas, el piso era de tierra y por los techos se filtraba el agua de lluvia.
En abril de ese año, llegó Cavalli, nombrado vicepárroco y se iniciaron las obras de la escuela y el templo. En pocos meses comenzó a funcionar una precaria escuela con 4 aulas divididas por tabiques.
En 1897 mudaron la escuela al solar de la calle Vieytes 150, actual ubicación del colegio Don Bosco. Paulatinamente se compró y se fue construyendo sobre los terrenos lindantes, hasta que la edificación completó la totalidad de la manzana.
El padre Borghino continuó con el cargo de director del colegio Don Bosco. El colegio María Auxiliadora fue también fruto del trabajo del padre Borghino. Quedó, a la vez, como responsable de la dirección del colegio Nuestra Señora de La Piedad donado por el señor Luis D'Abreu, inaugurado en 1894. Ambas tareas las realizó simultáneamente hasta 1902.
En Bahía Blanca el ambiente era hostil por la masonería y el liberalismo. Arreciaban los ataques contra la obra salesiana y contra el padre Borghino, con insultos y amenazas de incendio.

En 1899 con ocasión de la catastrófica inundación causada por el desborde del río Negro, Borghino escribía al padre Bonacina: "Yo estoy en la miseria hasta los ojos y con las deudas que me están ahogando. Pero nunca se dirá que he dejado a mis hermanos sin techo y sin vestido... dividiremos juntos... lo poco que tenemos”.
Efectivamente, en agosto, provenientes del Alto Valle, corridos por las aguas del río, llegaron salesianos, religiosas, niños y niñas. A todos se les dio alojamiento vestido y alimento, gracias a la ayuda oportunamente recibida de Buenos Aires y de la población bahiense. Los varones fueron recibidos como internos en el colegio La Piedad.
En 1902 Borghino asumió nuevas y mayores responsabilidades aún, pues fue enviado a Estados Unidos de Norteamérica como vice-inspector. Como tal atendió la obra salesiana de San Francisco (California) y la de Nueva York. En ese cargo permaneció hasta 1908.
De 1909 a 1911 pasó a Venezuela como inspector de la obra salesiana.
El padre Borghino regresó a su querido colegio Don Bosco de Bahía Blanca en 1912 en calidad de director. Pero, ante la enfermedad de su anciana madre, viajó urgentemente a ltalia en 1913 para asistirla en sus últimos momentos.
Desde Italia regresó al Brasil para desempeñar diversas tareas. En 1915 fue el encargado de la casa salesiana de Río de Janeiro. De 1916 a 1919 cumplió la misión de confesor en el liceo Sagrado Corazón de Jesús de San Pablo. Permaneció en Niteroi desde 1920 a 1926. De 1927 a 1929 estuvo a cargo de la capellanía de un hospital donde ejerció su ministerio sacerdotal.
En 1929 al retornar de Brasil a su amada Italia, participó en Roma y en Turín de la celebración de las solemnes fiestas con ocasión de la beatificación de don Bosco.
Por el malestar del corazón, que ya se había manifestado en América, el 14 de noviembre de 1929 dejaba de existir en Turín cuando estaba transitando los 74 años de su vida.

Vacchina, Bernardo
AR-AHS ARS/BB ISAAR 4.VB · Pessoa singular · 1859 - 1935

Bernardo Vacchina nació el 19 de marzo de 1859, en Revignano d' Astí, uno de los tantos pueblitos que rodean la capital del Piamonte, pertenecientes a la provincia de Alessandria, Italia. Hijo menor de una familia de campesinos.
Los primeros años de su infancia los pasó en la casa familiar y ayudando en las tareas campesinas. En esos tiempos la fama de Don Bosco, tanto como sus escritos y el trabajo educativo con los jóvenes pobres y abandonados se iba difundiendo en esa zona norteña italiana. Esto habría alimentando en Bernardo el deseo de conocer el Oratorio de Turín, al que ingresó en 1873.
Vacchina descubrió en Don Bosco una personalidad de un carisma y afecto que llamaron su atención. En 1875 cursaba el bachillerato, enfermó gravemente de tifus. Pero Don Bosco le vaticinó una larga y prolífica vida. Los tiempos que vivió en el oratorio fueron los años de la "euforia misionera por la patagonia”.
Vacchina llegó a América en 1880, tomó contacto con Luis Lasagna y fue encomendado a trabajar como secretario del nuncio, Monseñor Luis Matera. La experiencia no fue buena y pidió ser relevado.
Hacia el año 1882 Vacchina fue destinado a la comunidad de San Nicolás de los Arroyos. En abril, monseñor Aneiros, lo ordenó sacerdote.
Durante 1883, 1884 y 1887 residió en la parroquia San Juan Evangelista, primera parroquia salesiana de América, en el barrio porteño de La Boca. Interrumpidos en 1885 y 1886 en que residió en la comunidad de San Carlos del barrio de Almagro, donde trabajó en una experiencia de vanguardia que fue la implementación de la catequesis en los colegios estatales.
En 1887 Cagliero le pidió que se hiciera cargo de la parroquia de Viedma donde residió entre 1888 y 1892. Como párroco de Viedma, que era la casa central de las misiones del vicariato, el novel misionero tuvo que ir desplegando su creatividad para seguir afianzando la obra de la Iglesia en la región. Asumió la responsabilidad de abrir el colegio, el oratorio, hacerse cargo del cuarto grado, y de recibir a los primeros 12 pupilos “... entre los cuales cuatro eran indiecitos”. Intercedió ante las autoridades para mejorar el cementerio y empezó a recorrer los rancheríos en busca especialmente de los enfermos.
Como director de Viedma creó en 1889 su obra de mayor impacto social: el Hospital "San José" de Viedma. La precariedad de los pobladores se veía reflejada también en las severas dificultades de salud que experimentaban sobre todo los más pobres.
En 1891 realizó una misión itinerante en el sur de la provincia de Buenos Aires, jurisdicción de la parroquia de Bahía Blanca, a cargo del padre salesiano Miguel Borghino: por Coronel Suárez, Pigüé, Saavedra, Arroyo Corto, Torquinst, Napostá, Vitícola, Colonias rusas, Coronel Suárez, entre otras predicando, catequizando, casando, visitando enfermos y sobre todo preparando primeras comuniones.
Esta fue la única experiencia como misionero solitario de Vacchina, y de tal manera marcó su corazón, que escribió una memoria aparte para describir lo que vivió en esos días. Terminada su misión, se dirigió a Bahía Blanca a rendir cuenta al párroco, y transcribir los datos de la administración de los sacramentos realizados. Luego de culminado este trámite se dirige a Buenos Aires. Allí, en 1892 recibió la designación como capellán del Chubut.
Vacchina tomó posesión de la misión de Rawson el 4 de diciembre de 1892 en un informe del 26 de diciembre que remite al vicario con los proyectos a realizar que podemos sintetizar en:
• Abrir dos colegios, uno para niños y otro para niñas a cargo de los salesianos y las Hijas de María Auxiliadora respectivamente.
• Abrir un pequeño pupilaje y una escuela de Artes y Oficios... para los indios, para los católicos y para los protestantes...;
• Abrir una enfermería para los adultos;
• Pide recursos para emprender la expedición al interior de la provincia, para comenzar la evangelización de los aborígenes que "... es la obra máxima y la que importa mayores sacrificios".
La primera concreción será la atención de los enfermos, que del mismo modo que en Viedma, se fue dando espontáneamente. Poco a poco se fue constituyendo en algo permanente que fue dando forma a lo que sería el hospital "Buen Pastor" de Rawson. A mediados de 1893 ya funcionaba la escuela de varones. Al poco tiempo, y aprovechando la visita del padre Domingo Milanesio en Rawson, Vacchina parte a Buenos Aires con el fin de conseguir recursos para afianzar la misión y traer a las Hijas de María Auxiliadora para abrir el colegio de niñas. En la Capital logra reunirse incluso con el presidente Sáenz Peña, que le ofrece una importante ayuda económi­ca. No tuvo tanto éxito en el Consejo Nacional de Educación ante una pro­puesta suya de hacerse cargo de los colegios nacionales de la zona, la cual fue rechazada. Llegó Vacchina a Rawson el 18 de noviembre, con medios materiales y cuatro hermanas, que a los pocos días, el 20 de noviembre, abrieron el colegio para niñas.
Hacia junio de 1894 el presidente Luis Sáenz Peña firmó un decreto donde determinaba que los menores delincuentes o depositados (huérfanos) les serían entregados a la custodia de los R.P. Salesianos o a las Hijas de María Auxiliadora. De modo que ya para octubre de 1894 tenían gran cantidad de niños originarios y galeses.
En 1895 se nombró gobernador a Eugenio Tello, quien con sus decisiones gubernamentales benefició a la obra salesiana. Trabajaron juntos en la construcción del cementerio de Rawson y realizaron una travesía a lo ancho, por primera y única vez del territorio a su cargo. Será para Vacchina la experiencia más importante por el contacto con las poblaciones aborígenes en su medio ambiente.
En diciembre de 1897 llegó a su antiguo primer destino patagónico con el cargo de director de la casa central de las misiones y provicario-delegado del obispo. El motivo del traslado del padre Bernardo fue que, en el traslado del gobernador de ese territorio, don Eugenio Tello, de Chubut a Río Negro, habría dicho al obispo: "No vendré si no viene también el padre Vacchina”. La intención tanto del nuevo gobernador como del vicario era repetir la experiencia del trabajo mancomunado que habían tenido en el Chubut. El misionero fue encargado de preparar la fiesta de bienvenida al nuevo gobernador, que llegaba a esa ciudad a principios de 1898. Este hecho no fue muy bien visto por los anticlericales y liberales de Viedma y sospechaban de cierta obsecuencia del gobernante ante el poder eclesial.
Esto trajo como consecuencia una marcada hostilidad de un sector de la población, que se extendió a lo largo de los años, canalizada sobre todo a través de la prensa local.
Vacchina trabajó como provicario o delegado y de Director del colegio. Los pupilos estudiantes y artesanos llenaban la casa; también la casa de las Hijas de María Auxiliadora estaba repleta de postulantes, novicias, profesas, pupilas, externas, señoritas depositadas por la autoridad. Las confesiones y sermones eran incontables. Monseñor Cagliero con frecuencia se ausentaba para sus apostólicas excursiones quedando Vacchina con sobrecargo excesivo de trabajo.
Vacchina visitaba a los presos, como capellán de la cárcel de Viedma llevaba “diarios, libros, cigarros, fruta y remedios de la enfermería” “me los gané y deseaban que los visitara con más frecuencia”. MV 14 f. 4 y 5 r.
El 17 de mayo de 1903 comienza a publicarse el periódico “Las Flores del Campo”, que sirvió, sobre todo para contrarrestar los ataques de la prensa, contraria a la misión católica. En el mismo año comienza las actividades del Círculo Católico de Obreros de Viedma, buscando integrar a la comunidad eclesial a un sector que se había mostrado reacio y contrario a la iglesia.
En la segunda mitad de julio de 1899, el desborde de los ríos Negro y Chubut, arrasó prácticamente con las más importantes poblaciones de la Patagonia septentrional. En Viedma todo el personal de la misión debió ser evacuado. En la correspondencia con Cagliero, Vacchina se muestra “destrozado” porque “nuestras misiones ya no existen”, “lo que me aflige y destroza mi corazón, es el abandono en que necesariamente han de quedar tantas almas, tanta juventud que sin nuestros pobres trabajos y nuestros colegios, han de ser víctimas del vacío y de la impiedad”. BS 1899, 266.
Cagliero le sugirió visitar Italia para pedir ayuda económica. Fue en noviembre y volvió en diciembre de ese año, con remedios, aportes económicos y maquinarias para los talleres.
El entusiasmo por el retorno de Vacchina se demuestra por algunas acciones inmediatas; las crónicas de la casa nos cuentan que el 5 de diciembre “principian a levantar los talleres de zapateria y carpintería”; el 7, “se confesó toda la tarde”; el 8 “Fiesta de la Inmaculada; Gran solemnidad” el 16 “se instalaron los talleres de sastreria y carpintería”. Con el primer día del año 1905, comienza a salir el periódico “La Cruz del Sur”, publicación análoga a la realizada en Viedma, y con los mismos objetivos. El 9 de febrero de 1908 se comenzaba con la atención sistemática y continua de los presos de Rawson, iniciativa que también imitaba a la hecha en Río Negro.
Se funda el Colegio Domingo Savio y apoya la creación del Colegio María Auxiliadora de Trelew.
Este brío que siempre lo caracterizó se comenzaba a opacar. Vanzini, su biógrafo, lo cuenta así:
“El valiente misionero de antaño, ya siente que no puede más, y tiene terror que su salud y el mal carácter que le provoca, hagan derrumbar lentamente lo construído con tanto esfuerzo. Así, en el año 1917 deja Vacchina la tierra que lo vio crecer como hombre, como misionero.”
No se sabe mucho de los últimos años. Si bien descansó algún tiempo en Asunción del Paraguay, se instaló en La Boca, Buenos Aires, desde donde dirigió la publicación parroquial “La Verdad”.
Falleció en 1935, a los 76 años de edad.

Gavoto, Mateo
AR-AHS ARS/BB ISAAR 4.GM · Pessoa singular · 1848 - 1922

Mateo Gavotto nació en Rocoatorte, Mondovi, Italia, el 14 de septiembre de 1848. Desde 1880 trabajaba como empleado en la casa salesiana de San Benigno en el cultivo de la viña y el cuidado de la bodega. Era apreciado como hombre alegre, piadoso y diligente trabajador.
Don Bosco, ya anciano, en una visita a San Benigno, dijo al verlo: "Será sacerdote". Inició los estudios en horas nocturnas, mientras de día continuaba atendiendo la viña y la bodega.
El 10 de octubre de 1885 hizo la profesión religiosa con los votos perpetuos. En 1889, el 21 de diciembre, fue ordenado sacerdote, y partió para tierras argentinas. El destino fijado fue la nueva obra de General Roca, donde llegó a caballo costeando el caudaloso río Negro. Pero el misionero que debía ir a Chos Malal enfermó, y su lugar fue ocupado por el padre Gavotto, que se hizo presente como personal de la pobre casa de esa localidad neuquina fundada por Milanesio y Panaro hacía tres años.
A los pies de la cordillera de los Andes, el padre Mateo Gavotto misionó durante 33 años en esa región. No olvidó ningún paraje ni rancho, diseminados en la inmensa zona de su apostolado de 60.000 kilómetros cuadrados.
Trabajador infatigable, era para blancos e indígenas del noroeste neuquino, el padre solícito que acudia presuroso para socorrerlos en sus necesidades. El "padrecito Mateo" era siempre esperado y bienvenido como amigo. Su ayudante era el coadjutor Serafín Sambernardo. Los parajes que visitaron eran: El Roblecillo, en Baños de Molina, Coyamuela, Malbar, Los Menucos, Tricao Malal, Barrancas, Buta Ranquil, Lentue, Ovunco, El Cholar, La Fragua, Pichinire, Cullincó, Las Ovejas, Andacollo.
En marzo de 1921 ocupó el cargo de director de Chos Malal, pero por breve tiempo; a instancias suyas, fue exonerado del mismo para continuar sus andanzas misioneras. Fue un hombre obediente y caritativo, de gran delicadeza en el trato y de cordial hospitalidad. El padre Pedro Ricaldone, con ocasión de su visita extraordinaria a Chos Malal, quedó gratamente impresionado y conmovido por las atenciones recibidas a pesar de la pobreza verdaderamente franciscana en que vivían aquellos salesianos. Dijo de Gavotto: "Condiciones intelectuales más bien escasas. Buen criterio. Excelente en lo moral".
A su muerte, la comarca entera se conmovió, y desde todas las laderas de la cordillera descendieron sus moradores para rendir tributo al amigo y padre. Murió el 29 de julio de 1922 y sus restos mortales reposan junto a los del padre Bartolomé Panaro en el cementerio de Chos Malal.

Milanesio, Domingo
AR-AHS ARS/BB ISAAR 4.MD · Pessoa singular · 1843 - 1922

Domingo Milanesio nació en Settimo Torinese, Italia, el 18 de agosto de 1843, pasó su infancia trabajando en la huerta y haciendo canastas. A los 23 años se presentó a Don Bosco y le dijo que quería ser misionero, fue admitido como aspirante y profesó como salesiano en 1869, a los 26 años, en Trofarello. Con mucho empeño completó en poco tiempo los estudios para el sacerdocio. La consagración sacerdotal le fue conferida el 20 de diciembre de 1873 en Albenga. Trabajó como director del Oratorio Festivo de Valdocco.
En 1877, a los 34 años, formando parte de la tercera expedición misionera, dirigida por Costamagna, el padre Domingo Milanesio llegó a América. Pasó 3 años en la Boca del Riachuelo, Buenos Aires, allí sufrió la agresión de un apóstata de la fe cristiana, que puso en peligro su vida: fue herido de gravedad por un feroz golpe en la cabeza.
Monseñor Mariano Antonio Espinosa, vicario del arzobispo de Buenos Aires, creó en el año 1880 la parroquia de Viedma, que juntamente con las difíciles misiones de la Patagonia, fue encomendada a los salesianos. El primer párroco fue el padre Domingo Milanesio. Su jurisdicción abarcaba 800.000 kilómetros cuadrados. Su cargo duró sólo 3 años, en mayo de 1883 asumió Beauvoir.
En 1883, Milanesio comenzó a explorar, a caballo, el Neuquén y la Cordillera de los Andes. Visitaba las chozas de los indígenas para predicar el Evangelio, impartir sacramentos a las tribus y aliviar su mucha miseria. Alentaba a los colonos blancos a perseverar en la fe de sus antepasados. Cruzó al menos, en veinticinco oportunidades, las altas y peligrosas cimas de la cordillera de los Andes en busca de personal salesiano y medios econónicos para sostener la obra misionera. Visitó Chile en 1886, siendo el primer salesiano que pisó tierra chilena.
Milanesio estudió y logró hablar mapuzungun en 1885. Escribió catecismos y léxicos en lengua originaria. Valoraba los momentos de encuentro con los indígenas para aprender su lengua y hacer extensas anotaciones. Su método, lo humanizó poniéndose “a la par” en un ida y vuelta, en una suerte de alfabetización mutua.
El padre Raúl Entraigas dijo:
El padre Domingo Milanesio; italiano él, se encargó en soledad de descifrar el idioma de los aborígenes, ordenar alfabéticamente los vocablos, usos de armas, herramientas; la interpretación de gestos, sonidos guturales, sistematizó la región con dibujos y mapas, al final publicó, en 1915, un libro denominado: ‘Etimología araucana. Idiomas comparados de la Patagonia. Lecturas y Frasario Araucano’.
Fue mediador en la capitulación del cacique Manuel Namuncurá desde 1881 hasta 1884. El 12 de enero de 1883 el comandante Rufino Ortega escribió al gobierno nacional: “Namuncurá escapó de caer en poder del mayor O’Donnel”. Milanesio intervino: se entrevistó con embajadores del cacique y le envió una carta con fecha del 20 de abril de 1883 donde aprueba la decisión de “tratar la paz con las autoridades militares”.
Ante el problema de la posesión de las tierras para los pueblos originarios, propuso y gestionó un proyecto superador al modelo de reducciones: sugería una colonización agrícola en base a colonias mixtas, ofreciendo espacios de organización donde pudieran convivir criollos, inmigrantes e indígenas; espacios de contacto interétnico o entre grupos de diferente procedencia.
Esta idea entró en colisión directa con el modelo latifundista y ganadero impulsado desde el Estado Argentino. Por eso, a pesar de su astucia e inteligencia para buscar formas de inclusión, chocó con la indolencia de un Estado que no tenía conocimiento, ni interés en la realidad indígena.
Su experiencia de misionero itinerante durante 30 años le permitió conocer la realidad y expresarla. El proceso de invisibilización de los pueblos indígenas estaba en acto. El religioso veía que se vendían indiscriminadamente los terrenos para cubrir necesidades fiscales del Estado, como si no hubiera gente en ellas. Esto producía la concentración de la propiedad de la tierra en pocas manos y generaba un vaciamiento de la población existente en la Patagonia. “Se reemplazan personas por vacas”, decía el padre Milanesio.
En una, de sus cartas pide:
(...) que se le reconozca el derecho como primeros ocupantes de tierras fiscales, derechos a los que se han hecho acreedores por sus trabajos, aunque rudos, en el ramo de agricultura y ganadería. Es cierto que con sus pequeños ensayos han descubierto miles y miles de lugarcitos en donde producen las legumbres, pastos domésticos, hortalizas, etcétera. Ellos han sabido elegir el retazo de tierra más abrigado y de mejor clima y han señalado con eso la ruta que debe seguir el agricultor en mayor escala. Todo esto no tiene mérito?
Su objetivo siempre fue evangelizar y eligió un modo de hacerlo: aprender de la cultura, hablar el idioma y respetar la manera de vivir de los habitantes del lugar.
En 1886 y 1887 cruzó la cordillera de los Andes y visitó Chile junto con Cagliero.
El 24 de diciembre de 1888, en Chimpay, bautizó al hijo del cacique Namuncurá: Ceferino. En 1889 estuvo en Choele Choel. En 1890 se inaugura la misión de Bahía Blanca, Milanesio llega en mayo. Toma contacto con el hermano Rosetti. En sus misiones por la colonia Tornquist, La Vitícola, Sierra de la Ventana, Napostá, y el curso del Sauce Chico llevó al niño Esandi, quien luego sería el primer obispo salesiano. En 1890 en Viedma visitó a los reclusos.
En 1894 fundó la obra salesiana de Junín de los Andes y en 1897 viajó a Chile para recaudar fondos y traer las primeras misioneras para que se hicieran cargo, en Junín de los Andes, de un asilo para indiecitos y niñas pobres.
La libertad y la vida de este intrépido misionero estuvieron en peligro muchas veces. Supo llarmar la atención a los que abusaban de su autoridad en detrimento de los paisanos e indígenas, y por ello, tuvo que soportar la prisión.
El misionero no agradaba al gobernador de Río Negro, el general Lorenzo Vintter, y mientras estaba misionando en Choele Choel, una orden militar lo obligó a galopar casi 400 kilómetros hasta Viedma y quedó detenido. El padre José Fagnano logró liberarlo y lo "exilió" a Buenos Aires, hasta julio de 1885.
El padre Milanesio sufrió otra prisión en Chos Malal, detenido arbitrariamente del 1 de septiembre hasta 22 de noviembre de 1887 por el gobernador del Neuquén, el coronel Manuel José Olascoaga, que trataba de obtener dinero del misionero con la excusa de construir una capilla. Ya se había guardado en su bolsillo 20.000 pesos que le habían sido remitidos desde la Capital Federal para su construcción. Recuperada la libertad, el misionero construyó los caminos para traer los postes y otros materiales para la construcción de la capilla de Chos Malal, ésta se inauguró el 8 de diciembre de 1888.
Desde 1902 y hasta 1906 se encuentra en ltalia y en México, buscando fondos para las misiones.
En 1913 realizó sus últimas excursiones prolongadas. Resentida su salud, vio grandemente disminuida su posibilidad de acción. Se retiró a Viedma el año 1914, afectado de un reumatismo, un año después lo enviaron al Colegio Pío IX de Buenos Aires.
En 1920, se retiró al estudiantado de Bernal donde terminaría sus días. Sin embargo, no olvidó a los pueblos indígenas de la Patagonia. Por ellos siguió llevando adelante ingentes gestiones ante el Estado para lograr la propiedad de las tierras que ocupaban y defender sus derechos. Ese mismo año predicó en mapuzungun en una misa que se llevó a cabo en la Basílica de San Carlos y María Auxiliadora, con motivo del primer Congreso Nacional Indígena en el que tomaron parte delegados y caciques de distintas agrupaciones. En ese congreso se fundó la Asociación Nacional de Aborígenes (ANA) y tuvo repercusión en el Bolettino Salesiano, en su edición de noviembre de 1920.
Trabajó hasta el final de sus días, redactando sus memorias. Murió en Bernal, el 19 de noviembre de 1922, a los 79 años de edad, 49 de sacerdocio y 53 de profesión religiosa. Los restos mortales del “Patiru Domingo”, como lo llamaban los originarios, reposan en el templo parroquial Nuestra Señora de las Nieves de Junín de los Andes.

Borgatello, Maggiorino
AR-AHS ARS/BB ISAAR 4.BMa · Pessoa singular · 1857 - 1929

Maggiorino Borgatello nació en Varengo, Italia el 8 de febrero de 1857. Llegó al oratorio de Don Bosco a los 16 años. Hizo los votos perpetuos como salesiano en Lanzo en 1877 y se ordenó sacerdote en 1880 en Lucca, donde fue director espiritual hasta 1884 y desempeñó la misma tarea en Turín, en 1885. Luego fue prefecto de la sacristía del templo Sagrado Corazón de Roma hasta 1886. Luego se enfermó y tras la muerte de Don Bosco, en 1888, pidió a Don Rúa ir a la Patagonia, a cumplir el sueño de Don Bosco.
Desde 1888, Fagnano lo destinó a atender la capilla de Punta Arenas que tomó el rango de parroquia en 1901 y de la cual fue párroco y rector hasta 1912. Impresiona la meticulosidad con que llevaba los libros parroquiales. Dejó varios cuadernos, de doscientas páginas cada uno, con el título de “Crónica de las funciones de la parroquia de Punta Arenas”.
En 1893 inició en Magallanes un Museo etnográfico y de ciencias naturales, que bautizó como “Museo Territorial Salesiano” y que ahora se denomina Museo “Maggiorino Borgatello”. Reunió una amplia colección de objetos etnográficos, piezas arqueológicas, fósiles y ejemplares de flora y fauna local. Hay ejemplares únicos: el “perro fueguino”, por ejemplo, especie extinguida desde hace muchos años. También, junto a Lino Carbajal y Durando, fue responsable de la presentación de las misiones fueguinas en la Exposición de Arte Sacro desarrollada en Turín en 1898.
Fue director de las misiones de San Rafael en isla Dawson hasta su cierre en 1911. El desempeño de esta tarea le sirvió para conocer mejor a los naturales que vagaban por los canales fueguinos. Hombre prolijo como era, estudió la lengua de aquellos aborígenes: onas, yaganes y alacalufes (sic) y se aventuró a hacer un parangón de esas tres lenguas con la de los tehuelches de la Patagonia.
Estuvo en Nuestra Señora de la Candelaria en 1913, donde levantó dos locales importantes: uno para el servicio meteorológico y otro para el Museo de la Misión que inauguró en junio de 1913, que lleva el nombre de “Monseñor Fagnano” y aún está en funcionamiento.
En el Boletín Salesiano se pueden leer no pocas relaciones, que Borgatello remitía desde las misiones. Describe las tierras sureñas “con tinta muy negra”, relata el desastre que significó para los indígenas la invasión de los buscadores de oro en Tierra del Fuego, “con daño inmenso de los desdichados indios, en parte asesinados, o sino, sometidos a dura esclavitud”. En su escrito “Florecillas Silvestres” relata la muerte ejemplar y santa de decenas de aborígenes, particularmente de niños. En “Flores Magallánicas”, otros escritos en torno de las misiones. Gracias a su detallada escritura podemos conocer los hechos más destacados y los movimientos poblacionales y del personal de las misiones.
A pesar de las críticas que le propició en vida, tras la muerte de Fagnano escribió su vida de forma enteramente laudatoria.
Borgatello, vuelto a su patria, estuvo por poco tiempo en Roma y luego puso pie en el Oratorio de Valdocco y desempeñó el cargo de vicepárroco y prefecto de sacristía de la basílica de María Auxiliadora durante 14 años, donde trabajó con celo hasta el final de sus días. Durante su estadía en Valdocco escribió sus memorias.
Su trabajo misionero y etnográfico fue relatado por él mismo en las siguientes publicaciones:
• “Le Nozze D’Argento ossia 25 ani della missione salesiana della Patagonia Merid. E Terra del Fuoco. Prefettura apostólica Di Mons. Giuseppe Fagnano (1887-1912), Societá Editrice Internazionale, Torino, 1921.
• “Fiorellini silvestri Magellanici”, Società Editrice Internazionale, Turín, 1920.
• “Florecilla silvestre del Magallanes”, Escuela Tipográfica Salesiana, Turín, 1924.
• “Padre José Fagnano Vero, misionero salesiano. Vida y obra”, (Con Buvinic) Ed. Salesiana, Santiago de Chile, 1975.
• “Patagonia meridionale e terra del fuoco, memorie di un missionario, nel cinquantenario delle misión salesiane”, Società Editrice Internazionale, Turín, 1929.
• “Nella Terra del fuoco, memorie di un missionario salesiano”, società editrice internazionale, Turín, 1920.
• “Un conquistatore d’anime Monseñor Gius.Fagnano”, En Letture Cattoliche, No 856, Turín, 1994.
Murió en Turín el 20 de diciembre de 1929.