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Registo de autoridade
Misión San Rafael. Isla Dawson
AR AHS ARS/BB ISAAR 5.68 · Pessoa coletiva · 1889-1911

Las misiones salesianas de San Rafael (fundada en 1889) y Buen Pastor (fundada en 1898) formaron parte del proyecto evangelizador impulsado por el prefecto apostólico José Fagnano, cuyo accionar en la región magallánica ha sido ampliamente documentado en El capitán bueno (Motto, 2017). Ambas misiones se ubicaron en el sector sur de Isla Dawson, en el estrecho de Magallanes, y funcionaron como centros de reducción, catequesis y reorganización espacial de los pueblos originarios selknam, haush y alacalufes, en un contexto de drástica disminución demográfica producto de la colonización ganadera y la violencia asociada a la ocupación de Tierra del Fuego.
La Misión San Rafael fue establecida con el objetivo de recibir a grupos indígenas trasladados hacia la isla. Su funcionamiento se organizó bajo el modelo de reducción indígena, con énfasis en la instrucción religiosa, la alfabetización básica y la sedentarización. Se fundó un aserradero y se formó a los originarios en el oficio para que pudieran insertarse en el mercado laboral. Las condiciones de hacinamiento, la ruptura de los modos de vida tradicionales y la exposición a enfermedades respiratorias y contagiosas contribuyeron a una elevada mortalidad dentro del establecimiento.
La Misión Buen Pastor, fundada en 1898, se integró al mismo esquema organizativo. Durante sus primeros años no contó con un director formalmente designado. Recién en 1901 se nombró vicedirector al sacerdote Luis Carnino, y en 1902 actuó como confesor el Padre José Crema, proveniente de la Misión San Rafael. Estos nombramientos consolidaron la articulación administrativa entre ambas misiones, que compartían personal (sacerdotes, coadjutores e Hijas de María Auxiliadora), recursos y criterios pastorales.
La finalidad de estas misiones se centró en la evangelización y el adoctrinamiento religioso, además de la preservación cultural y la supervivencia de los pueblos originarios.
Ambas misiones funcionaron hasta 1911, año en que vencía el contrato de arriendo de la isla con el gobierno chileno. Las misiones fueron cerradas y parte de su personal y documentación trasladada a la Misión de La Candelaria (Río Grande). Los restos materiales de San Rafael fueron posteriormente declarados Monumento Histórico (2010).

Namuncurá, Ceferino
AR-AHS ARS/BB ISAAR 4.NC · Pessoa singular · 1886 - 1905

Ceferino Namuncurá nació el 26 de agosto de 1886, en las tolderías de Chimpay, Río Negro, hijo del cacique Manuel Namuncurá y Rosario Burgos. Desde su nacimiento vivió plenamente la organización tribal y, mientras permaneció en el territorio, participó de las creencias del pueblo mapuche.
Su padre, cacique mapuche, estaba al frente de las huestes armadas, defendiéndose de la campaña militar del naciente estado nacional. Luego de resistir en forma guerrera y diplomática por años al embate del ejército en la llamada “campaña del desierto”, para evitar que su pueblo sea aniquilado, cedió a la mediación ofrecida por el misionero salesiano Domingo Milanesio. Ofreció rendirse pero pedía garantías en las condiciones de supervivencia para su gente: raciones de comida y un territorio donde permanecer. De esta manera, el 5 de mayo de 1884, en General Roca, presentó su rendición y firmó un acuerdo de paz entre el Ejército Argentino y el pueblo mapuche. En ese acto le fue otorgado el grado de Coronel de la Nación, conservando el título de “Gran Cacique”. Viajó a Buenos Aires para gestionar el otorgamiento de tierras y la ayuda prometida.
Ceferino nació en ese momento de inflexión histórica. Llevó en su sangre la estirpe mapuche. Defendió los derechos y los valores de su pueblo, no desde la confrontación y la violencia, sino abriéndose al diálogo intercultural e integrando elementos de la cultura blanca a su identidad aborigen.
El 24 de diciembre de 1888, fue bautizado por el padre Domingo Milanesio. El hecho consta en el Libro de Bautismos N° 29, folio 127 de la parroquia de Carmen de Patagones. Siendo muy pequeño cayó a un canal del Río Negro y fue arrastrado por la corriente. Su papá lo rescató y el hecho fue considerado por los suyos como un milagro.
Alfredo Namuncurá, uno de sus hermanos, al exponer ante el tribunal eclasiástico de Viedma en 1947, señaló: “durante su niñez se dedicaba a pastorear chivos y ovejas. Todos los días llegaba con un atado de leña que traía desde lejos para ayudar a su mamá. Era muy afectuoso con mamá y con nuestro papá”.
Aunque era un niño, se daba cuenta de la situación de postración y decadencia que vivía su gente. Posiblemente haya escuchado protestar a su padre contra los “huincas” que no cumplían con las promesas que había hecho el gobierno sobre el envío de las raciones de comida. Con intuición sorprendente para sus once años le dijo a su padre: “padre, las cosas no pueden seguir así. Quiero estudiar para ser útil a mi gente”.
Su padre lo escuchó. Viajaron a Buenos Aires. Luego de asesorarse con el Ministro de Guerra y Marina, Manuel Namuncurá lo inscribió en la escuela-taller de la Marina de Tigre, a la que ingresó como aprendiz de carpintería. Sin embargo, cuando fue a despedirse, antes de regresar a Chimpay, Ceferino le dijo que no se sentía bien en ese ambiente y le pidió que lo retirara. Accedió a su pedido.
Buscando asesoramiento recurrió al presidente Dr. Luis Saenz Peña, quien le habló de la acción educativa de los Salesianos. Con su recomendación y recordando a los misioneros que trabajaron por la paz en sus tierras, presentó una solicitud de admisión en el colegio “Pío IX” de Almagro. Ceferino fue aceptado e ingresó el 20 de septiembre de 1897, según consta en el libro Mayor de Estudiantes, en el folio 190.
Nada fue fácil o sencillo para él ni para la institución que lo recibía. Los alumnos pupilos comían y dormían en el colegio “Pío IX”, pero estudiaban enfrente, en el colegio “San Francisco de Sales”. Ceferino puso en juego su tenacidad y esfuerzo para desarrollar sus cualidades, pero era sólo un niño que, al arribar al “mundo de los blancos” no conocía el idioma ni esa cultura tan diferente a la suya. Su condición mapuche e hijo del gran cacique, lo hacían “diferente”.
Inició la escolaridad más tarde que los niños de su edad, pero se adaptó rápidamente y, en pocos meses logró comunicarse en español y escribir con una caligrafía excelente. Era rápido y seguro en matemáticas, estableció buena relación con sus compañeros y superiores. Poseía una voz soprano con la que se destacaba como solista en el coro. Su memoria privilegiada le permitió obtener los primeros puestos en los concursos catequísticos y, por su destreza y habilidad, sobresalió en los juegos y el deporte.
Su escasa preparación intelectual y el desconocimiento de las prácticas escolares hizo que no logre aprobar el primer año, sino hasta rendir los exámenes finales de febrero de 1899. Desde entonces, con perseverancia y capacidad de superación, en los años siguientes, fue accediendo a los primeros puestos hasta aprobar el sexto grado en 1902. Ese fue un año problemático: comenzaron a aparecer los primeros signos de tuberculosis, por lo que a mediados de octubre fue trasladado a Uribelarrea para recuperarse de la enfermedad.
Desde su ingreso en el colegio “Pío IX”, Ceferino demostró un interés poco usual por la formación cristiana. El padre Antonio Costamagna lo preparó para la Primera Comunión que recibió el 8 de septiembre de 1898 y, monseñor Gregorio Romero le confirió la Confirmación el 5 de noviembre del año siguiente. Según se infiere de la profusa correspondencia que estableció con sus superiores y con su familia, se puede decir que en esta etapa comenzó a vivir una profunda espiritualidad y manifestó el deseo de transmitirlo a su pueblo. El padre Luis Pedemonte, al testimoniar en su Causa refirió que en una oportunidad le dijo: “debo salir primero en el certamen porque después tendré que enseñar el catecismo a mis pobres com-paisanos”.
La oportunidad de educarse en el colegio de los Salesianos y atraído por la acción de los misioneros en su tierra, fue despertando el deseo de ser como ellos, sacerdote y misionero. Su padre esperaba que llegara a ser militar o político para defender los derechos de su raza, pero Ceferino, en cambio, eligió otro camino.
En el cuarto año de su estadía en Buenos Aires su salud comenzó a declinar: una tos insistente y resistente a todos los cuidados atacó sus pulmones. Monseñor Cagliero decidió llevarlo a Viedma por tres razones: había creado el colegio para aspirantes al sacerdocio en Patagones. La segunda razón: esperaba que el clima natal pudiera beneficiar a Ceferino y, la tercera, era que allí se encontraba el padre Evasio Garrone que había desarrollado empíricamente un tratamiento para la tuberculosis y confiaba que con él, Ceferino podría sanar.
En el mes de enero, Ceferino se embarcó hacia Viedma. Viajó solo. En el Libro Matriz del colegio “San Francisco de Sales” se registra su llegada, el 15 de enero de 1903. Le correspondió la matrícula N° 299.
En aquellos años reinaba en el colegio un ambiente de confianza, fervor espiritual y afecto recíproco entre todos los integrantes. Se vivía y respiraba un verdadero clima de familia. Por ello, con espíritu de servicio, Ceferino pudo establecer relaciones con otros salesianos, entre ellos, Artémides Zatti, quien lo atendía en la enfermería. La enfermedad siguió implacablemente su curso. El padre Garrone siguió con solicitud la salud de Ceferino.
A pesar de que Ceferino había llegado a Viedma como aspirante salesiano tuvo muchos obstáculos para realizar su vocación: en principio no era hijo biológico de la mujer que su padre legitimó como esposa al convertirse al cristianismo. En aquellos años, esta condición pesaba mucho para ser admitido al sacerdocio. Por otro lado, no pudo conseguir el acta de bautismo, tan necesaria para aspirar a las órdenes sagradas. Pero sin duda, el factor salud, una de las condiciones de aceptación para la Congregación Salesiana, fue determinante. Por todo esto, cuando finalmente sus compañeros partieron hacia el aspirantado salesiano de Patagones, Ceferino se quedó en Viedma.
El 6 de julio de 1904, junto con monseñor Juan Cagliero y el padre Evasio Garrone viajó desde Viedma rumbo a Buenos Aires, para el 19 de julio embarcarse a Europa, sumándose a los Salesianos nominados para el 10° Capítulo General Salesiano.
Monseñor Cagliero se despedía de la Patagonia en la que había actuado como misionero. El diario “La Nueva Provincia” de Bahía Blanca, el 12 de junio de 1904 publicó:
(...) La misión de la congregación salesiana y a la que monseñor Cagliero ha dedicado especial cuidado ha sido la difusión de las ideas cristianas y la elevación por enseñanza en ese mundo indígena oscuro, ignorante, pobre y casi nómade. Entre los indios es donde se palpa la obra redentora del salesiano y, monseñor Cagliero ha querido llevar un recuerdo de la Patagonia al mismo tiempo que exteriorizar un afecto leal, y ha conseguido que el cacique Namuncurá le confíe su hijo menor, un jovencito de 14 años que va a Italia bajo su tutela, a educarse e instruirse.
En cartas enviadas a sus superiores y a su familia, Ceferino dejó constancia de las vivencias que experimentó al descubrir la “tierra santa de don Bosco y el Papa”. Fue recibido por varias personalidades de la vida pública, cultural y eclesiástica que quisieron conocerlo, incluso lo presentaron ante Miguel Rúa, el sucesor de don Bosco. Ceferino no se dejó perturbar por los “homenajes” ni por los “personajes”. Su sencillez y naturalidad quedaron intactas. Participó de la audiencia que el papa concedió a los Capitulares el 27 de septiembre y, al día siguiente, partió hacia Florencia, Bolonia y Milán.
Su ideal misionero seguía presente. En una carta dirigida al padre Esteban Pagliere, el 26 de septiembre de 1904, le manifestó el deseo de quedarse en Roma para estudiar. Volvió a Turín. Fue inscripto en primer año (equivalente al sexto año aprobado en el colegio “Pío IX”) y, con 18 años de edad, tuvo que compartir la clase con chicos de 12 ó 13 años.
La segunda semana de noviembre tomó una semana de vacaciones en Grana, Monferrato y desde allí regresó definitivamente a Roma para seguir estudiando. En Villa Sora, Frascatti, última etapa de su camino en Italia, Ceferino estuvo desde el 21 de noviembre de 1904 hasta el 28 de marzo de 1905.
La tuberculosis había avanzado. A principios de marzo de 1905 ya no pudo asistir a clase. Y el 28 de ese mes fue internado en el hospital Fatebenefratelli.
Monseñor Cagliero le dio los últimos sacramentos y lo acompañó hasta el final. Su hospitalización duró 44 días. Falleció a las seis de la mañana del 11 de mayo de 1905. Sus restos, llevados a Campo Verano (cementerio de Roma) por un pequeño grupo de personas fueron enterrados en una humilde tumba. Colocaron una cruz de madera, con una chapa de cinc que tenía la siguiente inscripción: “Zeffirino Namuncurá de anni 17. M - Roma L´ 11 maggio 1905”.
En 1911 se lanzó la idea de escribir una obra sobre Ceferino, y el Congreso Internacional de exalumnos de don Bosco presentó la moción de introducir la causa de beatificación y canonización. El 6 de mayo de 1915 su cuerpo fue exhumado, reducido y colocado en una urna en el mismo cementerio de Campo Verano en Roma. Se realizaron los trámites de repatriación y el 13 de mayo de 1924 la urna inició el viaje de regreso. Luego de arribar a Buenos Aires, llegaron en tren a la estación de Pedro Luro, y desde allí fue transportada a Fortín Mercedes. Fue depositada en la sacristía del colegio “San Pedro” y luego transportada solemnemente al “Fortín”, preparado especialmente para venerar sus restos.
El 2 de mayo de 1944 se dispuso la apertura del proceso informativo para la causa de beatificación. La segunda guerra mundial impuso una pausa en la causa por lo que el proceso romano se extendió hasta 6 de octubre de 1948. En enero de 1947 se abrió el proceso diocesano informativo en Viedma. Las sesiones apostólicas concluyeron en 1958. El 7 de abril de ese mismo año, se realizó el reconocimiento de los restos en el santuario de María Auxiliadora de Fortín Mercedes. El 22 de junio de 1972, el papa Paulo VI lo declaró Venerable. Sus restos fueron colocados en el bautisterio del santuario.
El 6 de julio de 2007, el papa Benedicto XVI firmó el decreto sobre el milagro de curación instantánea y total de un cáncer de útero de Valeria Herrera, atribuido a la intercesión del venerable Ceferino Namuncurá. La ceremonia de beatificación se realizó el 11 de noviembre de 2007 en la localidad de Chimpay, Río Negro.
Finalmente, solicitado por su familia y por orden del Vaticano, los restos del beato Ceferino Namuncurá fueron trasladados al paraje “San Ignacio”, acceso Ruta 40, Kilómetro 2294, Comunidad Namuncurá, Neuquén.

Obra Salesiana de Ushuaia
Pessoa coletiva · 1904 a la actualidad

La presencia salesiana en Ushuaia se inscribe en el gran proyecto misionero de la Patagonia austral. Aunque los primeros salesianos llegaron a Tierra del Fuego en 1887, la fundación estable en Ushuaia tomó forma recién a comienzos del siglo XX, cuando la ciudad empezaba a consolidarse alrededor del Presidio Nacional (1902) y de los primeros asentamientos civiles.
La Casa Salesiana de Ushuaia se estableció formalmente hacia 1904, con una pequeña comunidad dedicada a la atención pastoral, la catequesis y la educación básica. La capilla y el oratorio funcionaban como centros de encuentro para niños y jóvenes en un contexto social muy frágil, marcado por el clima extremo, la dispersión poblacional y la convivencia entre indígenas selk’nam y yámanas, colonos europeos, marineros y empleados del presidio. Desde 1905 y hasta 1923 el R. P. José Boido fue el cura párroco de Ushuaia y, desde 1912, vicario foráneo del territorio.
Durante las décadas de 1910 y 1920, la casa se consolidó como un punto de referencia espiritual para la población creciente. En 1911, el padre Boido fundó el colegio “Domingo Savio”, que perduraría hasta 1927. Los escasos salesianos que había atendían la parroquia, visitaban familias y acompañaban a los internos del presidio cuando era permitido. La escuela parroquial, aunque modesta, ofrecía alfabetización y formación religiosa en un territorio donde casi no había instituciones educativas estables. El R.P Juan Aliberti, como inspector salesiano, visitó la Casa periódicamente entre 1927 y 1938, comprobando la labor perseverante de los religiosos en la formación espiritual de la parroquia y en las clases de “cultura general de religión” en la época invernal, donde entretenían a los niños con música, juegos y teatro, además de completar la enseñanza recibida en las clases regulares.
En los años 30 y 40, la comunidad salesiana siguió siendo pequeña —a veces apenas dos o tres religiosos—, pero sostenía una intensa vida pastoral: celebraciones, catequesis, misiones en los alrededores y apoyo a las familias recién llegadas. Al mismo tiempo, esta labor comenzó a ser reconocida y a recibir sostén de las autoridades civiles, militares y de la población en general. No obstante, las crónicas describen una vida austera, difícil, pero marcada por la perseverancia: “Semana santa y Pascua pasaron como siempre. De 1080 habitantes no comulgó una docena, no asistieron 50 a la misa pascual (….) no sé si me sacudiré el polvo al salir. Compadezco a mi sucesor” (1940).
Dedicados a la evangelización, los sacerdotes salesianos alcanzaron al último grupo de aborígenes de la etnia yámana que sobrevivía sobre las costas del Canal Beagle: “El padre Torre salió para Navarino con la lancha del penal y puertos cercanos donde piensa estar algunos días con los indios de allí bautizándolos, catequizándolos un poco y formalizando matrimonios” (1945)
Con el cierre del presidio en 1947, debe aclararse que los salesianos actuaron como capellanes, Ushuaia inició un proceso de transformación urbana. La Casa Salesiana acompañó este crecimiento, ampliando su presencia educativa y parroquial. Hacia mediados del siglo XX, la obra ya era un punto estable de referencia para la comunidad católica local. El 19 de julio de 1956 el padre Giori fundó el colegio “san Benito”, que comenzó con tres grados de primaria y una salita de Jardín de Infantes para ir ampliándose posteriormente. En 1979 este colegió cambió de nombre por el de “Don Bosco” y comenzó a funcionar con doble turno.
A lo largo de todo su recorrido, la casa salesiana de Ushuaia dejó un testimonio de servicio silencioso y constante: una misión que sostuvo la fe, la educación y la vida comunitaria en uno de los territorios más australes del mundo.

Obra Salesiana en Puerto Santa Cruz
ISAAR 5.69. · Pessoa coletiva · 1904-1924

La presencia salesiana en Puerto Santa Cruz se reaviva el 15 de mayo de 1904, cuando llegan en el vapor Lovart el prefecto apostólico Mons. José Fagnano, el padre Ludovico Dabrowsky (primer director), el coadjutor Benjamín Motter y las Hermanas de María Auxiliadora: María Gutiérrez (directora), Margarita Álvarez y Adela Alarcón.
Esta llegada marca el inicio de una obra educativa y pastoral estable, con colegio, escuela de niñas y parroquia. Entre 1904 y 1924, la obra salesiana se caracteriza por: Escuela primaria para varones (Salesianos) y escuela para niñas (Hijas de María Auxiliadora); catequesis, oratorio festivo y actividades recreativas. La tarea educativa, siguiendo el espíritu salesiano, trasciende lo escolar: visitas a familias, actividades culturales, apoyo a la vida parroquial y presencia en celebraciones locales, además de viajes a lugares cercanos. En 1908, bajo la dirección del padre José Crema, se inicia la construcción de la nueva iglesia parroquial, según planos del arquitecto salesiano Juan Bernabé. El 14 de septiembre de 1908 monseñor Fagnano bendijo y colocó la piedra fundamental. Cabe afirmar, entonces, que la congregación se dedicó principalmente a la educación de niños y jóvenes.
Como nota distintiva puede decirse que, en el caso de este colegio de Puerto Santa Cruz, se implementó lo dispuesto por el Decreto del 9 de agosto de 1894 que establecía que en los Territorios Nacionales del Sur, mientras no existieran cárceles o asilos adecuados, las mujeres y menores que delinquieran serían entregadas a la custodia de los salesianos. En la década del 30 ingresaron, por disposición del Patronato de Menores o del Juez de Paz, varios niños tanto abandonados como huérfanos, pobres, dementes, de familia numerosa o indígenas. Posteriormente la Congregación no siguió aceptando estos niños debido a que, sugiere Milagros Pierini, las partidas otorgadas por las autoridades nacionales eran muy reducidas y a que el ingreso de niños delincuentes perjudicaba la buena marcha del alumnado.

Obra Salesiana en Río Gallegos
Pessoa coletiva · 1885 a la actualidad

El padre Ángel Savio visitó por primera vez Río Gallegos el 29 de noviembre de 1885. La historia salesiana en Río Gallegos nace casi al mismo tiempo que la ciudad. Cuando en diciembre de 1887 el gobernador Ramón Lista trasladó la capital del Territorio Nacional desde Puerto Santa Cruz, el movimiento no fue solo político: también viajó con él la capellanía y la pequeña escuela del padre José María Beauvoir. En un poblado que apenas comenzaba a levantarse, Beauvoir abrió aulas modestas y sostuvo la educación de los primeros habitantes, aun en medio de tensiones con las autoridades, que llegaron a prohibirle enseñar “en la Capital y en todo el Territorio a su mando”.
En 1889, Beauvoir construyó la primera iglesia de Río Gallegos —y de toda Santa Cruz—, una estructura sencilla de chapa y madera que serviría durante una década. Entre viajes y misiones, recorrió la región y visitó a las familias tehuelches, llevando catequesis y escuela allí donde encontraba vida.
El salto decisivo llegó en 1899. Mons. José Fagnano decidió fundar una Casa Salesiana estable y envió al padre Juan Bernabé con una pequeña comunidad para levantar iglesia, casa y colegio. El trabajo fue arduo: los materiales llegaban en barco cada dos meses y había que custodiar lo descargado en la playa día y noche. Aun así, el 24 de diciembre de ese año se celebró la primera misa en la iglesia, todavía inconclusa. En mayo de 1900, el colegio abrió finalmente sus puertas en su primer edificio propio, íntegramente de madera.
Con el tiempo, la obra creció junto a la ciudad. En 1912 asumió como director el padre José Crema, quien impulsó una transformación profunda. La población aumentaba, la escuela nacional no daba abasto y el colegio recibía cada vez más alumnos. Así nació la idea de un edificio de material, moderno y amplio. La construcción comenzó en 1924 y se extendió casi una década. En 1933 el nuevo edificio estaba terminado, y al año siguiente se inauguraron los dormitorios y el salón de actos. La prensa local lo describía como uno de los edificios más importantes de la ciudad.
La vida salesiana no se limitaba a las aulas. Desde los primeros años funcionó el Oratorio Festivo, con deportes, juegos, música y cine. Los Exploradores de Don Bosco tuvieron presencia intermitente desde 1916, reapareciendo con fuerza en distintas épocas. La obra se convirtió en un punto de referencia para niños y jóvenes, fueran o no alumnos del colegio.
En 1945 la Casa pasó a depender de la Inspectoría San Francisco de Sales, con sede en Buenos Aires. En 1953 se abrió el Nivel Secundario con orientación comercial, ampliando la propuesta educativa. Paralelamente, entre 1952 y 1961 se llevó adelante una importante ampliación edilicia, que incluso alojó temporalmente a la recién creada Diócesis de Río Gallegos.
El 17 de abril de 1971 se inauguró el gimnasio del colegio, que desde entonces se transformó en un corazón cotidiano de actividades juveniles. Décadas más tarde, en 2008, recibiría el nombre del hermano José Saracano, figura emblemática de la casa por su vida dedicada a los jóvenes.
Un nuevo impulso llegó con la dirección del padre Luis García Padrón a partir de 1983. Bajo su liderazgo se restauró la Catedral —cerrada durante años— y se la devolvió a su estado original. La reinauguración coincidió con el centenario de la ciudad, y en 1985 el templo fue declarado Monumento Histórico Nacional. Ese mismo período vio la incorporación de la Informática al colegio, la creación del Jardín de Infantes “Juanito Bosco” y la apertura del Instituto Salesiano de Estudios Superiores (ISES), que formó profesionales en áreas clave para la región.
En 1986 el colegio pasó a la jurisdicción educativa provincial, logrando el aporte estatal completo. Ese año también se adquirió la Chacra Salesiana “Padre Juan Luzovec”, que se convirtió en un espacio esencial para convivencias, retiros y actividades recreativas.
La mirada salesiana hacia los jóvenes más vulnerables tomó forma en 1992 con la apertura de la Escuela Laboral “Domingo Savio”, en el corazón del Barrio del Carmen. Nació con talleres de oficios y luego incorporó niveles primario y secundario. Su edificio fue ampliado en 2008, sumando gimnasio, comedor y nuevos espacios educativos.
Más de un siglo después de aquellos inicios precarios, la Casa Salesiana de Río Gallegos sigue siendo parte viva de la identidad de la ciudad. El documento lo resume con claridad al afirmar que la obra creció gracias “al trabajo incansable de los pioneros y al aporte de muchos otros que vinieron detrás”, formando generaciones de santacruceños bajo el espíritu de Don Bosco: buenos cristianos y honestos ciudadanos.

Obra Salesiana Puerto Deseado
AR-AHS ARS/BB ISAAR 5.41. · Pessoa coletiva · 1926 a la actualidad

La presencia salesiana en Puerto Deseado se inició el 12 de marzo de 1926, cuando los sacerdotes José María Beauvoir (1850-1930) y Félix Stevenne (1887-1933) fundaron la Casa Salesiana San José. La obra nació en un contexto de aislamiento geográfico y fuerte crecimiento portuario, donde la educación y el acompañamiento pastoral eran necesidades urgentes para las familias de la zona.
En sus primeros años, la casa enfrentó dificultades materiales, escasez de recursos y las condiciones climáticas propias de la región. A pesar de ello, los salesianos consolidaron una escuela, un oratorio festivo y una presencia parroquial estable, convirtiéndose en un punto de referencia para niños, jóvenes y trabajadores del puerto. La obra creció gracias al apoyo de la comunidad y al trabajo conjunto con las Hijas de María Auxiliadora, que también desarrollaron tareas educativas y pastorales en la localidad.
A lo largo de las décadas, la Casa San José atravesó cambios institucionales, por ejemplo, en sus comienzos contaba sólo con la sección primaria, únicamente de varones, tanto pupilos como externos, pero entre 1944 y 1947 se desarrolló el Secundario Comercial dando respuesta a los alumnos que concluían 6° grado y querían continuar sus estudios. Esto conllevó a ampliaciones edilicias, reorganización de niveles educativos y la incorporación de nuevas propuestas pastorales. La escuela se fortaleció como espacio formativo y la obra se integró plenamente en la vida social de Puerto Deseado, acompañando generaciones de estudiantes y familias. Desde 1975 y siempre atento a las necesidades juveniles del lugar, el colegio apostó a la coeducación.
Esta “presencia misionera salesiana”, se une a los colegios y presencias que se encuentran en la Ciudad capital de Río Gallegos (Colegio Ntra. Sra. De Luján y Colegio Domingo Savio); y en la ciudad de Caleta Olivia (Colegio san José Obrero). Todos forman parte de la Inspectoría Salesiana “Beato Ceferino Namuncurá” (Argentina Sur – ARS) con Sede en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en el barrio de Almagro.
En el siglo XXI, la casa profundizó su identidad como obra educativo-pastoral, articulando escuela, parroquia y grupos juveniles. Las celebraciones de Don Bosco, María Auxiliadora y Pentecostés se consolidaron como momentos comunitarios significativos. En 2026, la institución inició los festejos por su Centenario, reafirmando su misión de educar y evangelizar según el carisma de Don Bosco.
Hoy, la Casa Salesiana San José continúa activa y es parte de la Obra Salesiana de Puerto Deseado, integrada por la única Parroquia “Nuestra Señora De la Guardia”; Capilla “San Juan Bosco”; Centro comunitario y Capilla “José Koltún”, Batallón 91 de Exploradores “Pablo Barton”; Oratorio; Centro Juvenil y miembros de la Familia Salesiana (Salesianos – Salesianos Cooperadores).

Panaro, Bartolomé
AR-AHS ARS/BB ISAAR 4.PB · Pessoa singular · 1851 - 1918

Bartolomé Panaro nació en Castelletto d'Emo, Alessandria, Italia, el 4 de marzo de 1851. Creció en el ambiente de una familia cristiana. Tuvo alguna experiencia en la milicia que no se puede determinar.
Entró en el oratorio de Turín el 18 de octubre de 1875. Ingresó en el noviciado en 1876 y profesó en la Congregación con los votos perpetuos el 26 de septiembre de 1877. Se sintió llamado a la vida misionera y formó parte de la tercera expedición de misioneros salesianos que don Bosco enviaba a tierras americanas en 1877. El joven Bartolomé partió en compañía de Costamagna, Vespignani y Milanesio.
Trabajó sucesivamente como maestro y asistente en las casas de San Nicolás de los Arroyos, Paysandú y la Boca, donde tuvo como alumno a Luis Pedemonte, luego inspector de la Patagonia, quien dejó testimonio de su paciencia en el trato con los educandos y de su celo por el bien moral y espiritual de los mismos. Mientras trabajaba duro, no mezquinaba tiempo al estudio. Recibió todas las órdenes sagradas en Buenos Aires en 1884, siendo consagrado sacerdote el 22 de enero. Después dio libre curso a sus ansias de apostolado en las misiones. Llegó a la Patagonia cuando monseñor Cagliero trazaba el plan general de evangelización de los indígenas.
Fue compañero de monseñor Fagnano en Carmen de Patagones. Ayudó en la evangelización de los indígenas que poblaban las orillas del río Negro, desde Viedma hasta Chichinales. Acompañó también a monseñor Cagliero en sus largas y riesgosas excursiones apostólicas.
Fue misionero en Chos Malal, capital del territorio del Neuquén desde 1887 y asumió como párroco en 1888. Allí fue compañero del padre Domingo Milanesio, fundador de esa misión. Ambos trabajaban a la par y edificaron la capilla del lugar. Cuando el padre Milanesio dejó Chos Malal, acompañó a Panaro el padre Mateo Gavotto, los dos pasaron el resto de su existencia en esa Misión, haciendo una vida verdaderamente eremítica. La soledad pesaba más sobre ambos misioneros que el duro trabajo. El padre Panaro luchó denodadamente por la evangelización y educación de los indígenas y contra los excesos de los blancos que llegaban para apoderarse de las tierras usurpadas a sus legítimos ocupantes.
Los moradores de aquellos parajes testimonian que el padre Bartolomé Panaro era valiente en el cumplimiento de su misión, también cuando la autoridad suprema del territorio, olvidando las leyes divinas y humanas, obraba a su arbitrio, como sucedió con el Gobernador, por ejemplo. Con una gran capacidad de sacrificio, se sujetó a muchas privaciones para reunir los fondos necesarios con el propósito de dotar de un colegio salesiano a la misión de Chos Malal. A pesar de 30 largos años de empeño para tal fin, el misionero no tuvo el consuelo de ver realizado su deseo.
Hasta el día de hoy, en Chos Malal no ha surgido colegio salesiano alguno.
Este misionero de la Patagonia, con su laboriosidad, difundió la palabra de Dios y visitó las comunidades originarias. Demostró que aquel valle era apto para variados tipos de cultivos, cuando muchos lo consideraban una necedad en aquellas tierras.
En el oasis chosmalense dos cosas eran admiradas: la huerta del misionero, donde crecían todo tipo de verduras y plantas frutales y la humildísima vivienda de los salesianos, un claro testimonio de laboriosidad y pobreza.
El padre Panaro vivía con gran sencillez y bondad. Los pobladores lo llamaban cariñosamente el padre Bartolo: él mismo firmaba así sus comunicaciones.
El deceso del padre Bartolomé Panaro, acaeció el 27 de octubre de 1918, a los 67 años de edad. Fue sepultado en el cementerio de Chos Malal.

AR AHS ARS/BB ISAAR. 10.1. Prefectura Apostólica_01 · Pessoa coletiva · 1883-1916

La Prefectura Apostólica de la Patagonia Meridional, Tierra del Fuego e Islas Malvinas fue erigida por Propaganda Fide el 16 de noviembre de 1883 y finalizó el 4 de octubre de 1916, pocos días después del fallecimiento del Prefecto Apostólico monseñor José Fagnano (1844-1916) quien ocupó el cargo durante todo el período. Comprendía la totalidad de la actual provincia argentina de Santa Cruz, Tierra del Fuego, Islas Malvinas y la región de Magallanes en Chile, aunque no estaba precisado su límite.

La ocupación efectiva se realizó en 1887 cuando Fagnano llegó y fundó la casa de Punta Arenas en Chile. Desde allí, Fagnano decidió las fundaciones de las presencias salesianas. Se instalaron en Chile: en Isla Dawson, la misión de San Rafael (1889) y la misión del Buen Pastor (1898); y Porvenir (1908). Del lado Argentino se fundaron las casas de Río Gallegos (1885), Puerto Stanley (1888), Río Grande (1893), Puerto Santa Cruz (1886), Ushuaia (1905) y Puerto San Julián (1912).

La Prefectura Apostólica finalizó en 1916 y en el mismo año se fundó el Vicariato Apostólico de Magallanes, otra jurisdicción eclesial que administraba el mismo territorio.

Ambas jurisdicciones, eclesiales, tienen la característica de ocupar un territorio binacional: entre Argentina y Chile.

A esta jurisdicción eclesial, se le superpuso la jurisdicción salesiana: es por eso que desde 1902, la prefectura apostólica tomó el nombre de Inspectoría Salesiana de San Miguel y el prefecto apostólico, monseñor Fagnano, también tomó el título de inspector salesiano.

El Prefecto Apostólico visitaba las misiones, proveía a las necesidades existentes, sobre recursos y personal y decidía sobre las problemáticas emergentes.

Rossetti, Carlos
AR-AHS ARS/BB ISAAR 4.RC · Pessoa singular · 1864 - 1921

Carlos Rossetti nació en Chiavasso, Turín, Italia, el 29 de febrero de 1864. Conoció la congregación y a Don Bosco mismo en 1885; y se hizo salesiano coadjutor. En 1889 llegó a la República Argentina formando parte de la décimosexta expedición misionera, y se integró a las misiones de la Patagonia. Hizo su profesión perpetua, el 2 de febrero de 1892.
Su vida misionera transcurrió íntegramente en el Colegio Don Bosco de Bahía Blanca, donde simultáneamente al oficio de sacristán, añadía el de enfermero, ropero, despensero, recadero... un verdadero factótumn; esas tareas las cumplía con exactitud y a satisfacción de salesianos y extraños, conquistándose el afecto de todos. Fue siempre atento, humilde, servicial, y se desvivía para atender a los hermanos salesianos que llegaban a Bahía Blanca, particularmente con ocasión de los Ejercicios Espirituales.
Atendía a los salesianos y alumnos enfermos, con exquisita caridad. Frugal y breve en sus comidas. Siempre estaba presente en los recreos para asistir a los alumnos.
Rossetti había venido a las misiones como familiar del vicario apostólico, pero la escasez de personal hizo que Cagliero se privase de su compañía para proveer a la fundación de la obra salesiana de Bahía Blanca.
Con paciencia soportó los dolores que le acarreaba un tumor maligno en el estómago. A fines del mes de octubre de 1920 fue trasladado al hospital San José de Viedma para una mejor atención. Allí, los hermanos Artémides Zatti y Augusto Rébola lo atendieron durante los cinco meses que permaneció internado; ambos lo admiraban como modelo de enfermo paciente y resignado a la voluntad de Dios. Falleció el 20 de marzo de 1921 a los 57 años de edad, 33 de profesión religiosa y 33 de vida misionera.