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ISAAR 5.69. · Corporate body · 1904-1924

La presencia salesiana en Puerto Santa Cruz se reaviva el 15 de mayo de 1904, cuando llegan en el vapor Lovart el prefecto apostólico Mons. José Fagnano, el padre Ludovico Dabrowsky (primer director), el coadjutor Benjamín Motter y las Hermanas de María Auxiliadora: María Gutiérrez (directora), Margarita Álvarez y Adela Alarcón.
Esta llegada marca el inicio de una obra educativa y pastoral estable, con colegio, escuela de niñas y parroquia. Entre 1904 y 1924, la obra salesiana se caracteriza por: Escuela primaria para varones (Salesianos) y escuela para niñas (Hijas de María Auxiliadora); catequesis, oratorio festivo y actividades recreativas. La tarea educativa, siguiendo el espíritu salesiano, trasciende lo escolar: visitas a familias, actividades culturales, apoyo a la vida parroquial y presencia en celebraciones locales, además de viajes a lugares cercanos. En 1908, bajo la dirección del padre José Crema, se inicia la construcción de la nueva iglesia parroquial, según planos del arquitecto salesiano Juan Bernabé. El 14 de septiembre de 1908 monseñor Fagnano bendijo y colocó la piedra fundamental. Cabe afirmar, entonces, que la congregación se dedicó principalmente a la educación de niños y jóvenes.
Como nota distintiva puede decirse que, en el caso de este colegio de Puerto Santa Cruz, se implementó lo dispuesto por el Decreto del 9 de agosto de 1894 que establecía que en los Territorios Nacionales del Sur, mientras no existieran cárceles o asilos adecuados, las mujeres y menores que delinquieran serían entregadas a la custodia de los salesianos. En la década del 30 ingresaron, por disposición del Patronato de Menores o del Juez de Paz, varios niños tanto abandonados como huérfanos, pobres, dementes, de familia numerosa o indígenas. Posteriormente la Congregación no siguió aceptando estos niños debido a que, sugiere Milagros Pierini, las partidas otorgadas por las autoridades nacionales eran muy reducidas y a que el ingreso de niños delincuentes perjudicaba la buena marcha del alumnado.

Obra Salesiana de Ushuaia
Corporate body · 1904 a la actualidad

La presencia salesiana en Ushuaia se inscribe en el gran proyecto misionero de la Patagonia austral. Aunque los primeros salesianos llegaron a Tierra del Fuego en 1887, la fundación estable en Ushuaia tomó forma recién a comienzos del siglo XX, cuando la ciudad empezaba a consolidarse alrededor del Presidio Nacional (1902) y de los primeros asentamientos civiles.
La Casa Salesiana de Ushuaia se estableció formalmente hacia 1904, con una pequeña comunidad dedicada a la atención pastoral, la catequesis y la educación básica. La capilla y el oratorio funcionaban como centros de encuentro para niños y jóvenes en un contexto social muy frágil, marcado por el clima extremo, la dispersión poblacional y la convivencia entre indígenas selk’nam y yámanas, colonos europeos, marineros y empleados del presidio. Desde 1905 y hasta 1923 el R. P. José Boido fue el cura párroco de Ushuaia y, desde 1912, vicario foráneo del territorio.
Durante las décadas de 1910 y 1920, la casa se consolidó como un punto de referencia espiritual para la población creciente. En 1911, el padre Boido fundó el colegio “Domingo Savio”, que perduraría hasta 1927. Los escasos salesianos que había atendían la parroquia, visitaban familias y acompañaban a los internos del presidio cuando era permitido. La escuela parroquial, aunque modesta, ofrecía alfabetización y formación religiosa en un territorio donde casi no había instituciones educativas estables. El R.P Juan Aliberti, como inspector salesiano, visitó la Casa periódicamente entre 1927 y 1938, comprobando la labor perseverante de los religiosos en la formación espiritual de la parroquia y en las clases de “cultura general de religión” en la época invernal, donde entretenían a los niños con música, juegos y teatro, además de completar la enseñanza recibida en las clases regulares.
En los años 30 y 40, la comunidad salesiana siguió siendo pequeña —a veces apenas dos o tres religiosos—, pero sostenía una intensa vida pastoral: celebraciones, catequesis, misiones en los alrededores y apoyo a las familias recién llegadas. Al mismo tiempo, esta labor comenzó a ser reconocida y a recibir sostén de las autoridades civiles, militares y de la población en general. No obstante, las crónicas describen una vida austera, difícil, pero marcada por la perseverancia: “Semana santa y Pascua pasaron como siempre. De 1080 habitantes no comulgó una docena, no asistieron 50 a la misa pascual (….) no sé si me sacudiré el polvo al salir. Compadezco a mi sucesor” (1940).
Dedicados a la evangelización, los sacerdotes salesianos alcanzaron al último grupo de aborígenes de la etnia yámana que sobrevivía sobre las costas del Canal Beagle: “El padre Torre salió para Navarino con la lancha del penal y puertos cercanos donde piensa estar algunos días con los indios de allí bautizándolos, catequizándolos un poco y formalizando matrimonios” (1945)
Con el cierre del presidio en 1947, debe aclararse que los salesianos actuaron como capellanes, Ushuaia inició un proceso de transformación urbana. La Casa Salesiana acompañó este crecimiento, ampliando su presencia educativa y parroquial. Hacia mediados del siglo XX, la obra ya era un punto estable de referencia para la comunidad católica local. El 19 de julio de 1956 el padre Giori fundó el colegio “san Benito”, que comenzó con tres grados de primaria y una salita de Jardín de Infantes para ir ampliándose posteriormente. En 1979 este colegió cambió de nombre por el de “Don Bosco” y comenzó a funcionar con doble turno.
A lo largo de todo su recorrido, la casa salesiana de Ushuaia dejó un testimonio de servicio silencioso y constante: una misión que sostuvo la fe, la educación y la vida comunitaria en uno de los territorios más australes del mundo.

Namuncurá, Ceferino
AR-AHS ARS/BB ISAAR 4.NC · Person · 1886 - 1905

Ceferino Namuncurá nació el 26 de agosto de 1886, en las tolderías de Chimpay, Río Negro, hijo del cacique Manuel Namuncurá y Rosario Burgos. Desde su nacimiento vivió plenamente la organización tribal y, mientras permaneció en el territorio, participó de las creencias del pueblo mapuche.
Su padre, cacique mapuche, estaba al frente de las huestes armadas, defendiéndose de la campaña militar del naciente estado nacional. Luego de resistir en forma guerrera y diplomática por años al embate del ejército en la llamada “campaña del desierto”, para evitar que su pueblo sea aniquilado, cedió a la mediación ofrecida por el misionero salesiano Domingo Milanesio. Ofreció rendirse pero pedía garantías en las condiciones de supervivencia para su gente: raciones de comida y un territorio donde permanecer. De esta manera, el 5 de mayo de 1884, en General Roca, presentó su rendición y firmó un acuerdo de paz entre el Ejército Argentino y el pueblo mapuche. En ese acto le fue otorgado el grado de Coronel de la Nación, conservando el título de “Gran Cacique”. Viajó a Buenos Aires para gestionar el otorgamiento de tierras y la ayuda prometida.
Ceferino nació en ese momento de inflexión histórica. Llevó en su sangre la estirpe mapuche. Defendió los derechos y los valores de su pueblo, no desde la confrontación y la violencia, sino abriéndose al diálogo intercultural e integrando elementos de la cultura blanca a su identidad aborigen.
El 24 de diciembre de 1888, fue bautizado por el padre Domingo Milanesio. El hecho consta en el Libro de Bautismos N° 29, folio 127 de la parroquia de Carmen de Patagones. Siendo muy pequeño cayó a un canal del Río Negro y fue arrastrado por la corriente. Su papá lo rescató y el hecho fue considerado por los suyos como un milagro.
Alfredo Namuncurá, uno de sus hermanos, al exponer ante el tribunal eclasiástico de Viedma en 1947, señaló: “durante su niñez se dedicaba a pastorear chivos y ovejas. Todos los días llegaba con un atado de leña que traía desde lejos para ayudar a su mamá. Era muy afectuoso con mamá y con nuestro papá”.
Aunque era un niño, se daba cuenta de la situación de postración y decadencia que vivía su gente. Posiblemente haya escuchado protestar a su padre contra los “huincas” que no cumplían con las promesas que había hecho el gobierno sobre el envío de las raciones de comida. Con intuición sorprendente para sus once años le dijo a su padre: “padre, las cosas no pueden seguir así. Quiero estudiar para ser útil a mi gente”.
Su padre lo escuchó. Viajaron a Buenos Aires. Luego de asesorarse con el Ministro de Guerra y Marina, Manuel Namuncurá lo inscribió en la escuela-taller de la Marina de Tigre, a la que ingresó como aprendiz de carpintería. Sin embargo, cuando fue a despedirse, antes de regresar a Chimpay, Ceferino le dijo que no se sentía bien en ese ambiente y le pidió que lo retirara. Accedió a su pedido.
Buscando asesoramiento recurrió al presidente Dr. Luis Saenz Peña, quien le habló de la acción educativa de los Salesianos. Con su recomendación y recordando a los misioneros que trabajaron por la paz en sus tierras, presentó una solicitud de admisión en el colegio “Pío IX” de Almagro. Ceferino fue aceptado e ingresó el 20 de septiembre de 1897, según consta en el libro Mayor de Estudiantes, en el folio 190.
Nada fue fácil o sencillo para él ni para la institución que lo recibía. Los alumnos pupilos comían y dormían en el colegio “Pío IX”, pero estudiaban enfrente, en el colegio “San Francisco de Sales”. Ceferino puso en juego su tenacidad y esfuerzo para desarrollar sus cualidades, pero era sólo un niño que, al arribar al “mundo de los blancos” no conocía el idioma ni esa cultura tan diferente a la suya. Su condición mapuche e hijo del gran cacique, lo hacían “diferente”.
Inició la escolaridad más tarde que los niños de su edad, pero se adaptó rápidamente y, en pocos meses logró comunicarse en español y escribir con una caligrafía excelente. Era rápido y seguro en matemáticas, estableció buena relación con sus compañeros y superiores. Poseía una voz soprano con la que se destacaba como solista en el coro. Su memoria privilegiada le permitió obtener los primeros puestos en los concursos catequísticos y, por su destreza y habilidad, sobresalió en los juegos y el deporte.
Su escasa preparación intelectual y el desconocimiento de las prácticas escolares hizo que no logre aprobar el primer año, sino hasta rendir los exámenes finales de febrero de 1899. Desde entonces, con perseverancia y capacidad de superación, en los años siguientes, fue accediendo a los primeros puestos hasta aprobar el sexto grado en 1902. Ese fue un año problemático: comenzaron a aparecer los primeros signos de tuberculosis, por lo que a mediados de octubre fue trasladado a Uribelarrea para recuperarse de la enfermedad.
Desde su ingreso en el colegio “Pío IX”, Ceferino demostró un interés poco usual por la formación cristiana. El padre Antonio Costamagna lo preparó para la Primera Comunión que recibió el 8 de septiembre de 1898 y, monseñor Gregorio Romero le confirió la Confirmación el 5 de noviembre del año siguiente. Según se infiere de la profusa correspondencia que estableció con sus superiores y con su familia, se puede decir que en esta etapa comenzó a vivir una profunda espiritualidad y manifestó el deseo de transmitirlo a su pueblo. El padre Luis Pedemonte, al testimoniar en su Causa refirió que en una oportunidad le dijo: “debo salir primero en el certamen porque después tendré que enseñar el catecismo a mis pobres com-paisanos”.
La oportunidad de educarse en el colegio de los Salesianos y atraído por la acción de los misioneros en su tierra, fue despertando el deseo de ser como ellos, sacerdote y misionero. Su padre esperaba que llegara a ser militar o político para defender los derechos de su raza, pero Ceferino, en cambio, eligió otro camino.
En el cuarto año de su estadía en Buenos Aires su salud comenzó a declinar: una tos insistente y resistente a todos los cuidados atacó sus pulmones. Monseñor Cagliero decidió llevarlo a Viedma por tres razones: había creado el colegio para aspirantes al sacerdocio en Patagones. La segunda razón: esperaba que el clima natal pudiera beneficiar a Ceferino y, la tercera, era que allí se encontraba el padre Evasio Garrone que había desarrollado empíricamente un tratamiento para la tuberculosis y confiaba que con él, Ceferino podría sanar.
En el mes de enero, Ceferino se embarcó hacia Viedma. Viajó solo. En el Libro Matriz del colegio “San Francisco de Sales” se registra su llegada, el 15 de enero de 1903. Le correspondió la matrícula N° 299.
En aquellos años reinaba en el colegio un ambiente de confianza, fervor espiritual y afecto recíproco entre todos los integrantes. Se vivía y respiraba un verdadero clima de familia. Por ello, con espíritu de servicio, Ceferino pudo establecer relaciones con otros salesianos, entre ellos, Artémides Zatti, quien lo atendía en la enfermería. La enfermedad siguió implacablemente su curso. El padre Garrone siguió con solicitud la salud de Ceferino.
A pesar de que Ceferino había llegado a Viedma como aspirante salesiano tuvo muchos obstáculos para realizar su vocación: en principio no era hijo biológico de la mujer que su padre legitimó como esposa al convertirse al cristianismo. En aquellos años, esta condición pesaba mucho para ser admitido al sacerdocio. Por otro lado, no pudo conseguir el acta de bautismo, tan necesaria para aspirar a las órdenes sagradas. Pero sin duda, el factor salud, una de las condiciones de aceptación para la Congregación Salesiana, fue determinante. Por todo esto, cuando finalmente sus compañeros partieron hacia el aspirantado salesiano de Patagones, Ceferino se quedó en Viedma.
El 6 de julio de 1904, junto con monseñor Juan Cagliero y el padre Evasio Garrone viajó desde Viedma rumbo a Buenos Aires, para el 19 de julio embarcarse a Europa, sumándose a los Salesianos nominados para el 10° Capítulo General Salesiano.
Monseñor Cagliero se despedía de la Patagonia en la que había actuado como misionero. El diario “La Nueva Provincia” de Bahía Blanca, el 12 de junio de 1904 publicó:
(...) La misión de la congregación salesiana y a la que monseñor Cagliero ha dedicado especial cuidado ha sido la difusión de las ideas cristianas y la elevación por enseñanza en ese mundo indígena oscuro, ignorante, pobre y casi nómade. Entre los indios es donde se palpa la obra redentora del salesiano y, monseñor Cagliero ha querido llevar un recuerdo de la Patagonia al mismo tiempo que exteriorizar un afecto leal, y ha conseguido que el cacique Namuncurá le confíe su hijo menor, un jovencito de 14 años que va a Italia bajo su tutela, a educarse e instruirse.
En cartas enviadas a sus superiores y a su familia, Ceferino dejó constancia de las vivencias que experimentó al descubrir la “tierra santa de don Bosco y el Papa”. Fue recibido por varias personalidades de la vida pública, cultural y eclesiástica que quisieron conocerlo, incluso lo presentaron ante Miguel Rúa, el sucesor de don Bosco. Ceferino no se dejó perturbar por los “homenajes” ni por los “personajes”. Su sencillez y naturalidad quedaron intactas. Participó de la audiencia que el papa concedió a los Capitulares el 27 de septiembre y, al día siguiente, partió hacia Florencia, Bolonia y Milán.
Su ideal misionero seguía presente. En una carta dirigida al padre Esteban Pagliere, el 26 de septiembre de 1904, le manifestó el deseo de quedarse en Roma para estudiar. Volvió a Turín. Fue inscripto en primer año (equivalente al sexto año aprobado en el colegio “Pío IX”) y, con 18 años de edad, tuvo que compartir la clase con chicos de 12 ó 13 años.
La segunda semana de noviembre tomó una semana de vacaciones en Grana, Monferrato y desde allí regresó definitivamente a Roma para seguir estudiando. En Villa Sora, Frascatti, última etapa de su camino en Italia, Ceferino estuvo desde el 21 de noviembre de 1904 hasta el 28 de marzo de 1905.
La tuberculosis había avanzado. A principios de marzo de 1905 ya no pudo asistir a clase. Y el 28 de ese mes fue internado en el hospital Fatebenefratelli.
Monseñor Cagliero le dio los últimos sacramentos y lo acompañó hasta el final. Su hospitalización duró 44 días. Falleció a las seis de la mañana del 11 de mayo de 1905. Sus restos, llevados a Campo Verano (cementerio de Roma) por un pequeño grupo de personas fueron enterrados en una humilde tumba. Colocaron una cruz de madera, con una chapa de cinc que tenía la siguiente inscripción: “Zeffirino Namuncurá de anni 17. M - Roma L´ 11 maggio 1905”.
En 1911 se lanzó la idea de escribir una obra sobre Ceferino, y el Congreso Internacional de exalumnos de don Bosco presentó la moción de introducir la causa de beatificación y canonización. El 6 de mayo de 1915 su cuerpo fue exhumado, reducido y colocado en una urna en el mismo cementerio de Campo Verano en Roma. Se realizaron los trámites de repatriación y el 13 de mayo de 1924 la urna inició el viaje de regreso. Luego de arribar a Buenos Aires, llegaron en tren a la estación de Pedro Luro, y desde allí fue transportada a Fortín Mercedes. Fue depositada en la sacristía del colegio “San Pedro” y luego transportada solemnemente al “Fortín”, preparado especialmente para venerar sus restos.
El 2 de mayo de 1944 se dispuso la apertura del proceso informativo para la causa de beatificación. La segunda guerra mundial impuso una pausa en la causa por lo que el proceso romano se extendió hasta 6 de octubre de 1948. En enero de 1947 se abrió el proceso diocesano informativo en Viedma. Las sesiones apostólicas concluyeron en 1958. El 7 de abril de ese mismo año, se realizó el reconocimiento de los restos en el santuario de María Auxiliadora de Fortín Mercedes. El 22 de junio de 1972, el papa Paulo VI lo declaró Venerable. Sus restos fueron colocados en el bautisterio del santuario.
El 6 de julio de 2007, el papa Benedicto XVI firmó el decreto sobre el milagro de curación instantánea y total de un cáncer de útero de Valeria Herrera, atribuido a la intercesión del venerable Ceferino Namuncurá. La ceremonia de beatificación se realizó el 11 de noviembre de 2007 en la localidad de Chimpay, Río Negro.
Finalmente, solicitado por su familia y por orden del Vaticano, los restos del beato Ceferino Namuncurá fueron trasladados al paraje “San Ignacio”, acceso Ruta 40, Kilómetro 2294, Comunidad Namuncurá, Neuquén.

AR AHS ARS/BB ISAAR 5.68 · Corporate body · 1889-1911

Las misiones salesianas de San Rafael (fundada en 1889) y Buen Pastor (fundada en 1898) formaron parte del proyecto evangelizador impulsado por el prefecto apostólico José Fagnano, cuyo accionar en la región magallánica ha sido ampliamente documentado en El capitán bueno (Motto, 2017). Ambas misiones se ubicaron en el sector sur de Isla Dawson, en el estrecho de Magallanes, y funcionaron como centros de reducción, catequesis y reorganización espacial de los pueblos originarios selknam, haush y alacalufes, en un contexto de drástica disminución demográfica producto de la colonización ganadera y la violencia asociada a la ocupación de Tierra del Fuego.
La Misión San Rafael fue establecida con el objetivo de recibir a grupos indígenas trasladados hacia la isla. Su funcionamiento se organizó bajo el modelo de reducción indígena, con énfasis en la instrucción religiosa, la alfabetización básica y la sedentarización. Se fundó un aserradero y se formó a los originarios en el oficio para que pudieran insertarse en el mercado laboral. Las condiciones de hacinamiento, la ruptura de los modos de vida tradicionales y la exposición a enfermedades respiratorias y contagiosas contribuyeron a una elevada mortalidad dentro del establecimiento.
La Misión Buen Pastor, fundada en 1898, se integró al mismo esquema organizativo. Durante sus primeros años no contó con un director formalmente designado. Recién en 1901 se nombró vicedirector al sacerdote Luis Carnino, y en 1902 actuó como confesor el Padre José Crema, proveniente de la Misión San Rafael. Estos nombramientos consolidaron la articulación administrativa entre ambas misiones, que compartían personal (sacerdotes, coadjutores e Hijas de María Auxiliadora), recursos y criterios pastorales.
La finalidad de estas misiones se centró en la evangelización y el adoctrinamiento religioso, además de la preservación cultural y la supervivencia de los pueblos originarios.
Ambas misiones funcionaron hasta 1911, año en que vencía el contrato de arriendo de la isla con el gobierno chileno. Las misiones fueron cerradas y parte de su personal y documentación trasladada a la Misión de La Candelaria (Río Grande). Los restos materiales de San Rafael fueron posteriormente declarados Monumento Histórico (2010).

AR AHS ARS/BB ISAAR. 5.46. Misión Nuestra Señora de la Candelaria. Río Grande. · Corporate body · 1893 a la actualidad

La misión se fundó el 13 de junio de 1893. En 1886 Fagnano había presenciado la matanza al pueblo Selk'nam en manos del capitán Ramón Lista, mientras participaba de la expedición científico militar que lo llevaría hasta Punta Arenas, sede de la Prefectura Apostólica. Decidió entonces fundar en las proximidades del Río Grande una misión en favor del pueblo selk´nam, para protegerlos del genicidio al que estaban siendo sometidos.
Se necesitaron tres emplazamientos hasta llegar al definitivo: el primero fue Barrancos Negros, Puerto Golondrina. Se fundó el 11 de noviembre de 1893, pero allí la tierra era anegadiza, de modo que se trasladaron a la segunda ubicación a dos kilómetros y medio, en “Los Chorrillos”, pero la misión que ya tenía dos capillas, la casa de los salesianos, la casa de las Hijas de María Auxiliadora, anchos corredores para los recreos, salones dormitorios, salones de clases, talleres, comedores... se incendió, el 12 de diciembre de 1896. Durante un año las hermanas durmieron en las casitas que habían construído para las indias y los salesianos en un cobertizo utilizado para guardar objetos.
En Cabo Domingo se realizó la tercera y definitiva instalación, inaugurada el 6 de noviembre de 1897. Las construcciones se realizaron todas por separado, para poder contener el fuego, en caso de que volviera a suceder.
La vida cotidiana en la misión: salían a pasear salesianos y originarios, los niños tenían clases, las mujeres asistían a talleres para aprender a hilar y tejer con las hermanas, los hombres acompañaban a los salesianos en el trabajo del campo, y al final del día, cada familia construía su toldo en los terrenos de la misión para alojarse. Los salesianos faenaban una vaca por día para alimentar a los 350 indios que frecuentaban los terrenos de la misión.
Eran abastecidos económicamente por los barcos que enviaba Fagnano desde Punta Arenas: la goleta María Auxiliadora y el vapor Torino. También compraron lanares, en 1897 para que los originarios se aprendieran a criarlos y pudieran usarlos para su manutención. En 1912, se comenzó a pagar a los originarios por su trabajo de crianceros, esquiladores y pastores de ovejas.
En las crónicas, los salesianos todas las semanas hacían una lista de los trabajos realizados, entre los que incluyen: arreglar los alambrados, contar y enfardar cueros y lanas, el marcado de los animales, atender la ropa, recoger y cortar leña (para ellos y las hermanas) cortar turba, atender al comedor, la ración, componer zapatos, cortarle las uñas a los caballos, trabajar en la huerta, atender a los enfermos, el cuidado y mantenimiento de la casa, hacer muebles, reparar el piso, forrar con papel el comedor, hacer las ventanas, etc.
También se registra en las crónicas las muertes de los originarios: su nombre, su edad, el parentezco y la causa.
Mucho esfuerzo hicieron los salesianos para poder obtener los terrenos, ya que para comprarlos debían ocuparlos y eso dispersó a la comunidad: los salesianos vivían solos, en viviendas precarias, uno o dos en cada terreno. Finalmente los lograron escriturar en 1913. Pero en 1914 fueron vendidos por ser acusados de latifundistas a la Sociedad Menéndez Behety. En 1934 el padre Aliberti logró comprar 2464 hectáreas con la intención de formar la escuela agrícola que fue oficializada en 1946 y que aún funciona.

Milanesio, Domingo
AR-AHS ARS/BB ISAAR 4.MD · Person · 1843 - 1922

Domingo Milanesio nació en Settimo Torinese, Italia, el 18 de agosto de 1843, pasó su infancia trabajando en la huerta y haciendo canastas. A los 23 años se presentó a Don Bosco y le dijo que quería ser misionero, fue admitido como aspirante y profesó como salesiano en 1869, a los 26 años, en Trofarello. Con mucho empeño completó en poco tiempo los estudios para el sacerdocio. La consagración sacerdotal le fue conferida el 20 de diciembre de 1873 en Albenga. Trabajó como director del Oratorio Festivo de Valdocco.
En 1877, a los 34 años, formando parte de la tercera expedición misionera, dirigida por Costamagna, el padre Domingo Milanesio llegó a América. Pasó 3 años en la Boca del Riachuelo, Buenos Aires, allí sufrió la agresión de un apóstata de la fe cristiana, que puso en peligro su vida: fue herido de gravedad por un feroz golpe en la cabeza.
Monseñor Mariano Antonio Espinosa, vicario del arzobispo de Buenos Aires, creó en el año 1880 la parroquia de Viedma, que juntamente con las difíciles misiones de la Patagonia, fue encomendada a los salesianos. El primer párroco fue el padre Domingo Milanesio. Su jurisdicción abarcaba 800.000 kilómetros cuadrados. Su cargo duró sólo 3 años, en mayo de 1883 asumió Beauvoir.
En 1883, Milanesio comenzó a explorar, a caballo, el Neuquén y la Cordillera de los Andes. Visitaba las chozas de los indígenas para predicar el Evangelio, impartir sacramentos a las tribus y aliviar su mucha miseria. Alentaba a los colonos blancos a perseverar en la fe de sus antepasados. Cruzó al menos, en veinticinco oportunidades, las altas y peligrosas cimas de la cordillera de los Andes en busca de personal salesiano y medios econónicos para sostener la obra misionera. Visitó Chile en 1886, siendo el primer salesiano que pisó tierra chilena.
Milanesio estudió y logró hablar mapuzungun en 1885. Escribió catecismos y léxicos en lengua originaria. Valoraba los momentos de encuentro con los indígenas para aprender su lengua y hacer extensas anotaciones. Su método, lo humanizó poniéndose “a la par” en un ida y vuelta, en una suerte de alfabetización mutua.
El padre Raúl Entraigas dijo:
El padre Domingo Milanesio; italiano él, se encargó en soledad de descifrar el idioma de los aborígenes, ordenar alfabéticamente los vocablos, usos de armas, herramientas; la interpretación de gestos, sonidos guturales, sistematizó la región con dibujos y mapas, al final publicó, en 1915, un libro denominado: ‘Etimología araucana. Idiomas comparados de la Patagonia. Lecturas y Frasario Araucano’.
Fue mediador en la capitulación del cacique Manuel Namuncurá desde 1881 hasta 1884. El 12 de enero de 1883 el comandante Rufino Ortega escribió al gobierno nacional: “Namuncurá escapó de caer en poder del mayor O’Donnel”. Milanesio intervino: se entrevistó con embajadores del cacique y le envió una carta con fecha del 20 de abril de 1883 donde aprueba la decisión de “tratar la paz con las autoridades militares”.
Ante el problema de la posesión de las tierras para los pueblos originarios, propuso y gestionó un proyecto superador al modelo de reducciones: sugería una colonización agrícola en base a colonias mixtas, ofreciendo espacios de organización donde pudieran convivir criollos, inmigrantes e indígenas; espacios de contacto interétnico o entre grupos de diferente procedencia.
Esta idea entró en colisión directa con el modelo latifundista y ganadero impulsado desde el Estado Argentino. Por eso, a pesar de su astucia e inteligencia para buscar formas de inclusión, chocó con la indolencia de un Estado que no tenía conocimiento, ni interés en la realidad indígena.
Su experiencia de misionero itinerante durante 30 años le permitió conocer la realidad y expresarla. El proceso de invisibilización de los pueblos indígenas estaba en acto. El religioso veía que se vendían indiscriminadamente los terrenos para cubrir necesidades fiscales del Estado, como si no hubiera gente en ellas. Esto producía la concentración de la propiedad de la tierra en pocas manos y generaba un vaciamiento de la población existente en la Patagonia. “Se reemplazan personas por vacas”, decía el padre Milanesio.
En una, de sus cartas pide:
(...) que se le reconozca el derecho como primeros ocupantes de tierras fiscales, derechos a los que se han hecho acreedores por sus trabajos, aunque rudos, en el ramo de agricultura y ganadería. Es cierto que con sus pequeños ensayos han descubierto miles y miles de lugarcitos en donde producen las legumbres, pastos domésticos, hortalizas, etcétera. Ellos han sabido elegir el retazo de tierra más abrigado y de mejor clima y han señalado con eso la ruta que debe seguir el agricultor en mayor escala. Todo esto no tiene mérito?
Su objetivo siempre fue evangelizar y eligió un modo de hacerlo: aprender de la cultura, hablar el idioma y respetar la manera de vivir de los habitantes del lugar.
En 1886 y 1887 cruzó la cordillera de los Andes y visitó Chile junto con Cagliero.
El 24 de diciembre de 1888, en Chimpay, bautizó al hijo del cacique Namuncurá: Ceferino. En 1889 estuvo en Choele Choel. En 1890 se inaugura la misión de Bahía Blanca, Milanesio llega en mayo. Toma contacto con el hermano Rosetti. En sus misiones por la colonia Tornquist, La Vitícola, Sierra de la Ventana, Napostá, y el curso del Sauce Chico llevó al niño Esandi, quien luego sería el primer obispo salesiano. En 1890 en Viedma visitó a los reclusos.
En 1894 fundó la obra salesiana de Junín de los Andes y en 1897 viajó a Chile para recaudar fondos y traer las primeras misioneras para que se hicieran cargo, en Junín de los Andes, de un asilo para indiecitos y niñas pobres.
La libertad y la vida de este intrépido misionero estuvieron en peligro muchas veces. Supo llarmar la atención a los que abusaban de su autoridad en detrimento de los paisanos e indígenas, y por ello, tuvo que soportar la prisión.
El misionero no agradaba al gobernador de Río Negro, el general Lorenzo Vintter, y mientras estaba misionando en Choele Choel, una orden militar lo obligó a galopar casi 400 kilómetros hasta Viedma y quedó detenido. El padre José Fagnano logró liberarlo y lo "exilió" a Buenos Aires, hasta julio de 1885.
El padre Milanesio sufrió otra prisión en Chos Malal, detenido arbitrariamente del 1 de septiembre hasta 22 de noviembre de 1887 por el gobernador del Neuquén, el coronel Manuel José Olascoaga, que trataba de obtener dinero del misionero con la excusa de construir una capilla. Ya se había guardado en su bolsillo 20.000 pesos que le habían sido remitidos desde la Capital Federal para su construcción. Recuperada la libertad, el misionero construyó los caminos para traer los postes y otros materiales para la construcción de la capilla de Chos Malal, ésta se inauguró el 8 de diciembre de 1888.
Desde 1902 y hasta 1906 se encuentra en ltalia y en México, buscando fondos para las misiones.
En 1913 realizó sus últimas excursiones prolongadas. Resentida su salud, vio grandemente disminuida su posibilidad de acción. Se retiró a Viedma el año 1914, afectado de un reumatismo, un año después lo enviaron al Colegio Pío IX de Buenos Aires.
En 1920, se retiró al estudiantado de Bernal donde terminaría sus días. Sin embargo, no olvidó a los pueblos indígenas de la Patagonia. Por ellos siguió llevando adelante ingentes gestiones ante el Estado para lograr la propiedad de las tierras que ocupaban y defender sus derechos. Ese mismo año predicó en mapuzungun en una misa que se llevó a cabo en la Basílica de San Carlos y María Auxiliadora, con motivo del primer Congreso Nacional Indígena en el que tomaron parte delegados y caciques de distintas agrupaciones. En ese congreso se fundó la Asociación Nacional de Aborígenes (ANA) y tuvo repercusión en el Bolettino Salesiano, en su edición de noviembre de 1920.
Trabajó hasta el final de sus días, redactando sus memorias. Murió en Bernal, el 19 de noviembre de 1922, a los 79 años de edad, 49 de sacerdocio y 53 de profesión religiosa. Los restos mortales del “Patiru Domingo”, como lo llamaban los originarios, reposan en el templo parroquial Nuestra Señora de las Nieves de Junín de los Andes.

Migone, Mario
AR-AHS ARS/BB ISAAR 4.MM · Person · 1863 - 1937

Mario Luis Migone nació en Montevideo, Uruguay, el 13 de diciembre de 1863. Fue la primera vocación y el primer sacerdote salesiano de América Latina. Cuando ingresó en el colegio Pío IX de Villa Colón, solo tres comunidades salesianas existían en América: San Nicolás de los Arroyos de Buenos Aires y Villa Colón de Uruguay.
Ingresó el año 1877 en el colegio Pío IX. Dejó sus tierras y puso pie en Buenos Aires como aspirante a la vida salesiana.
Realizó un viaje a Europa en compañía de sus padres. Al visitar el Oratorio de Turín con su progenitor, don Bosco invitó a ambos a sentarse a su mesa, esta distinción incitó aún más al joven uruguayo a seguir su vocación salesiana.
Grandes salesianos intervinieron en su formación cultural y religiosa: monseñor Luis Lasagna; monseñor Santiago Costamagna; monseñor Juan Cagliero, monseñor José Fagnano y don Rúa.
Finalizados sus estudios secundarios ingresó en el noviciado, mientras trabajaba en el Boletín Salesiano, editado en castellano, como corrector y redactor. Ya desde 1881 era asistente de los aspirantes y ayudante del padre José Vespignani. Profesó el 27 de enero de 1882. Siendo estudiante de teología, se ocupaba también de la traducción de los artículos del Boletín Salesiano italiano para publicarlos en la edición nacional.
Cuando monseñor Cagliero regresó de Chile, en 1887, lo consagró sacerdote. Elegido secretario de monseñor Cagliero, pasó 3 años en Viedma, desempeñando al mismo tiempo el cargo de director espiritual de los alumnos del colegio San Francisco de Sales.
Cuando se estableció la Prefectura Apostólica, las Islas Malvinas quedaron a cargo de los salesianos. Entre 1889 y 1891, no habiendo otro salesiano que supiese hablar inglés para acompañar al padre Patricio Diamond, monseñor Cagliero envió a Migone a las Malvinas. No pudo soportar los grandes fríos... se le hincharon los pies y las manos de tal manera que apenas podía celebrar la misa. Cagliero lo hizo retornar y lo nombró provicario y director de Viedma.
En 1892 acompañó a Cagliero en la visita a la casa de Concepción, Chile. Al retornar, pasó por la ciudad de Punta Arenas y visitó la Isla Dawson, donde monseñor Fagnano había fundado la floreciente misión San Rafael para evangelizar a los kawéskar y selk’nam.
Cagliero le asignó ser director de Patagones o de las Malvinas, Migone eligió las Malvinas. Paulatinamente se fue habituando al lugar, considerado por otros como de destierro. Vivía feliz y deseaba quedarse hasta la muerte. Pero pronto le cambiaron los planes. La Congregación acababa de aceptar la dirección del colegio “El Patrocinio de San José" de Santiago, Chile. Monseñor Santiago Costamagna necesitaba un director y Migone fue elegido para el cargo.
Desplegó una actividad multifacética: organizó la educación católica de la capital malvinense y fue concentrando poco a poco la misión en la propuesta de las Hijas de María Auxiliadora, que llegaron a las islas de su mano, en 1907.
Escribió sus memorias, publicadas en Buenos Aires en 1948: “Treinta y tres años de vida malvinera”, intenta ser una demostración científica de la soberanía argentina sobre las islas. En él se lee: “De las conversaciones con el gobernador de Malvinas salí convencido de que el mentado derecho inglés no tenía más apoyo que la fuerza”. Y escribió también una biografía de Fagnano “Un héroe de la Patagonia. Apuntes biográficos de José María Fagnano”, publicado en el Colegio Pío IX de Buenos Aires en 1933. En este libro denuncia, entre otros atropellos, el rapto de las mujeres originarias para el servicio doméstico y sexual, por parte de los blancos criollos o extranjeros.
Sacerdote de vasta cultura, además del castellano, hablaba y escribía el inglés, el francés, el italiano y el alemán.
El cine, primero y único en Puerto Stanley por mucho tiempo, fue creación del padre Migone. Él lo cuenta así:
El gasto era grande, porque incluía la adquisición de maquinaria eléctrica para la producción de esa luz que aún no existía en la Colonia. En aquellos tiempos, los jóvenes tenían pocos medios de distracción, y ese hecho contribuía a que se reunieran en las casas de bebida para pasar el tiempo, expuestos a la adquisición de malos hábitos...
Escritor y fiel observador de la realidad, el padre Migone expresó libremente su opinión respecto de la soberanía de las islas, sin tapujos y defendiendo la causa argentina, aún siendo de origen uruguayo. En su libro “Treinta y tres años de vida malvinera” escribió:
Debo confesar que aún antes de tener ideas propias sobre el litigio, mis simpatías se inclinaban en favor de la Argentina. Me movía a ello su ecuanimidad y paciente tolerancia, que se daba por satisfecha protestando continuamente contra el hecho consumado, en contraposición a la arrogancia inglesa, que mira y miró siempre con desdén lo que califica de pretensiones argentinas.
Sus siete últimos años de vida fueron de tribulación por una enfermedad que exigía diariamente dolorosas curaciones. En medio de aquella soledad tuvo el consuelo de verse amado por católicos y protestantes, que se alternaban para asistirlo. Lo estimaban las autoridades, los trabajadores, los marineros... y lo reconocían como un hombre santo.
Celebró sus bodas de oro sacerdotales en el mes de junio de 1937. Murió en Puerto Argentino, Islas Malvinas, el 1 de noviembre de 1937 a los 74 años de edad.
Su sepelio fue un homenaje de todos los pobladores de las Malvinas, incluidas las autoridades civiles, que ya en vida de Migone le habían dedicado una calle como ciudadano benemérito. Sus restos descansan en el cementerio de Puerto Argentino que él mismo había construido.

Genghini, Zacarías
AR-AHS ARS/BB ISAAR 4.GZ · Person · 1870 - 1945

Zacarías Genghini nació en Coriano, Forlí, Italia, el 25 de marzo de 1870. A los doce años de edad quedó huérfano de padre, y al difundirse en su tierra natal la fama de don Bosco, entró como alumno interno en San Benigno Canavese, el 11 de marzo de 1882 en calidad de artesano. A principios de 1885 y hasta 1888 ingresa en el Oratorio de Turín como estudiante donde conoció a Don Bosco.
En 1889 viajó a América como misionero en compañía de monseñor Cagliero. Estuvo un mes en Buenos Aires, desde donde pasó a Carmen de Patagones como maestro y asistente hasta el mes de febrero de 1893. Desde marzo de ese año y hasta mayo de 1895 trabajó en Viedma. Se preparó para el sacerdocio y para la misión entre los indígenas de la Patagonia. A fines de 1894 sufrió una grave enfermedad y monseñor Cagliero le confirió el orden del presbiterado para darle el consuelo de morir como sacerdote. Era el 10 de febrero de 1895. Su salud mejoró y comenzó su vida de misionero.
En el mes de mayo de 1895 fue destinado a Pringles, Río Negro, donde permaneció hasta marzo de 1898. A partir de esa fecha y hasta fines de 1899 se desempeñó como vicario parroquial en Carmen de Patagones.
En el mes de febrero de 1900 llegó a Junín de los Andes como misionero ambulante. Zacarías se convirtió en hombre sano y robusto. Montó a caballo con destreza y visitó choza tras choza de los indígenas, habló correctamente el mapudungun y trató con familiaridad a los indígenas, que lo estimaron y amaron como a uno de ellos. Se encontró innumerables veces con los caciques Cotaro, Namuncurá, Sayhueque. El padre Zacarías visitó los valles del Neuquén, del río Negro, el Nahuel Huapi, EI Bolsón, Los Copahues, el lago Lácar, el volcán Lanín.
En 1906, el padre Esteban Pagliere le encargó la construcción de la capilla "La Inmaculada" de San Carlos de Bariloche, toda en madera, cuya piedra fundamental bendijo el misionero en el mes de febrero de 1907, y ya en agosto estaba concluida.
Desde marzo de 1909 hasta marzo de 1910 desempeñó el cargo de director espiritual y luego de administrador, del colegio Don Bosco de Bahía Blanca. A fines de marzo de 1910 pasó a Viedma, hasta mayo de 1911.
A principios de junio de 1911 pasó nuevamente a Junín de los Andes hasta fines de 1924. Bendijo la piedra fundamental de la capilla "San José" de San Martín de los Andes que el padre Pedro Bonacina, director de Junín de los Andes, inauguró el 19 de marzo de 1922.
En 1925 fue administrador de la escuela agrícola San Isidro de Viedma.
En 1926 con ocasión de la exposición salesiana en Europa viajó a Italia para volver a encontrarse con sus familiares y conocidos.
Vuelto a la Argentina, reinició sus actividades supliendo al director de Bariloche hasta el mes de agosto del año 1927, para luego volver a su viejo y querido Junín de los Andes, donde concluyó su vida misionera desde agosto del mencionado año hasta septiembre de 1933. Este último año, a causa del gran frío reinante en la cordillera se vio materialmente imposibilitado de continuar la vida de misionero ambulante por una llaga en el pié.
Se internó en el hospital "San José" de Viedma, alternando su estadía entre el nosocomio y el colegio San Francisco de Sales. A pesar de los cuidados, la llaga empeoró, dificultándole cada vez más su andar.
No obstante, continuó trabajando desde el confesionario, la predicación y la enseñanza del catecismo a los niños de primera comunión. Mientras tanto, la enfermedad progresaba inexorablemente y le hacía cada vez más penoso el movimiento. Pudo festejar sus bodas de oro sacerdotales.
Murió en Viedma, Argentina, el 1° de noviembre de 1945, a los 75 años de edad, 56 de profesión religiosa y 50 de sacerdocio.

Gavoto, Mateo
AR-AHS ARS/BB ISAAR 4.GM · Person · 1848 - 1922

Mateo Gavotto nació en Rocoatorte, Mondovi, Italia, el 14 de septiembre de 1848. Desde 1880 trabajaba como empleado en la casa salesiana de San Benigno en el cultivo de la viña y el cuidado de la bodega. Era apreciado como hombre alegre, piadoso y diligente trabajador.
Don Bosco, ya anciano, en una visita a San Benigno, dijo al verlo: "Será sacerdote". Inició los estudios en horas nocturnas, mientras de día continuaba atendiendo la viña y la bodega.
El 10 de octubre de 1885 hizo la profesión religiosa con los votos perpetuos. En 1889, el 21 de diciembre, fue ordenado sacerdote, y partió para tierras argentinas. El destino fijado fue la nueva obra de General Roca, donde llegó a caballo costeando el caudaloso río Negro. Pero el misionero que debía ir a Chos Malal enfermó, y su lugar fue ocupado por el padre Gavotto, que se hizo presente como personal de la pobre casa de esa localidad neuquina fundada por Milanesio y Panaro hacía tres años.
A los pies de la cordillera de los Andes, el padre Mateo Gavotto misionó durante 33 años en esa región. No olvidó ningún paraje ni rancho, diseminados en la inmensa zona de su apostolado de 60.000 kilómetros cuadrados.
Trabajador infatigable, era para blancos e indígenas del noroeste neuquino, el padre solícito que acudia presuroso para socorrerlos en sus necesidades. El "padrecito Mateo" era siempre esperado y bienvenido como amigo. Su ayudante era el coadjutor Serafín Sambernardo. Los parajes que visitaron eran: El Roblecillo, en Baños de Molina, Coyamuela, Malbar, Los Menucos, Tricao Malal, Barrancas, Buta Ranquil, Lentue, Ovunco, El Cholar, La Fragua, Pichinire, Cullincó, Las Ovejas, Andacollo.
En marzo de 1921 ocupó el cargo de director de Chos Malal, pero por breve tiempo; a instancias suyas, fue exonerado del mismo para continuar sus andanzas misioneras. Fue un hombre obediente y caritativo, de gran delicadeza en el trato y de cordial hospitalidad. El padre Pedro Ricaldone, con ocasión de su visita extraordinaria a Chos Malal, quedó gratamente impresionado y conmovido por las atenciones recibidas a pesar de la pobreza verdaderamente franciscana en que vivían aquellos salesianos. Dijo de Gavotto: "Condiciones intelectuales más bien escasas. Buen criterio. Excelente en lo moral".
A su muerte, la comarca entera se conmovió, y desde todas las laderas de la cordillera descendieron sus moradores para rendir tributo al amigo y padre. Murió el 29 de julio de 1922 y sus restos mortales reposan junto a los del padre Bartolomé Panaro en el cementerio de Chos Malal.

Garrone, Evasio
AR-AHS ARS/BB ISAAR 4.GE · Person · 1861 - 1911

Evasio Garrone nació el 1 de diciembre de 1861, en un pequeño pueblo ubicado en las colinas de Monferrato, Italia, llamado Grana. Hijo de Pedro Garrone y Olimpia Maggiora, transcurrió su infancia y adolescencia acompañándolos en los trabajos de la granja y en las tareas agrícolas del Piamonte.
Tenía diecisiete años cuando, el 14 de agosto de 1878, ingresó al Oratorio Salesiano de Turín. El trabajo en el campo y en el pequeño negocio que tenía su padre no le había permitido estudiar. Por eso, la novedosa vida cotidiana del Oratorio y la atención dispensada por el mismo don Bosco, consolidaron en él sus deseos de ser sacerdote. Según los testimonios manifestados en la causa de canonización de don Bosco, Evasio, fue testigo y destinatario de los dones proféticos y místicos de don Bosco.
Para cumplir con el servicio militar obligatorio, el 6 de enero de 1882, ingresó al Regimiento 14° de Infantería en Catanzaro, Calabria. Ese mismo año, fue llamado a Turín para prestar servicio en una Compañía de Sanidad del Hospital Militar en el área de enfermería del 5° Regimiento de Alpinos. Durante el tiempo que estuvo en el ejército estudió todo lo relativo a la medicina. Rindió exámenes de competencia ante el Consejo Sanitario de la ciudad de Turín y se perfeccionó en la ciencia médica, con tal aplicación que le confiaron la dirección interna del Hospital Militar de Susa.
Cumplidos los deberes con su patria volvió al Oratorio. Ingresó al noviciado de “San Benigno de Canavese” e hizo su primera profesión religiosa el 11 de octubre de 1885 en manos de don Bosco y la profesión perpetua el 3 de octubre de 1886.
En 1889, junto a un numeroso grupo de salesianos, se embarcó como misionero hacia Argentina. Los acompañaba Monseñor Juan Cagliero, que regresaba a la Patagonia por tercera vez. Cagliero fue quien el 12 de mayo de 1889 lo ordenó sacerdote en Carmen de Patagones junto a otros cuatro compañeros.
El 15 de junio se integró como personal del colegio “San Francisco de Sales” en Viedma. A partir de entonces, además del ejercicio sacerdotal, dedicó todas sus fuerzas a socorrer a los enfermos, conquistando la estima y reconocimiento de los pobladores de Viedma, Patagones y de todo el extenso territorio de Río Negro. En las crónicas del Colegio “San José” de Patagones del 29 de junio, se lee: “El farmacéutico sacerdote salesiano don Garrone, comienza a practicar excelentes curaciones en el pueblo”. Y poco después, monseñor Cagliero, escribió a Don Rúa: "la habilidad de nuestro don Garrone y sus remedios son de una eficacia maravillosa”.
No había hospital ni aistencia pública en Viedma, Patagones, ni en toda la zona, por lo que monseñor Cagliero comenzó a pensar en fundar un hospital salesiano. Fue así que bajo la guía y dirección del padre Evasio Garrone, nacieron casi inmediatamente dos instituciones de suma necesidad: el hospital “San José”, asistido por las hermanas de María Auxiliadora y la farmacia “San Francisco de Sales”.
Los testimonios de la época dan cuenta de las curaciones que realizaba no sólo a la gente sencilla, sino también a militares de alta jerarquía y a familias distinguidas en ambas márgenes del Río Negro. Esto le valió el mote de “padre Dotor”.
La valiosa obra del médico misionero fue uno de los factores más eficaces para llevar a cabo la evangelización de la Patagonia. Para socorrer a los enfermos recorría a caballo centenares de kilómetros hasta Pringles (hoy Guardia Mitre), General Conesa, Río Colorado, Cubanea, China Muerta, San Javier...
Como fruto de su experiencia inventó medicamentos para los salesianos, que luego fueron reconocidos y aprobados por médicos, como específicos y muy eficaces contra la tuberculosis, la neurastenia y otros males de la época.
En 1902, enfermo de tuberculosis, llegó a Viedma Artémides Zatti. Él mismo dio testimonio de que su curación fue dada por la intervención del padre Garrone. De él aprendió la ciencia médica y lo sucedió en la dirección del hospital. Y un año más tarde, en enero de 1903, recibió a Ceferino Namuncurá, también afectado de tuberculosis.
Es necesario destacar que el padre Garrone por ejercer la medicina en forma gratuita, padeció la persecución originada por celos profesionales y por intrigas sectarias y antirreligiosas que, hasta llegaron a contratar sicarios, para quitarle la vida.
Estas oposiciones sirvieron para confirmar y extender la acción benéfica y la fama del “padre doctor”. En varias oportunidades, se elevaron peticiones y testimonios a las autoridades nacionales avaladas por millares de firmas dejando en claro la pericia médica del misionero, su asidua y desinteresada asistencia a los enfermos y las ayudas gratuitas en el suministro de medicamentos y alimentos que oportunamente se distribuían.
El 6 de julio de 1904, partió hacia Italia donde se realizaba el Capítulo General en Roma. Acompañaba a monseñor Cagliero y a Ceferino Namuncurá. Regresó a Turín, donde además de revivir sus orígenes tuvo la oportunidad de sanar al sucesor de don Bosco, don Miguel Rúa. En su pueblo natal fue recibido con honores y gratitud. La comuna lo condecoró con una medalla y un diploma de honor. Algunos superiores le pidieron que se quedara en Italia, pero regresó a Viedma, donde cada vez era más necesaria su labor.
En 1908 una nueva amenaza de retirarle la autorización de ejercer la medicina, sumado al cansancio por exceso de trabajo, resintieron su salud. Comenzó a experimentar una somnolencia invencible y, en proximidades de las celebraciones navideñas de 1910, fue afectado por una grave neumonía.
Mientras permanecía en cama, un movimiento popular testimoniaba su gratitud, declarando que a él le debían su salud y la de sus seres queridos. El mismo gobernador del entonces territorio de Río Negro, el ingeniero Carlos Gallardo, el 24 de diciembre de 1910, se constituía en intérprete del pueblo ante el ministro del Interior de la República Argentina en los siguientes términos:
Pocas veces se ha presentado un caso como el presente, en el que el gobernador del territorio pide al Señor Ministro, se haga una excepción en la aplicación de la ley que regula el ejercicio de la medicina; pero pocas veces, o quizá ninguna se tratará de una instancia más atendible que la presente, que se refiere a un sacerdote que durante ya hace casi un cuarto de siglo dedica su saber y todas sus energías a socorrer y aliviar las penas y los dolores físicos de los pobres habitantes de estas regiones, prodigando a su prójimo todo su amor. Las informaciones que he recogido me permiten asegurar que, tanto en el pasado como en el presente, el padre Garrone ha empleado su ciencia con la prudencia de un sabio y con el desinterés de un apóstol, y que, si quisiera prohibírsele el ejercicio de la medicina, se presentaría un verdadero problema no sólo de orden moral, sino también material, que esta gobernación no encontraría modo de resolver, a no ser que dispusiese de fuertes y extraordinarias ayudas.
Esta carta, acompañada de otros pedidos de asociaciones, magistrados y médicos y, corroborada por más de mil firmas de todo el territorio, llegó a Buenos Aires juntamente con la triste noticia de la muerte del misionero, el 8 de enero de 1911. Tenía 49 años de edad, 22 de sacerdocio y 25 de profesión religiosa.
Un artístico monumento en el cementerio de la ciudad de Viedma perpetúa su memoria, y una calle de la ciudad, lleva su nombre.